La selección española celebra su victoria ante Rusia en el Europeo. / EFE

Europeo de balonmano

Los Hispanos ganan una bola extra para llegar a semifinales

La victoria ante Rusia después de un partido irregular y poco brillante dejó patente que sin defensa el equipo se vuelve muy vulnerable

ELOY DE LA PISA

Hay partidos que se explican por los cinco últimos minutos. El de España ante Rusia del Europeo de balonmano, por ejemplo. Una primera parte digna, una segunda irregular y diez minutos decentes dieron paso a un final de partido de película de suspense con paradas de los porteros en cada ataque, balones perdidos y recuperados y, sobre todo, con un ataque final de Rusia con ocho segundos que acabó en un siete metros injusto y mal señalado por los árbitros daneses después de ver la jugada en el vídeo. El lanzamiento, con el reloj a cero, acabó en el poste de la meta de Pérez de Vargas -tres penaltis erraron los rusos- y permite a los Hispanos rozar ya las semifinales, pero les va a exigir un profundo examen de conciencia para, cansancio parte, reflexionar sobre los excesivos errores cometidos. Que en los últimos cinco minutos ninguno de los dos equipos anotara un solo gol dice mucho de lo que fue el encuentro.

La victoria es una bola extra que permite afrontar los encuentros del domingo y el martes ante Noruega y Polonia con la tranquilidad de saber que se puede cometer un error. No deseable, claro, pero es que en un Europeo es fácil perder partidos. Los Hispanos rara vez se descomponen, son muy fiables, pero entre casos de covid y la exigencia de los torneos que disputan los internacionales, los brazos y las piernas se acaban por resentir.

Le costó mucho a España despegarse del ritmo pegajoso de los rusos. Pegajoso por premioso, pestoso que dicen los ciclistas. Rusia comienza siempre los ataques con gran lentitud para luego dar paso a movimientos mecanizados, procedimientos de ataque medidos y que requieren de mucha concentración para que puedan ser controlados. Se necesitaba un centro de la defensa de gran nivel y con una portería de otra galaxia para ganar el encuentro. Lo segundo se vio, lo primero solo a ratos.

25 Rusia

Grushko y Kireev (15 paradas), Santalov (6), Voroveb (), Kotov (2), Vinogradov (2), Ostashchenko, Kornev (2), Dzemin (), Ermakov (3) Shiskarev (2), Demin, Soroka (4), Andreev (3), Kamenev (1) y Zhitnikov (1).

26 España

Pérez de Vargas (6 paradas), Corrales (10 paradas), Gurbindo, Pecina, Maqueda (4), Ángel Fernández (4), Ferrán Solé (3), Adriá Figueras (1), Agustín Casado (7), Antonio García (1), Aleix Gómez (2), Ariño, Sánchez-Migallón, Chema Márquez (4) y Odriozola.

  • Marcador cada cinco minutos: 3-1, 4-4, 8-7, 9-8, 10-10, 11-12 (descanso); 16-14, 19-16, 21-18, 23-23, 25-26 y 25-26.

  • Árbitros: Los daneses Hansen y Madsen. Estropearon con una injusta y sectaria decisión una buena actuación y regalaron un siete metros a Rusia con el reloj a cero

  • Incidencias: Partido de la segunda jornada de la segunda fase del Europeo de balonmano, disputado en el Zimny Stadion Ondreja Nepelu de Bratislava.

En lo que se sacudía esa lentitud de los rivales, los Hispanos fueron a remolque varios minutos. No terminaban de pillarle el truco al partido, en gran medida porque la forma de defender de los rusos es complicada de atacar por un equipo como el de España: los rusos se refugian en la línea de seis metros, fiándolo todo a su capacidad de bloqueo y a la calidad de Kireev en la portería. España es más de jugar situaciones en las que se produzca un espacio para el pivote o el extremo desdoblado a la línea del área. Y eso lo niegan conscientemente los rusos y con ello acabaron por provocar un dolor de cabeza severo a los de Jordi Ribera.

La consecuencia fue el atasco en el ataque español, solventado por Casado en ocasiones, por Márquez en otras y por Maqueda en algunas, pero a costa de un desgaste excesivo para un grupo que llegaba al duelo con menos de 24 horas de descanso y que, llamativamente, se olvidó de los extremos casi todo el choque. La exigencia a la que sometió Rusia al grupo español se vio con toda su amplitud en la segunda mitad. Hasta cuatro goles abajo llegó a estar la selección nacional. Figueras se estrellaba una y otra vez ante Kireev y la defensa se refugiaba en los seis metros y dejaba camino franco a los cañoneros rusos. Y todo era el cansancio.

El técnico español encontró la solución a los problemas en los cambios defensivos. Si no hay actividad en 6-0, se cambia a 5-1. Fue como una descarga eléctrica. Poco a poco el muro español volvió a reconstruirse y los rivales vieron cegados los caminos. Dos robos, una exclusión rusa y la imperial presencia de Pérez de Vargas permitieron voltear el marcador, llegar en miniventaja al minuto final y gestionar, con algo de suerte, un último minuto de auténtico infarto.