Seguridad

Cómo superar el miedo a conducir tras un accidente

16/04/2019

El pánico a conducir un vehículo es una aversión más común de lo que creemos, pero a base de terapia y buenos consejos se puede supera.

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Ansiedad e inseguridad al volante, miedo ante determinadas maniobras, sensación de que eres incapaz de dominar el vehículo a más de 100 km/h... son algunos de los síntomas más habituales de la amaxofobia o miedo a conducir. No son pocos los conductores españoles que la sufren: según datos de la Fundación CEA les ocurre a cerca del 30% de los que conducen de forma habitual. Los casos más graves, en los que el temor es tal que impide ponerse al volante, afectan al 6% de los conductores.

Haber sufrido o presenciado un accidente de tráfico es uno de los principales desencadenantes de este profundo miedo a conducir. Y aunque con el paso del tiempo algunas personas lo acaban superando sin necesidad de ayuda, no siempre ocurre así.

Cómo superar el miedo a conducir tras un accidente

Cinco claves para conducir, de nuevo, sin nervios ni ansiedad

1 Evalúa tu grado de amaxofobia. Existen cuestionarios especialmente ideados para conocer la intensidad del temor a conducir que se siente y si, en base a ello, se necesita tratamiento para superarlo. Responder a uno de ellos puede ser un buen comienzo.

2 Si no te sientes capaz de conducir, empieza yendo de copiloto con personas que te hagan sentir cómodo. Esto puede hacer que tu seguridad al viajar en coche vaya aumentado progresivamente.

3 Las primeras veces al volante, pide a alguien de confianza y que te haga sentir tranquilo que viaje contigo y lleva el vehículo por calles conocidas.

4 A medida que tu temor vaya reduciéndose, incrementa tus metas, como conducir acompañado pero por trayectos que no conozcas tanto, empezar a llevar el coche sin compañía por los más conocidos...

5 Recuerda, en todo caso, que existen terapias especialmente ideadas para superar el miedo a conducir. En ellas se suele recomendar empezar a hacerlo en un vehículo de autoescuela acompañado del psicólogo encargado del tratamiento, para después conducir un coche sin doble mando también acompañado. Y, finalmente, llevarlo solo pero con el psicólogo conduciendo otro