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Fernando Alonso, celebrando el podio con su equipo. Reuters
Alonso o cómo celebrar tres podios en dos carreras

Alonso o cómo celebrar tres podios en dos carreras

El surrealista podio que festejó, perdió y volvió a saborear el asturiano y su equipo en Yeda dejó claro que la FIA necesita un remozado urgente y que Aston Martin aspira a todo

David Sánchez de Castro

Madrid

Lunes, 20 de marzo 2023, 13:06

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Fernando Alonso intentaba poner hielo al golpe que recibió después de celebrar el podio en Arabia, cuando le informaron de los 10 segundos extra que le habían endosado por la supuesta ilegalidad a la hora de acometer la sanción derivada de su mala posición en la salida. «Me da igual. Que me quiten lo bailado», sonreía el asturiano tras pasar de tercero a cuarto en una surrealista decisión confirmada casi una hora después de la supuesta infracción.

Horas después, cuando ya estaban los mecánicos recogiendo y los pilotos se habían ido a sus quehaceres (Alonso y Sainz estuvieron muy pendientes del clásico del fútbol español), la FIA rectificó, confirmando su propio ridículo. El mecánico que había provocado el castigo extra, el del gato trasero, fue exculpado porque la propia redacción de la norma lo permitía: tocar el coche no implica trabajar. Algo que, por otro lado, es cuestionable: ¿colocar el gato en posición no implica ya una intención de comenzar la acción de levantar el monoplaza?

La argumentación de Aston Martin se basó en una cuestión semántica. La redacción del artículo 54.4 en su punto C establece que está prohibido trabajar en el coche, pero no dice nada de tocar. Pero más allá de eso, el golpe definitivo fue demostrar la propia estulticia de la Federación: les enseñaron siete vídeos en los que acciones similares no supusieron una sanción extra. Aston Martin dio el jaque mate definitivo con estas pruebas.

La lectura de esta revisión de su propia sanción deja a la FIA en una nueva situación un tanto vergonzosa. No solo tardaron más de una hora en darse cuenta de que un equipo había cometido una presunta ilegalidad, sino que no actuaron acorde a ello hasta que Mercedes protestó para rascar un podio. Los responsables del equipo presidido por el magnate Lawrence Stroll pelearon con todas sus armas, tanto en pista como fuera de ella, y demostraron que, aunque eventualmente puedan volver al podio en próximas carreras (el AMR23 es, libra a libra, el segundo mejor coche de la parrilla solo superado por los inalcanzables Red Bull RB19 de Pérez y Verstappen), quieren dejar clara su posición también política.

Y es que en otros tiempos y otros equipos, Alonso habría visto cómo le sustraían ese podio 100 que logró en Yeda por una mala actuación de los jueces. De no haber peleado hasta el final Aston Martin, Russell habría sido el proclamado tercero y el español hubiera cerrado este GP con una cierta amargura en la boca. A diferencia de Alpine, McLaren o Ferrari en según qué situaciones, Aston Martin argumentó de manera brillante e inapelable por tener razón.

Para el equipo y para Alonso, quedar tercero o cuarto no era tan relevante. El monoplaza funciona a la perfección y el podio 100 hubiera llegado igual, bien en Australia, bien más adelante. Ese no era el punto en cuestión: Aston Martin protestó para dar un golpe sobre la mesa y dejar claro que son un equipo fuerte y a tener en cuenta. Ese esfuerzo extra es lo que Alonso no tuvo en el pasado y es lo que tiene ahora.

El ejército de 'leprechauns'

Uno de los gestos de grandeza que definen a Alonso es que nunca ha echado pestes sobre los mecánicos de sus equipos. Sobre los gestores sí, muchas veces y en la mayoría de los casos con vehemencia, pero no contra los 'curritos'. Él es muy consciente del esfuerzo que realizan personas anónimas que muchas veces son culpadas por errores catastróficos con burlas como «el tuercas», «el ruedas» o «el del gato». En cuanto Alonso llegó al box, lo primero que hizo fue darle un abrazo a ese mecánico que tocó sin querer la trasera de su coche y que, en primera instancia, le había costado el podio.

Es por ello que cuando confirmaron que le devolvían el podio a Alonso, los mecánicos corrieron a por la pizarra para colocar el 'P3' e ir al motorhome a celebrarlo con el resto del equipo. Porque ese podio es también suyo. Liderados por Mikey Brown, el risueño y barbudo jefe de mecánicos del equipo de Alonso, ese grupo de seres vestidos de verde, que casi parecieran 'leprechauns' (duendes mitológicos irlandeses que custodian un caldero de oro al final del arcoíris) por su manera de celebrar. «Alonso no tiene mecánicos, tiene hooligans», bromeaba un tuitero al ver cómo los miembros de Aston Martin coreaban el nombre de Alonso mientras este atendía a la prensa.

Esta es una gran diferencia con lo visto previamente. Alonso no solo ha encontrado un equipo profesional, competitivo y capaz, sino también un grupo de personas con los que da gusto celebrar los éxitos, hasta el punto de celebrar tres podios en dos carreras como si fuera el último que vayan a lograr. Qué distinta es la sensación que tiene ahora con respecto a la de Alpine, donde nunca sintió ese cariño y respeto por quienes, en teoría, habían apostado por él.

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