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Un tirador fantasma en Tokio

En el mismo campo de tiro de Asaka donde ganaron el oro Fátima Gálvez y Alberto Fernández apareció en 1964 un supuesto deportista español de quien nadie tenía constancia

Sara I. Belled
SARA I. BELLED Zaragoza/Madrid

Asaka, Japón, 18 de octubre de 1964. A las nueve de la mañana está previsto que comience la prueba de pistola libre a 50 metros de los Juegos Olímpicos de Tokio. Hay 54 deportistas inscritos. Dos de ellos son españoles, pero solo uno es tirador olímpico. ¿Y el otro? Un visto y no visto. O nunca visto. Su nombre: Mariano Omist. Su dorsal: 270. ¿Su identidad?

'El caso del olímpico fantasma' había titulado 'Diario de Barcelona' un artículo publicado el 23 de octubre del que se hicieron eco otros medios. «Se denuncia la presencia en Tokio de un tirador español desconocido que no estaba seleccionado y que tuvo una actuación desdichada en las pruebas olímpicas», rezaba la nota distribuida por el servicio informativo Alfil. Había quedado último con una puntuación de 447 puntos. «Se trata de Mariano Omist, desconocido en los ficheros de los tiradores españoles», continuaba. A Tokio, de hecho, fueron cinco tiradores y ninguno se llamaba Mariano ni se apellidaba Omist. Así comenzó la búsqueda del culpable de esa «infiltración» que denunciaba el periódico catalán y que ya en ese momento amenazó con hacer rodar cabezas.

Entonces, el máximo representante de la federación barcelonesa de tiro era Francisco Gayà y, «al no tener noticias de la actuación de dicho tirador, totalmente desconocido para él, se puso en contacto con la federación nacional». Sin embargo, ni siquiera el secretario técnico de la época, que incluso puso su dimisión en juego, supo decir entonces qué estaba pasando. Ya advertía el texto de la noticia que la explicación iba a ser «un poco difícil de dar» (quizá también de explicar a día de hoy). Entre otras cosas porque no es que no fuera parte del equipo nacional, sino que era «una persona totalmente ajena a este deporte, hasta el punto de no estar ni siquiera federado». ¿Cómo era posible?

Pues resulta que la nota fue llegando a los diferentes medios y publicada prácticamente con las mismas palabras. Con una excepción (una al menos que haya llegado a ojos de quien escribe). La respuesta, parte de ella al menos, estaba escondida en los archivos de la hemeroteca municipal de Zaragoza, ciudad de la que era natural uno de los tiradores 'oficiales' de la delegación española, José Luis Alonso Berbegal, y en la que residía otro, el madrileño Juan García Vergel, que fue quien descubrió sorprendido que no había sido el único español en competir en la prueba de pistola libre en el campo de tiro de Asaka. «Ojalá conservase aquella clasificación», recuerda ahora. Sí quedan impresos negro sobre blanco los cuatro párrafos que el 24 de octubre añadieron en la redacción de 'Heraldo de Aragón' a esa información: «En este mismo periódico publicamos en su día, pues así lo manifestó el interesado, que don Mariano Omist, vicepresidente de la Junta Provincial de Educación Física y Deportes, iba a Tokio, en reconocimiento a sus muchos méritos deportivos, formando parte de la Delegación Oficial». ¿Era él el dorsal 270?

Mariano Omist (3 de enero de 1912) fue un destacado dirigente deportivo de la época, impulsor de disciplinas como la gimnasia, la halterofilia y el fútbol en la provincia y había recibido la medalla de plata u oro, según las fuentes, al Mérito Deportivo en 1963 de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes. Y efectivamente expresó al diario a finales de septiembre su intención de contar en sus páginas a los deportistas zaragozanos «una puntual información» de lo que ocurriese en Tokio y fuese de «interés anecdótico». Lo que no imaginaría entonces es que iba a escribir parte de la historia de los Juegos Olímpicos, pero no precisamente de su puño y letra.

Así fue que hubo quienes se habían «desorientado al leer posteriormente que don Mariano Omist había participado en una prueba de tiro olímpico», explicaba el diario aragonés. Y es que el 20 de octubre, los lectores pudieron ver una clasificación de dicha prueba en la que aparecía Juan García Vergel, décimo con 545 puntos, y Omist, el 53 con 447 puntos (es curioso que en el documento que guarda la hemeroteca este resultado esté rodeado a mano). Unos puntos, los del último, que en la clasificación definitiva de los Juegos, la que aparece en el libro oficial de Tokio'64, no existen y aparece el susodicho como si se hubiese retirado. En cuanto a Vergel, se ubica en la duodécima posición con la marca intacta.

El desconcierto a 10.500 kilómetros de distancia debía ser tal que en aquella redacción creían que la noticia «era inexacta», porque «no estaba seleccionado», «ni es socio del Tiro Nacional», «ni tiene siquiera licencia de armas deportivas». Y se montó «bastante revuelo», pero cuenta García Vergel que en Tokio la noticia no fue tan sonada.

