Carlos Sainz y Charles Leclerc, en el circuito de Montecarlo. / reuters

GP de Mónaco

Ferrari da el primer golpe a Red Bull

Leclerc y Sainz copan la primera fila de la carrera monegasca tras una clasificación que acabó con susto por accidente de Pérez y el madrileño.

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO Madrid

Si el GP de Mónaco empieza los sábados, se puede decir que el primer gol de esta suerte de partido lo marcó Ferrari. Y por toda la escuadra: sus dos pilotos saldrán primero y segundo en un trazado donde adelantar es una quimera, por lo que solo tienen que hacer una buena salida y resistir. Charles Leclerc tratará de acabar con la maldición que le persigue en su casa. Nunca ha acabado ninguna carrera de las disputadas desde que está en Fórmula 1, y para ello marcó una colosal pole que dejó sin palabras a todos, aunque se vio beneficiado a 30 segundos del final, cuando Sergio Pérez perdió la trasera de su coche a la entrada del túnel y se estrelló. Carlos Sainz, que venía detrás, no pudo evitarle y la consecuencia fue una bandera roja que impidió mejorar a Max Verstappen, que llegaba en un buen tiempo, y al propio Leclerc, que apuntaba a bajar su tiempo de 1:11.3 y atornillar aún más su pole.

Durante toda la sesión se comprobó que iba a ser una clasificación que se iba a decidir en los últimos instantes. La progresiva mejoría de la pista hizo que cada piloto sacara lo mejor de sí para lograr sus objetivos, con los Ferrari y Red Bull luchando por la pole, evidentemente. El riesgo de tocarse con un muro se vio pronto: Yuki Tsunoda provocó una exagerada bandera roja tras un pinchazo, lo que obligó a retrasar ligeramente la disputa de la Q1.

Aunque la pole fue para Leclerc, este fin de semana es una oportunidad de oro para Carlos Sainz, que ya fue segundo aquí en 2021. Si el madrileño sale bien y tiene suerte y tino, puede lograr un resultado memorable e incluso, quién sabe, su primera victoria. Si hay un sitio para reivindicarse, ese es el Principado.

Para Fernando Alonso este GP de Mónaco será especial. No porque, como para todos, estuviese con un ojo en París para ver lo que ocurriese en la final de la Champions League -muy comentada fue la foto de Guanyu Zhou marcándose un Alaba silla en mano para desear suerte al Real Madrid-, sino porque irónicamente esta prueba puede ser una final para él mismo.

Alonso ha llegado a la séptima carrera del año entre dudas. Lo que parecía un hecho prácticamente burocrático, la firma de su renovación, se ha convertido en un bache que puede acabar con el español fuera de la Fórmula 1. Así de radical y duro. En Alpine los mensajes son de todo menos tranquilizadores, porque hablan de buscar una solución para el español y para el probador Oscar Piastri, pero solo tienen un coche disponible, toda vez que Esteban Ocon estará tranquilo hasta 2024.

Salir desde la séptima posición no es, evidentemente, el lugar óptimo para pelear por la victoria o el podio ni mucho menos en un circuito como el de Montecarlo. Sin embargo, y pese a que lo hizo con sufrimiento, Alonso llegó a la Q3 y eso ya es cumplir con el objetivo que estaba planteado antes de esta carrera. Después del pésimo sábado en Barcelona, no se podía permitir otro error aquí.

Alonso cuajó una clasificación muy fiable que casi se queda en una muy pobre. El corte de la Q2 a la Q3 lo cumplió por la mínima, con un décimo puesto que habría sido undécimo de no ser porque Valtteri Bottas cometió un oportuno error que le impidió mejorar. Sea como fuere, Alonso está a las puertas de un domingo que puede ser su mejor resultado del año. No es el objetivo soñado, pero si logra acabar por delante de Esteban Ocon será una reivindicación perfecta después de días de rumores ante unos jefes que no temen levantarle la silla.