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El periodista desenmascarado
Diario de un enviado especial (Tokio blues V)

El periodista desenmascarado

Tokio blues V ·

pío garcía

Enviado especial. Tokio

Sábado, 24 de julio 2021, 14:28

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Acabamos los tres días de cuarentena en el hotel a tiempo para ir a la ceremonia de inauguración. Todos nos sentimos reconfortados, e incluso vagamente heroicos, por haber superado la prueba del encierro. Del mismo modo podríamos habernos sentido tontos o estafados porque allí nadie parecía estar controlando nada y la recepción a veces era una verbena de gente entrando y saliendo, pero nosotros somos gente de orden y además la inmovilidad extrema de los vigilantes nos daba un miedo como de película de kung fu.

Asistir a una ceremonia de apertura de los Juegos emociona. Tampoco nos vamos a poner ahora estupendos y despegados, como si en mi pueblo viviéramos algo así todos los días y uno ya estuviera acostumbrado a este tipo de exageraciones. De hecho, a medida que iba superando barreras y enseñando acreditaciones, sentía cómo poco a poco me iba convirtiendo en Paco Martínez Soria. Tuve incluso que reprimir el reflejo de quitarme la boina al entrar al estadio, tan monumental, tan apabullante, tan pluscuamperfecto. Luego me di cuenta de que estaba rodeado de periodistas con mucho mundo, de esos que hace mil años que no le hacen una entrevista a un concejal de basuras, y fingí una distancia irónica y cosmopolita, como si mi vida consistiera en un agotador ir de cumbre en cumbre y aquello fuese un mojoncillo más en mi camino.

Llegamos pronto y pillamos buen sitio. Veíamos el escenario mejor que el emperador, que al hombre lo tenían un poco esquinado y se le notaba el aburrimiento cada vez que lo enfocaban las cámaras. Se conoce que se acuesta pronto y aquellas no eran horas para él. Yo seguí toda la ceremonia atento y feliz..., hasta que se me puso un periodista indio al lado. No había sitio y llegó dos horas tarde, pero eso no le desanimó: apañó una silla, se me pegó bien cerca, descuajeringó un monitor que no le dejaba ver y se quitó la mascarilla para grabarse un videoselfi. Después ya no se la puso. El tipo sudaba con verdadero entusiasmo y el pañuelito de secarse lo dejaba cada vez más cerquita de mí. En este momento, mientras sonaba a todo trapo el 'Imagine' de Lennon, vi cómo la variante delta corría a mi encuentro alborozada e inexorable, torrencial, con sabor a especias y embriagadores aromas del Ganges. Finalmente, el colega recogió antes de tiempo y se fue pegándome un empujón.

Miedo me da el próximo análisis de saliva.

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