Tokio 2020

Verano azul

A los de mar adentro siempre nos da mucha emoción subirnos en barquitos y uno ya se imaginaba en bañador, tomando martinis en la cubierta del yate y escuchando canciones de Raffaella Carrà a todo trapo

PÍO GARCÍA

No tengo ni idea de vela. Estas cosas hay que reconocerlas con naturalidad. Yo nací al lado del Ebro, a doscientos kilómetros de la playa más cercana, y a lo justo sé nadar. Pero ayer me tocó ir a cubrir la regata del 470. Para su tranquilidad, y sobre todo para la mía, la crónica la hacía mi compañera Ester Requena, que de esto sabe mucho, así que a mí me correspondía entrevistar a los regatistas y dedicarme a hablar de que si los pajarillos cantan y las nubes se levantan, que es mi terreno.

Cuando llegué a la bahía de Enoshima me ofrecieron apuntarme al «barco de prensa» para seguir la regata. Dije que sí, claro. A los de mar adentro siempre nos da mucha emoción subirnos en barquitos y uno ya se imaginaba en bañador, tomando martinis en la cubierta del yate y escuchando canciones de Raffaella Carrà a todo trapo mientras allá, a lo lejos, los regatistas trataban angustiosamente de enderezar las velas de sus esquifes.

Por desgracia, la realidad, como suele suceder, bajaba mucho en la escala del glamur. Subimos al Kazurim III un chino, un japonés, dos británicos y yo. Todos feos, todos vestidos (gracias a Dios), con chalecos salvavidas y sin martinis ni música. Al principio me lo tomé con entusiasmo porque vi cómo la embarcación española y la turca estaban cada vez más pegaditas y me dio por pensar que quizá los abordajes estuvieran permitidos e iba asistir en directo a una nueva batalla de Lepanto, lo que hubiera tenido el aliciente añadido de ver si sacaban los arcabuces y alguno acababa manco.

Eso hubiera estado más divertido, pero se limitaron a dar vueltas a las boyas sin que yo en ningún momento supiese quién iba primero, segundo o séptimo. Cuando terminaron, uno que llevaba internet me dijo que España era medalla de bronce. Yo quise decirle a nuestro patrón, el señor Hisato Mori, alias el Chanquete del Sol Naciente, que corriera para pillarlos antes de que desembarcaran, pero el hombre, en lugar de acelerar, paró el barco en seco, sacó el móvil y se puso a echar fotos. Ya ni me altero por estas cosas. Me puse a silbar la cancioncilla de Verano Azul.