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Del traje de Mari Paz Corominas al breve de Ana Burgos

Del traje de Mari Paz Corominas al breve de Ana Burgos

La participación femenina en los Juegos Olímpicos ha tenido una evolución constante hasta casi alcanzar la paridad tanto en Río 2016 como en Tokio 2020

Laura marta

Miércoles, 4 de agosto 2021, 23:35

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Hace cien años, Alice Milliat decidió que las mujeres no estaban solo para coronar a los campeones, que también ellas podían, y debían, entrar en el espacio del deporte. Se alió con otras deportistas para crear la Federación Deportiva Femenina Internacional en 1921 y, un año más tarde, competían en los primeros Juegos Mundiales, celebrados en París. De tan buena acogida, que Gotemburgo festejó la segunda edición. Y de aquellas primeras, todas las demás. Hasta llegar al casi 49% de participantes en los Juegos de Tokio 2020.

En España también se vivió ese despertar, mucho más tardío que en otros países, pero ya del todo imparable. Aunque no pensara en ello, Mari Paz Corominas puso otra huella en la luna, primera española en disputar una final olímpica. Fue en México'68, en natación, y ella tenía 16 años. «Tuve la suerte de vivir en una familia muy deportista, ir a una escuela muy liberal que facilitó que me llevaran a entrenar. Empecé a destacar mucho, tenía facilidad. El primer año quedé tercera de España y al año siguiente, campeona». Su club, el Sabadell, tenía ya incorporado que las mujeres hicieran deporte, sobre todo natación, y sus entrenadores -«siempre hombres, y holandeses»- no tenían reparos en tener a una chica entre sus pupilos. «El entrenador tenía el papel polivalente de psicólogo, fisio, dietista, algo de médico… era todo muy amateur. Aunque empezaba a tener sus bases científicas», explica. De hecho, indica que estos fueron los Juegos en los que ya se percibía un paso del amateurismo a la profesionalidad.

¿Qué recuerda de aquella experiencia? «Tengo un recuerdo magnífico. Yo viví los Juegos de verdad. Hubo grandes récords. Fosbury. El triple salto. Conocí a mucha gente, conviví con otras delegaciones. Hubo mucha participación de la gente a pesar de que diez días antes fue la matanza de la Plaza de las Tres Culturas». Hasta desfiló en la ceremonia de inauguración con un traje del que se encargó su madre. «Le dijeron: 'mira, son dos deportistas mujeres -de 134 participantes-, ocúpate tú'. Y así se hizo. El traje era precioso, con los pañuelos, los zapatos, las medias… Y me sentí muy bien acompañada por la delegación». En España se vivieron con intensidad, primera retransmisión en directo por televisión. «Era octubre, y en la escuela pusieron unas pantallas para ver los Juegos».

«No podemos seguir viviendo de esto, pero es bueno recordar. Cuando fui a México, las mujeres representaban el 12% en conjunto. Ahora están casi en un 50%»

Mari paz corominas, nadadora olímpica

Pese al éxito, su carrera fue corta, del 64 al 70. «Ese año tenía que iniciar la carrera y ya se complicó compaginarlo todo. Me fui a Estados Unidos para ver cómo se entrenaba allí; aprendí algo de inglés y estuve seis meses con los mejores del mundo, como Mark Spitz o John Kinsella. Era un entrenamiento duro de verdad». Aunque, claro, no tanto como los de ahora. «Me hubiera gustado participar en esta época, pero hubiera tenido que entrenarme una barbaridad. Ahora es una profesión. Ves a Mireia Belmonte con 30 años o lo que ha hecho Ona Carbonell, que es para sacarse el sombrero, tener un hijo y volver a primera línea. Les ayudan, sí, pero la mentalidad que tienen es prodigiosa», refuerza esta nadadora de la que muchas han seguido los pasos. «No podemos seguir viviendo de esto, pero es bueno recordar. Cuando fui a México, las mujeres representaban el 12% en conjunto. Ahora están casi en un 50%». Corominas solo pide que no se vaya hacia atrás y la pandemia puede haber supuesto ese freno a la evolución. «En cuanto se pudo volver a hacer deporte empezó donde estaba el dinero y la televisión. Y donde estaban los espectadores, que suelen ser más hombres que mujeres. Y que ven menos deporte de mujeres. Excepto los muy adictos que lo vemos todo».

Corominas lo ve todo: natación, gimnasia, deportes de equipo, atletismo, hasta el tiro, disciplina en la que Gema Usieto vivió su gran sueño olímpico. Y también su pesadilla.

«Si teníamos buenos resultados había tiradores a los que se les revolvían las tripas»

Gema Usieto, tiradora olímpica

«El tiro estaba mal visto. Hace 30 años éramos muy poquitas, pero hicimos un equipo majo. Compartí muchas experiencias y lo único que quería era superarme. Pero si teníamos buenos resultados había tiradores a los que se les revolvían las tripas», reconoce la oscense, presente en Seúl'88, Barcelona'92 y Atlanta'96. También, añade, les costaba más conseguir ayudas y becas, algo que reclamaron tanto en España como de forma internacional.