Lo aclarará a su regreso

Termina aquel artículo con una sencilla frase: «El señor Omist lo aclarará a su regreso». Así que los Juegos se clausuraron el 24. El día 25, en pleno auge de la polémica, parte de la expedición española tocó tierra en Barajas. Eran las 17:45 horas y el avión llegaba de París. En él viajaba Mariano, vestido «de paisano», en vez de llevar «la chaqueta color vino de Burdeos y el pantalón gris de todos los expedicionarios olímpicos», incluidos los directivos, como puede leerse en la edición del día 26 de 'Heraldo de Aragón'. Dijo que había acudido a Tokio «como simple turista para ver Japón y presenciar la Olimpiada». Trazó entonces una línea con aquello de que formaba parte de la delegación oficial... ¿Y compitió?

«Ni sabía lo que era una pistola», recuerda García Vergel, el auténtico tirador de pistola libre, sorprendido con la pregunta y prudente con este tema. El propio Omist diría después que «no había tirado nunca, ni al tiro al blanco». A su llegada aseguró que «rotundamente no» había participado en la prueba. Aunque hay varias versiones de los hechos.

Por un lado, en 'Mundo Deportivo' recogieron, a pie de avión, que el dirigente explicó que «para pasar por los centros olímpicos de Tokio se le dio un carnet de la federación de tiro y que este fue, sin duda, el error».

Por otro lado, en 'Heraldo' añadieron que cuando se celebró esa competición «estaba en el Estadio Olímpico presenciando las pruebas que se celebraron allí» y que esto lo certificaron el presidente de la Federación Española de Tiro y otros olímpicos. Y la polémica se convirtió en confusión. Sin embargo, dos días después, el 28 de octubre, continuaba «la curiosidad». Sobre todo por saber cómo era posible que en una competición «unánimemente elogiada por su buena organización cabe tal error de atribución a una persona de lo que no ha hecho». Era «el primer interesado» Omist en averiguar quién había sido «el usurpador» de su nombre. Y entonces, ¿se puso alguien el dorsal 270?

Quizá sí que hubo un tirador fantasma en Tokio, allí donde 57 años después los españoles Fátima Gálvez y Alberto Fernández, en la modalidad de trap mixto, se han colgado un oro histórico.

Juan García Vergel

El auténtico tirador español en Tokio

A finales de 1964, Juan García Vergel (Madrid, 1934) ya se había afincado en Zaragoza, llevaba apenas un par de años practicando el tiro y había acudido a los Juegos Olímpicos de Tokio como único tirador español en pistola libre. Dice que aquello le pilló «de improviso», pero fue un buen competidor en la prueba y se trajo de Japón una cámara de fotos, cinco codornices en una jaula y un diploma que le acredita como segundo clasificado en el mismo año en el que subieron al podio el finlandés Vaino Markkanen (oro), el estadounidense Flanklin Green (plata) y el japonés Yoshihisa Yoshikawa (bronce).

Parece imposible, pero lo explica: «La dirección de los Juegos organizó una competición no oficial, seria y bien llevada en la que participaron los tiradores de todas las nacionalidades presentes». Así que el madrileño, que se había defendido bien en la prueba oficial, aprovechó para resarcirse de ese duodécimo puesto y consiguió una plata. Tiene ese diploma y una foto con el primer y el tercer clasificado. Y todos posan, sonrientes, ataviados con la equipación de sus respectivos países.

García Vergel, que suma ahora 87 años, llegó destinado a Zaragoza en 1958 mediante oposición en la Escuela Politécnica del Ejército. Por aquel entonces vivía en el barrio de Torrero, cerca del boxeador Valentín Lorén, aquel deportista que en Tokio'64 lanzó un puñetazo al árbitro.

En 1961, cuenta, Vergel pasó por lo que era el Tiro Nacional de España, posterior Club de Tiro Zaragoza, y comenzó su idilio con el deporte que le llevó primero a Tokio y luego a México'68. En la primera cita fue duodécimo con 545 puntos y en la segunda quedó el 41 con 534. Y eso que dice que si en vez de empezar a los 30 años hubiese empezado antes, «igual hubiera ido a cinco Juegos Olímpicos». Pero, parafraseando a su compañero vallisoletano Ángel León, plata en Helsinki'52, sobre la juventud: «Son flores que se marchitan».

Su historial, no obstante, es mucho más extenso y cuenta con galones de la talla de un oro en los Juegos del Mediterráneo de 1971 celebrados en Esmirna (Turquía), un bronce en la preolimpiada de México de 1967, un cuatro puesto en los Campeonatos del Mundo de 1966 en Wiesbaen (Alemania), una treintena de veces campeón de España en distintas modalidades…

Tuvo un ascenso meteórico a base de trabajo duro. Con ello advierte que «en el tiro hace falta humildad, paciencia y que es un deporte cerebral». Dar en el blanco, «como a una moneda de 500 pesetas», no es fácil a 50 metros. Él no perdía ripio y perfeccionó lo que llama entrenamiento en seco o en vacío, que consiste en realizar el mismo gesto de la competición, pero disparando sin munición.

A día de hoy, cuando los Juegos han vuelto a Tokio, García Vergel cuenta que el camino no fue siempre fácil, pero sigue tirando, ya como socio de honor del Club de Tiro Zaragoza. Todavía tiene la cámara de fotos, conserva su diploma y aquellas codornices que se trajo después de convencer a una local de que se las vendiera en un inglés bien defendido, asegura, las regaló en su día.