Análisis

La adaptación ejemplar de Carlos Sainz a Ferrari

El madrileño fue nombrado piloto del día por primera vez en Turquía, un reconocimiento de los fans a un año de buen trabajo pese a un entorno tan complejo como el de la Scuderia

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Cuando Carlos Sainz fue anunciado como reemplazo de Sebastian Vettel en Ferrari unos días después de que la mayor pandemia mundial en un siglo pusiese boca arriba a todos hubo muchas suspicacias. Se cambiaba a un tetracampeón del mundo en horas bajas por un piloto bueno, con capacidad de liderar a una McLaren en reconstrucción pero sin una victoria en su haber. Se fichaba, o eso parecía, a un prometedor escudero de Charles Leclerc para ayudar al monegasco a tirar hacia arriba.

Un año y medio después, ni escudero, ni escudera. Carlos Sainz es el líder del equipo Ferrari, tanto en puntos (después de Turquía están virtualmente empatados, ya que solo le saca ese medio punto obtenido en el sórdido GP de Bélgica), como en número de podios: lleva tres por uno de su compañero. El respeto ya lo tiene ganado entre los tifosi, algo que no es baladí vista la pasión con la que entienden ser aficionado de Ferrari, pero también el de Leclerc, el de los ingenieros y el de sus rivales. De ser un prometedor escudero a ser primera espada.

La filosofía de trabajo de Carlos Sainz, aprendida tanto en su casa como fuera, le impide acomodarse. Ahora mismo ya podría relajarse: es su mejor temporada en puntos (lleva 10,5 más que en todo 2020), se ha subido tres veces al podio, ha rozado incluso la victoria… Pero lejos de eso, Sainz agacha la cabeza en cada Gran Premio, se pone el casco y a las órdenes de lo que le manden. A diferencia de otros muchos, el español ha entendido bien el aforismo de 'Corres para Ferrari, ganas para Ferrari'.

El último ejemplo lo dejó en el GP de Turquía. La normativa de la FIA va tan descompasada con las intenciones de la Fórmula 1 (que a veces es lo mismo) que obliga a los equipos a pensar cuándo van a ser sometidos a sanción. Es como si un entrenador de fútbol decide cuándo va a ser expulsado un delantero. No todos los pilotos lo entienden bien, especialmente los que se han acostumbrado a la parte alta de la tabla porque se verán bregando con los Mazepin, Tsunoda, Latifi o Giovinazzi. Sainz no está entre ellos. Después de que en Rusia le tocara a su compañero Leclerc, era consciente de que le iba a pasar el turno a él en Turquía y lo aceptó con deportividad y normalidad plena. Incluso con gusto: prueba de ello es la sonrisa con la que salió a la zona del corralito de prensa después de la clasificación del sábado, en la que ayudó a Charles Leclerc a hacer su vuelta buena dándole rebufo en la Q2 para que no sufriera para pasar el corte.

Un líder silencioso

Ser el líder de Ferrari es un marrón, dicho en román paladino. Quien conozca un poco de la historia de la Scuderia sabe que han sido más los años en los que se han visto fuera de la pelea por el Mundial que dentro, y que fueron más las veces en las que se vieron derrotados que victoriosos. Niki Lauda y Michael Schumacher contaban con caracteres fuertes y claramente personalistas, lo que a su vez tiraba del carro del equipo.

Sainz, en cambio, prefiere que sea su trabajo el que hable por él y cuando las cosas no salen bien, pelillos a la mar. Las circunstancias del GP de Turquía, con una pista húmeda que no se secó pese a que no llegó a llover (más parecía Santiago de Compostela que Estambul, bromeaba un ingeniero español), convirtieron las paradas en boxes en un momento crítico de la carrera. La de Carlos Sainz falló por un problema de comunicación: el sistema de aviso de que el cambio de ruedas había acabado no funcionó y tardaron cinco segundos más de los previstos en soltar a Sainz. Aunque acabó octavo, según sus propias palabras, podría haber sido quinto o sexto. No se quejó, ni mucho menos, y motivos hay. Ferrari no es el equipo que más optimizadas tienen las paradas en boxes, y es algo que se ve en cada carrera. Raro es el Gran Premio en el que no falla algo, lastrando así opciones claras de buenos resultados a sus dos pilotos. Lo fácil es soltar alguna perla en la prensa… pero Sainz (y Leclerc tampoco) no lo hace. Otro cantar es en las charlas y reuniones con los ingenieros, donde las cartas se ponen sobre la mesa.

Quedan seis carreras de la temporada 2021 y después de los buenos resultados de este año, ahora que tendrá motor fresco, hay optimismo en torno a las opciones de Sainz. La pelea por el título entre Hamilton y Verstappen (que también han pasado por el trago de las penalizaciones) augura lío en la parte de arriba, y vienen circuitos que permiten 'salseo'. Ahí estará Sainz o, al menos, lo intentará.