Fútbol: UD Las Palmas

Ramírez, contra viento y marea: «Subiremos a Primera División»

13/02/2019

El presidente, optimista incorregible, se sobrepone a los números y al mal momento del equipo y piensa en un final exitoso de campaña que permita cumplir con el gran objetivo.

Contra viento y marea sigue confiando Miguel Ángel Ramírez en que la UD estará la temporada que viene en Primera División. «Ascenderemos», asegura cada vez que le preguntan por el equipo pese a sus malos números y rendimiento decadente. El presidente, que se declara optimista incorregible, no pierde la esperanza de un final de campaña exitoso y plagado de buenos resultados que permita estar en las posiciones de privilegio. Le vale a Ramírez clasificarse para la promoción de ascenso porque en, este cara y cruz, su fe es «máxima» en la plantilla. De hecho, jugarse la plaza en la máxima categoría en eliminatorias le trae buenos recuerdos, a cuenta de lo ocurrido en 2015. Y, remontándose más atrás, en su primer ascenso, de Segunda B a Segunda en 2006, el camino también incluyó emparejamientos decisivos en esa lucha.

Ramírez es el primero en hacer autocrítica a cuenta de la irregular temporada que está protagonizando la UD. En algunas de sus comparecencias públicas ha expresado su disconformidad con la marcha del equipo y han sido varias las ocasiones en las que ha pedido a los jugadores un ejercicio de responsabilidad en el propósito de mejorar sus prestaciones. Pero ni las decepciones acumuladas merman las previsiones inmejorables del mandatario, que ve margen de maniobra para recuperar el terreno perdido y avanzar como se debe en la clasificación. Además, percibe que no hay rivales que estén marcando las diferencias, ya que todos, sin excepción, se dejan puntos jornada a jornada, lo que alimenta el pálpito de que enlazando dos o tres victorias el panorama en la tabla cambiará ostensiblemente.

Así se lo ha trasladado al cuerpo técnico, con Paco Herrera al frente y a salvo de debates sucesorios, y también a los jugadores, consciente, eso sí, de que la reacción no se puede demorar más. Un triunfo en los últimos catorce encuentros ha terminado por dilapidar el margen de error de una UD que, a ojos de su presidente, sigue dependiendo de sí misma siempre y cuando se meta en faena.

Siempre cerca de la plantilla, sensible a sus vaivenes emocionales, el presidente espera que todos mantengan el convencimiento de que hay tiempo, de que es posible. Comprende el desencanto que hay en una parte mayoritaria de la afición, pero sigue considerando clave que el respetable aporte el empuje necesario para impulsar a unos futbolistas que, en su opinión, acabarán tirando para arriba.

Es tal su certidumbre al respecto que no hay planteamiento alguno sobre la continuidad de Paco Herrera y la valía de un vestuario por el que sigue apostando sin interrogante alguno. Y así lo pregona en público y en privado, siempre huyendo de previsiones sombrías y agarrado a las dieciesiete jornadas que quedan por disputar. Demasiados puntos, entiende, para darse por vencido.

En sus charlas de vestuario ha percibido justamente lo que quería: ganas de revancha de profesionales dolidos por no haber estado a la altura de lo esperado. Ahí les pellizca Miguel Ángel Ramírez, en el amor propio, en el orgullo competitivo, en el nervio temperamental, confiado, como está, en que les suene el despertador y comiencen a ganar y ganar sin parar, la receta que hará posible el vaticinio presidencial.

De momento, el domingo llega el Sporting, test fiable e irrenunciable dadas las urgencias que ya forman parte del día a día del equipo. Cualquier esperanza de resurrección pasa por alicatar los tres puntos y sembrar para lo que viene. La competición impone luces cortas. Más allá es equivocarse.

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