Carlos Sainz y Lando Norris, pilotos de McLaren. / EP

Análisis

McLaren se acostumbra a ser clase media-alta

Sainz y Norris mantienen la buena estela mostrada en la temporada 2019 y aprovechan las dudas de Ferrari para ser agitadores del 'top 10'

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO Madrid

Cualquier deporte se puede convertir en una gigantesca metáfora de la sociedad. En la Fórmula 1 están muy marcadas las clases sociales y sus ansias por llegar a la primera. Existen los acomodados ricos, los burgueses y los obreros, cada una de las tres con sus zonas grises y sus subgéneros que se podrían diferenciar.

Mercedes es, claramente, lo que se podría asociar a la clase alta. Ricos de sangre vieja que supieron recuperar su fortuna en la era híbrida, actualmente solo un error propio puede hacer saltar la banca y evitar que sigan día a día en los primeros puestos. Lleva pasando más de un lustro y hasta que no haya el gran cambio normativo de 2022 seguirán ahí, mal que les pese a algunos.

Tras ellos se puede colocar perfectamente a Red Bull, arribistas que supieron tener su momento de gloria pero que sucumbieron a los envites del mercado. Aún con una gran fortaleza, estarán ahí para menear el mercado a la espera de que sus inversiones no les hagan sino volver a asaltar la cima.

Ferrari es el claro ejemplo de aristócratas venidos a menos. Tambaleándose desde hace muchos años en los resbaladizos pasillos de sus castillos, la Scuderia pasa ahora por una época claramente valle, en la que mil y un pecados pasados y presentes les está costando de nuevo estar señalados por prensa, público y rivales. Si fueran una casa señorial española, sin duda serían los Alba, grandes entre grandes y respetados por generaciones como los grandes terratenientes. El choque entre Leclerc y Vettel en Estiria es síntoma de una enfermedad más propia a la hemofilia que solía azotar a las familias de grandes pelucones, jubones de seda y mil y criados de tiempos noventaiochistas, pero sin un mendrugo de pan del día que echarse a la boca.

McLaren ha sabido esquivar este camino. Una familia con enjundia y viejas glorias pasadas, caída en desgracia actualmente y que poco a poco vuelve a escalar en el difícil camino a los grandes salones. A base de trabajo, talento y sobre todo gracias a una férrea convicción de que solo ellos iban a poder salir del pozo, han logrado asentarse de nuevo en una zona relativamente cómoda. De ser viejos caballeros quijotescos han pasado a lucir gran premio tras gran premio las mejores virtudes de un equipo viejo que ha rejuvenecido.

Norris y Sainz, nueva generación de nobles

Muchos cambios sociales en la historia de la humanidad han venido acompañados de los cambios generacionales. En la Fórmula 1 ha ocurrido lo mismo, y McLaren es el ejemplo perfecto. Mientras Ferrari se mantiene aferrada a sus viejos vicios (nadie entiende que Mattia Binotto, gran técnico pero pésimo gestor de recursos, siga al frente), en Woking han ido renovando a sus responsables para colocar a nuevos salvadores.

De la época de Ron Dennis no queda mucho. La salida del viejo mecánico trajo consigo la entrada de Zak Brown, un carrerista que supo cómo y dónde debía mover al personal y que, aquí está el gran cambio, ha sabido rodearse de grandes talentos a su lado. Además, y esto no es fácil, ha sabido hacerse a un lado para dejar a Andreas Seidl hacerse con los mandos del barco. A veces, es mejor un gran capitán que un buen almirante, como quedó demostrado en Trafalgar hace casi dos siglos.

Lando Norris y Carlos Sainz han encajado como un guante en esta filosofía. Desde que en 2019 decidieran meter a dos novatos en su equipo (que no en la F1, en el caso del español), McLaren ha ido recuperando el viejo lustre. Cada vez son más protagonistas, y en este 2020 han comenzado de una manera brillante, con el dicharachero Norris mucho mejor que el futuro piloto de Ferrari. El joven inglés lleva un podio, un quinto y dos carreras en las que ha sido protagonista por unos finales épicos. El español, algo más desafortunado, ha encajado con buen ánimo verse detrás de su compañero, aunque no se puede esquivar que la mala suerte el domingo le privó de algo mucho más importante.

Cumplido ya un 20% de la temporada anunciada, que no será la temporada total, McLaren se asienta en una zona media-alta de esa minisociedad que es la Fórmula 1. Mientras Racing Point se arriesga a ser excluido por ser una clara copia de Mercedes (inventar es copiar bien, dicen algunos) y a Ferrari su endogamia la engulle, la escuadra de Woking ha sabido dónde y cómo debe actuar. Con sus errores y pasos atrás, que los tiene (la estrategia de Sainz en el GP de Estiria no fue acertada, más allá del propio fallo en boxes) y los tendrá (hay serias dudas acerca de sus evoluciones), pase lo que pase en Hungría en la tercera carrera consecutiva de este año, McLaren puede sentirse aprobada en este tardío arranque de campeonato.