Nadia Comaneci obtuvo en los Juegos de Montreal, en 1976, el primer 10 de la historia. / Afp

Un infierno olímpico

La policía política de Ceausescu registró el maltrato, la vigilancia y las vejaciones que soportó Nadia Comaneci, una de las mejores gimnastas de la historia

MIHAELA RODINA

Detrás del glamur y del éxito, golpes y humillación. Un libro sobre la legendaria gimnasta rumana Nadia Comaneci indaga en los archivos de la policía secreta de la era comunista y saca a la luz los abusos que padeció mientras alcanzaba la fama deportiva. La joven prodigio, que con solo 15 años reinó en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976, tras convertirse en la primera gimnasta que obtenía la calificación máxima de 10, estuvo constantemente bajo vigilancia en Rumania, cuyas autoridades la erigieron en una figura propagandística.

La Securitate, la policía política usada como un instrumento de terror de uno de los regímenes comunistas más represivos, investigó a millones de rumanos por sospechas ínfimas, como un chiste sobre el dictador Nicolae Ceausescu o un encuentro en el extranjero.

En el caso de Comaneci, se desplegó un dispositivo «impresionante» formado por agentes secretos, médicos, responsables de la federación de gimnasia, pero también un pianista de su equipo o un coreógrafo, explica a AFP el historiador Stejarel Olaru, autor del libro 'Nadia y la Securitate'. Es fruto de la consulta de miles de informes desclasificados, en los que abundan las delaciones y conversaciones telefónicas de los servicios secretos, que referían a la gimnasta con el nombre clave de Corina.

Los documentos muestran la «relación abusiva» que sufrió la 'hada de Montreal' por parte de su entrenador Bela Karolyi. Los informes reflejan las humillaciones que sufrieron la estrella y sus compañeras. «Las chicas eran golpeadas tan fuerte que sufrían hemorragias nasales», detalla una de las carpetas, que habla del «terror y la brutalidad» que imponía Karolyi. Un médico también acusa al entrenador de tratarlas de «vacas» o de «idiotas». «Por naturaleza, nunca estoy satisfecho», respondía Karolyi. «Mis gimnastas son las que están mejor preparadas en el mundo. Y ellas ganan. Es lo único que cuenta», defendía.

Aunque los maltratos fueron denunciados por numerosas gimnastas rumanas o estadounidenses, Comaneci prácticamente nunca habló de ello. En una entrevista de 1977, a la que se refiere el libro a pesar de que nunca llegó a ser publicada, la estrella reconocía que era «insultada» constantemente e incluso abofeteada por haber engordado 300 gramos. Describía en su diario personal, que pudo consultar uno de los espías, los golpes que sufrían las gimnastas cuando cometían un error durante un ejercicio.

Tras retirarse del deporte de élite en 1984, Comaneci fue una «prisionera» en su país, que la impedió viajar al extranjero. La joven gimnasta logró escapar de la Rumania de Ceausescu a finales de noviembre de 1989 y pidió asilo en EE UU. El último informe de la policía política sobre ella es del 20 de diciembre de ese año, solo dos días antes de la caída del dictador rumano. «Lejos de haber sido una privilegiada, como se la solía presentar, Nadia fue una víctima del régimen», defiende Olaru.