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Segundo Lorenzo, Pollo de Valleseco. C7
Segundo Lorenzo y el legado que dejó como el Pollo de Valleseco

Segundo Lorenzo y el legado que dejó como el Pollo de Valleseco

Lucha Canaria ·

Descubierto para los terreros mientras trabajaba en un barranco, escribió una historia deportiva de éxito y reconocimiento

Pedro Reyes

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 9 de marzo 2024, 17:51

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Alejandro Lorenzo, hijo del Pollo de Valleseco, es quien ofrece la primera visión del gran puntal que fue su padre. Segundo Lorenzo López, Pollo de Valleseco, nació en 1950, en Valsendero, barrio de Valleseco, en una familia en la que era el mayor de cinco hermanos. Pepe Rivero, periodista ya fallecido y que fue jefe de Deportes de CANARIAS7, además de presidente del Adargoma e investigador, lo descubría para la causa cuando lo vio trabajando en el barranco del Guiniguada y comprobó la tremenda fortaleza que tenía en sus manos, llevándolo para que entrenara lucha canaria en el Adargoma.

«Comenzaba su carrera luchística en el club de San José y ya en 1973 tumbaba a cinco luchadores de la selección de Venezuela, cuando fue a la selección de Gran Canaria representando al club que lo había traído al vernáculo deporte. Las características de mi padre, alto, con 130 kilos, eran la de un hombre servicial y un corazón enorme, al margen de su bondad y nobleza, que le hacía, en algunos momentos, tener grandes dificultades para tumbar a los amigos, porque le daba pena. En el Adargoma compartió equipo con Emilín II. Posteriormente recalaba en el Tinamar de San Mateo con Periquín. Fue al Sáhara a algún homenaje y a reforzar en alguna ocasión al Seven UP. En 1983 y siendo uno de los cinco puntales que había en Gran Canaria, le daba un título al Roque Nublo», recuerda Alejandro.

Y añade: «Fue un luchador que se caracterizaba por tener un gran sacón de aire, dada la tremenda fortaleza de sus brazos. Luchó en total en ocho equipos, pues además de los ya nombrados, subía a preferente al Tinamar y también se enroló, al menos una temporada, en el Unión Pastores, Arinaga, Arguineguín, Maninidra y Unión Gáldar».

Tras esta síntesis, su viuda, Carmen Gloria Mariano, Yoya, que le acompañaba en las luchadas, ofrece más datos.

«Comenzó con 20 años a luchar en el Adargoma y estuvo varias temporadas y se retiraba a principio de la década de los 90. Lo ficharon porque le vieron doblar el hierro con las manos y así empezó. Cuando luchaba era muy fuerte y él dio el primer título como club al Roque Nublo. En un encuentro contra Venezuela, tumbó a 11 luchadores de dicha selección. Como era muy bromista, era conocido porque iba a las luchas con una rama de hierba luisa en una oreja y una de poleo en la otra, y así fue siempre.Tenía pánico de enfrentarse a Vicente Alonso, porque era un gran amigo y le daba pena poder tirarlo. Yo le dije que Vicente le había tumbado varias veces y que ahora le tocaba a él. Le indiqué que se metiera debajo, le cogiera la pierna y lo tirara. Lo hizo y fue la primera vez que lo llevó a tierra. Después Vicente Alonso me vino a preguntar que qué le había dicho a mi marido y le dije que nada, que yo no entendía de lucha. Fue una época muy bonita, ya que eran todos amigos y después de cada luchada se iban de tenderete. Se llevaban muy bien con los grandes. Santiago Ojeda, Vicente Alonso, Tonono, Tomás del Toro, Juan Loreto... Los presidentes siempre se portaban muy bien con él y le dieron un trabajo de bombero. Jesús Gómez fue el mejor presidente de la federación y nos ayudó bastante», subraya.

