Justa recompensa a la constancia

15/07/2017
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Rayco Ramírez, presidente del Gáldar, no olvida situaciones vividas tiempo atrás y que ayudan a dimensionar lo conseguido. «Hace cuatro años iban a vernos no más de veinte personas. Ahora arrastramos guaguas enteras y hasta compitiendo fuera, como cuando fuimos a Tetir, la gente está volcada con nosotros. Por encima de los títulos que tenemos, y que suponen un orgullo tremendo, la gran conquista de la que presumimos es la de haber recuperado a la afición en un municipio que siempre fue cuna de la lucha canaria y que tiene 142 años de tradición en este deporte», asegura emocionado el dirigente. Ramírez ha vivido en carne propia «tiempos muy duros» en los que la incertidumbre e indiferencia hizo peligrar la viabilidad del club. Ahora no para de recibir llamadas de felicitación, loas a su gestión, reverencias por un modelo en el que, sin descuidar la cantera, con una escuelita «que no para de crecer», se ha compatibilizado con la consecución de objetivos que parecían impensables.

«Estoy muy orgulloso de los luchadores, de nuestro mandador, de los canteranos, de toda la gente que pone su granito de arena en el Gáldar, de la magnífica hinchada que tenemos. Estos triunfos van por ellos. El viernes, tras ganar la última final del calendario al Maninidra, rival al que felicito, recordé a todos que, antes de saltar a la arena, les había dicho que pasara lo que pasara iba a seguir presumiendo de tener a los mejores. Ahora, con otra copa más, me quedo sin palabras para expresar todo lo que llevo dentro», añade.

Dirigente visceral, al que se pudo ver encalando en los entretiempos, acercándose a sus sillas para animar al personal o pidiendo, brazos abiertos, más intensidad al sector de la afición que le correspondía, el éxito no le ciega. «A todos les toca descansar menos a mí. Porque desde el primer minuto después de la conclusión de la final ya estoy buscando nuevas fórmulas para conseguir más dinero y patrocinios. De ninguna manera podemos quedarnos aquí», advierte el que, en su juventud, hizo sus pinitos en el Marmolejo.

Desde su posición de privilegio, Rayco Ramírez confía en que la consolidación del Gáldar, que va en paralelo también a la recuperación de muchos escudos históricos, contribuya a que el deporte vernáculo termine por certificar su recuperación. «Lo más importante, por encima de los colores, es la lucha. Tenemos una competición preciosa, los terreros siempre tienen mucho ambiente y hay gente saliendo de la base. Entre todos estamos sembrando», finaliza satisfecho.