Fernando Alonso, al volante de su Alpine. / Florent Gooden (EP)

Análisis

Fernando Alonso retrata al tahúr Michael Masi

Los incidentes del asturiano con los pilotos de Alfa Romeo constataron, una vez más, la incoherencia de dirección de carrera a la hora de ejecutar el reglamento

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID

Fernando Alonso nunca ha sido un deportista de palabras vacías. Si por algo se le tiene en consideración allá donde ha estado es por su sinceridad y honestidad: si tiene que decir que los comisarios no tienen criterio, lo dice. Si tiene que advertir que él hará trampas, lo advierte. Y si tiene que llamar al orden a Michael Masi, director de carrera y por tanto jefe de los árbitros de la Fórmula 1, lo hace. Al fin y al cabo, él lleva más tiempo en el paddock.

Lo vivido en Austin (Texas) no es más que la consecuencia de un problema que acosa a todo el deporte en general y a la Fórmula 1 en particular. De un tiempo a esta parte, aunque siempre ha existido, los criterios de los colegiados encargados de impartir (cuando no imponer) justicia se analiza de una manera mucho mas clara. Siempre han existido los escándalos arbitrales, véase la mano de Dios de Maradona o el golpe de Prost a Senna y viceversa en sus encontronazos de Japón, pero con la multiplicación exponencial de las cámaras y, sobre todo, los altavoces, no hay partido de fútbol, baloncesto o tenis que no tenga un gol dudoso, una falta no pitada o una pelota que no había entrado por mucho que dijera el ojo de halcón.

En la Fórmula 1, como en el motociclismo, existen unas fronteras que no hay en otros deportes. Si un futbolista se salta los límites del terreno de juego no obtiene ventaja, dado que se aleja de su objetivo, pero en la competición de motor a veces salirse de lo negro otorga ventaja. Son los dichosos límites de pista, un concepto que existe desde que los circuitos se dibujaban en aeródromos con balas de paja seca. De un tiempo a esta parte, esos límites ya son solo una mera línea pintada en el suelo, lo que implica que se difumina esa frontera y, por tanto, ya no se pierde tiempo si se pisa.

Fernando Alonso descubrió en su vuelta a la Fórmula 1 que el criterio arbitral, el de los comisarios de carrera, había cambiado desde 2018. Antes, con el fallecido Charlie Whiting a la cabeza, se podía debatir y negociar si en tal o cual curva se podía salir uno, aduciendo motivos de seguridad o, las más veces, para ganar tiempo y ayudar a los adelantamientos. El que fuera director de carrera durante tantos años podía ceder o no, pero al menos escuchaba a los pilotos. Tras su muerte, la posición de Michael Masi ha quedado en entredicho desde el primer día. Alonso es uno de los pocos pilotos que, por su peso específico en la Fórmula 1, se atreve a decir públicamente lo que muchos piensan, aunque con otras palabras: los zapatos de Whiting le quedan muy grandes.

Tres acciones, dos criterios. Fernando Alonso vio, sufrió y ejecutó lo mismo con Kimi Räikkönen y Antonio Giovinazzi (en este último caso como verdugo y víctima), mientras su equipo dejaba en muy mal lugar al jefe de los comisarios.

Diferente criterio

Masi dejó claro que adelantar por fuera de la pista, como hizo Räikkönen, era ilegal. Pese a que esto ya está prohibido en el reglamento, a Alonso le miraron raro en Rusia, en Austria o en Italia cuando él hizo lo mismo. No es nuevo y él ya dijo que se sentía como «el tonto de la primera curva» por ser el único en respetar la normativa vigente.

Michael Masi, director de carrera de la F1. / Antonin Vincent (EP)

Pero más que por ser sancionado o ver cómo no sancionan a los que sí lo hacen, Alonso se queja del serio problema de falta de coherencia. El ejemplo de Austin es evidente: Michael Masi y sus comisarios libraron de castigo a Räikkönen por lo mismo que luego advirtieron a Alonso y a Giovinazzi, incluso pese a admitir que al campeón de 2007 deberían haberle sancionado.

Quedan cinco carreras en lo que queda de campeonato y pueden apostar a que se repetirán estos incidentes. Alonso ya se resigna y sabe que en México tendrá que responder a preguntas al respecto, si bien aún confía en que en algún momento haya justicia o injusticia para todos. Él solo pide que los 20 pilotos, sean los candidatos Verstappen y Hamilton o los farolillos rojos Mazepin y Latifi, jueguen con la misma baraja.