Apetito voraz

Que los luchadores comían mucho lo confirmaba. «Lo bueno de la lucha de antes, es que después de acabar, eran todos amigos y se iban a comer por ahí y se comían y bebían todo lo que había. En Ingenio, en el bar de Los Conejos, no quiero ni contar. Fueron a luchar a Tenerife y se desplazaron al bar de Los Pollos en la Esperanza y dejaron sin pollos el restaurante. Así me lo contaba Vicente Alonso, que decía que tocaron a siete pollos por cabeza. Se comieron todo lo que había en el día y cuando le preguntaron que querían de postre, mi marido dijo que pusiera siete u ocho pollos más».

Las bromas entre luchadores eran una constante y algunas muy pesadas. «Un día a Felipe le colgaron la ropa en lo alto del pabellón. Eran terribles, parecían niños, pero siempre dentro de un gran ambiente de camaradería y eso ya se ha perdido en la lucha canaria».

Fue un gran amigo de Juan Loreto, Loreto II. «Eran uña y carne. Se juntaban ambos y hacían cada cosa... Por eso, él jamás se pudo enfrentar a Juan y cuando les tocaba en alguna ocasión hacerlo, se levantaban la mano ya que eran como hermanos y los hermanos no luchan entre ellos».

Tenía una espina clavada con el mundo luchístico y las autoridades. «Nunca se han acordado de mi marido para los homenajes. Solo en Valsendero le hicieron un reconocimiento, poniéndole a un parque a su nombre, pero por lo demás es como si no hubiera sido un gran luchador».

Yoya contaba que ella luchaba en Arguineguín, en los encuentros de solteras y casadas. «Segundo arbitró una vez y casi lo matamos. A mi nieta le enseñó a realizar un sacón de camisa, en el salón de casa, para que tuviera más mañas. Esa era una de las preferidas de su abuelo, con el sacón de aire. Además, si aprende mañas, le tendrán más respeto las otras luchadoras».

Su nieta, Valeria Lorenzo Trujillo, añade: «No llegué a conocer a mi abuelo y nadie me contaba nada de él. Por eso quería saber qué hizo en la lucha, porque nunca he visto nada publicado y me hacía ilusión conocer quien fue Segundo Lorenzo, el Pollo de Valleseco en la lucha»

«Desde los 9 años veía la luchada de los mayores y mi madre me contaba que mi abuelo fue luchador. Empecé en el Castillo a luchar con esa edad y ahora estoy en el Roque Nublo. Las mañas las que más me gustan realizar son el medioculo y la pardelera», detalla.

Una figura en su época

En ese instante su abuela Yoya interviene: «Tu abuelo tampoco había tirado a Santiago Ojeda y un día hicieron una apuesta y la ganó, por fin lo tiró, le ganó la apuesta y la foto en la que se ven ambos es del tenderete que se hizo después de la luchada. Le dije 'no te pongas de pie y cuando él lo haga, lo trabas con la pierna derecha y se cae al tatami, ya que no fue en arena'».

Para ver la importancia de este luchador, del que se ha hablado poco, hay que consignar que en 1984 solo existían cinco puntales A en la provincia de Las Palmas: Manuel Acosta, Vicente Alonso, Paco Loreto, Julio Hernández el Pollo del Callejón, y Segundo Lorenzo, el Pollo de Valleseco.

Con 22 años lograba su primer gran título, cuando le daba al Adargoma el torneo clasificatorio y derrotaban al Mogán en la final, siendo la pieza clave, tal como reflejaba El Eco de Canarias del 27 de junio de 1972. Diez años después, el 22 de enero de 1982, ayudaba a que el Roque Nublo alcanzara la gloria con el primer campeonato que obtenía el club, el II Torneo de la Caja, en el que en el desempate de la final, pues habían quedado Los Guanches y el equipo del Cruce de Arinaga igualados a puntos en la fase regular, vencían en La Gallera del López Socas por 12-9 al conjunto de Arucas.

Segundo Lorenzo fallecía en septiembre de 2004, pero su legado es conocido por la gente de edad de la lucha canaria y queda para la posteridad.

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