La sombra de Seúl'88

Usieto acudió a los Juegos de Seúl, donde su disciplina era de exhibición, una prueba para implantarlo en el programa olímpico para Barcelona'92. «Siempre ha sido un deporte oficial, pero las mujeres no tenían categoría. No había resultados de hombres y mujeres por separado. Se suponía que se creaba el foso femenino, para ver si funcionaba para los siguientes Juegos; un poco para tenernos contentas. Pero participamos mezclados. Aquello no era normal porque las mujeres por lo que sea, hay que reconocerlo, siempre hacemos resultados inferiores. Gané el oro allí, con la canadiense Susan Nattrass, pero nos dieron un sucedáneo de medalla, no se valora como oficial». Había sido la primera mujer, y española, en lograr un oro en tiro pero la categoría femenina quedó descartada de este reconocimiento.

Tiene dos títulos de campeona del mundo, otro de Europa y dejó para la historia varios récords, pero se le escapó la oportunidad olímpica. «En unos Juegos hay más carga mental que técnica. En Barcelona llegué con mucha presión, estuve muy nerviosa y no lo hice bien. Cuando durante el año te salen muy buenos resultados, venden la piel del oso antes de cazarlo, y aquella nube que se generó me hizo no ir tan bien preparada», analiza desde la distancia. Una situación parecida a la que se encontró cuatro años más tarde en Atlanta. «Ahora veo los Juegos y sé valorar lo que son. Entiendo más los resultados de los deportistas, sobre todo los malos, y valoras mucho más los buenos porque sabes las dificultades».

De trato más igualitario, aunque con matices, es el triatlón, que es sinónimo de Ana Burgos. Oro y una plata europeas, plata en un campeonato mundial de larga distancia y séptima en Atenas 2004, entre otros éxitos, cita que congregó a 139 mujeres y 177 hombres. Un salto importante con respecto a Sídney 2000: 105 mujeres por 216.

Deporte de nuevo cuño, nacido olímpico en ambas categorías en la cita australiana, en triatlón normalmente se compite con las mismas distancias, los mismos días y con los mismos premios. «Es verdad que al principio me costaba encontrar zapatillas del número 37 porque todas empezaban por el 40, porque eran para chicos. Pero luego ya tenías de todo. Nació muy igualitario. Marisol Casado ha luchado mucho por eso». También Burgos reivindicó que no siempre las mujeres fueran las que salieran antes, quedándose con las horas más intempestivas, más frías o más complicadas. Una lucha en la que, en demasiadas ocasiones, se vio sola contra el mundo, incluido el femenino.

Pero donde vio que no todo era tan igualado fue en el reconocimiento mediático. «Los Juegos se notan mucho sobre todo en la prensa. Ese verano no paraban de hacerte reportajes. Tú no existes hasta ese verano y no existirás después de ese verano». Burgos acudió a los Juegos de Atenas 2004 con 36 años y la cabeza muy centrada en su trabajo. Pero a aquella cita también fue Iván Raña. «Era medalla segura. Su carrera era un día después que la mía, por lo que la crónica del triatlón femenino era la previa del triatlón masculino. Es decir, un breve. Todo era su gran día. Y es verdad que iba a por todas, pero al final hizo su peor carrera en cuatro años y mi séptimo puesto no existió».

Su séptimo puesto es el mejor resultado obtenido por una triatleta española en unos Juegos Olímpicos. El que también consiguió Ainhoa Murua en Londres 2012.

Otra anécdota: «El Europeo de 2003 lo ganamos Iván y yo, pero tuvimos la mala suerte de que echaban a Vicente del Bosque del Real Madrid. Se acabaron los programas sin que apenas nos citaran. No se puede ni se debe pelear contra el fútbol. Es otro mundo. Lo aceptamos. Lo que tenemos es que existir, no pelear. Pero no deberíamos llegar a que del deporte femenino se hable de la parte que no sea deporte. Yo era mis resultados. No lo que estaba desayunando».

«Los Juegos se notan mucho sobre todo en la prensa. Ese verano no paraban de hacerte reportajes. Tú no existes hasta ese verano y no existirás después de ese verano»

ana burgos, triatleta olímpica

Le hubiera costado, reconoce, adaptarse a este mundo de la exposición pública, beneficiosa para conseguir patrocinios, perjudicial para muchas otras cosas. «Si funcionara por los resultados, perfecto, y que cada uno haga lo que quiera. Pero eso pasa más con los hombres. Con las mujeres, además, es porque sea más o menos guapa. Y eso como mujer me repatea. Porque vendes mujer y no resultados. No nos ayuda nada». Sí ayudan sus pasos, sus reivindicaciones y sus éxitos. Como los de Corominas y Usieto, referentes para muchas otras que ya tienen el camino marcado para impulsar nuevas sendas.

Cien años después de aquellos Juegos femeninos ideados por Alice Milliat, Tokio 2020 casi roza la participación paritaria. Pero ojo, España baja su porcentaje de mujeres con respecto a Río 2016, de un 45 a un 42 %. Las medallas se pelean todos los días.

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