El boxeador Emmanuel Reyes. / Efe

Emmanuel Reyes «Ya estoy en el lugar que quería»

El boxeador vivió cuatro meses encerrado en un piso en Moscú, lo metieron en un centro de refugiados en Austria y lo detuvieron en Alemania. Ahora lucha por darle un oro a España

PÍO GARCÍA Enviado especial a Tokio

Emmanuel Reyes Plá nació en La Habana. Aprendió a boxear cuando tenía seis años porque quería defenderse de los matones en el colegio. «No es que yo fuera un alfeñique, pero era demasiado noble. A mí me educaron para ser noble y necesitaba defenderme», dice. Hoy cuesta pensar que nadie le haya podido toser alguna vez a Emmanuel Reyes: un gigantón mulato de 1,95 que boxea como si la vida le debiera algo. A su rival en la ronda preliminar, el kazajo Vassily Levit, que había sido subcampeón olímpico en Río, lo tumbó de un golpe fulminante. Ha sido el único KO registrado hasta la fecha en el torneo. «Está muy bien eso -asiente-, significa que me encuentro física y mentalmente muy bien». Cuando acabó su combate, Reyes estalló en una frase amenazante que ha viajado de titular en titular: «Decían que venía un tifón y aquí está. Vinimos a buscar el oro y vamos a por él. A arrancar cabezas. Vine a buscar mi oro y el que se ponga delante va a caer».

A través del teléfono, la voz de Emmanuel Reyes llega dulce y tropical, pero en el ring saca una furia que lleva muchos años macerando. En el año 2019 tomó la decisión de salir de Cuba y marcharse a España, en donde ya residían algunos parientes. «Buscaba mi prosperidad y la de mi familia. Y también ir a los Juegos Olímpicos», sentencia. En la isla, donde abundan los púgiles, la competencia es extrema y las opciones, muy reducidas. Reyes sentía que le tapaban los huecos. Con esa idea obsesiva en mente, cogió un vuelo hacia Bielorrusia. Luego se las apañó para pasar a Moscú. En la capital rusa permaneció cuatro meses encerrado en un piso con su primo, por miedo a que los encontraran y los mandaran de vuelta. Trazó un plan para entrar en la Unión Europea. Cuando lo tuvo listo, se animó a «brincar fronteras». Acabó en Austria, donde solicitó asilo político. Lo metieron en un campo de refugiados. Se escapó y buscó llegar a España por carretera. Lo detuvieron en la frontera entre Alemania y Francia y lo ingresaron en un centro de inmigrantes. «Me metieron en la cárcel -rebate-, porque eso era una cárcel. De ahí no podíamos movernos ni hacer nada». Sintió desfallecer. «Ese fue el peor momento, creí que no iba a salir de ahí. Pensé que ya no iba a ver más a mis familiares, que no iba a poder ir a los Juegos Olímpicos». Pero dos meses después lo sacaron y lo devolvieron a Austria, el Estado en el que había solicitado oficialmente el estatuto de refugiado. Entonces Emmanuel decidió que no quería seguir dando tumbos y tramitando papelotes: cogió a las bravas un avión con destino a Barcelona y aterrizó en el aeropuerto del Prat. Fue a La Coruña y pudo reunirse con su familia. Luego llamó a la Federación Española de Boxeo y les expuso su caso. Le dijeron que le ayudarían.

El 22 de enero del año 2020, mediante un Real Decreto aprobado por el Consejo de Ministros y firmado por el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, se otorgaba la nacionalidad española a Emmanuel Reyes Plá por «circunstancias excepcionales». La Federación de Boxeo lo había solicitado por entender que su incorporación al equipo podría ser favorable para las aspiraciones de España en los Juegos Olímpicos de Tokio.

«Ya estoy en el lugar que quería», enfatiza Emmanuel. Y esa sensación de haber llegado a una meta tantos años anhelada compensa todas las penalidades por las que ha tenido que atravesar: «Gracias a dios, todos esos sacrificios están mereciendo la pena». El viernes, a las 12.45 (hora española), volverá a subirse al ring del Kokugikan Arena para pelear en cuartos de final contra un cubano, Julio la Cruz, antiguo compañero de selección. «Bien, mejor, sin problema, así ya nos conocemos», asume retador. En La Coruña vive su hijo de seis años y en La Habana reside su madre. Ambos están ahora orgullosos y muy pendientes de sus peleas. «Bueno... A una madre eso no le gusta nunca -matiza-, pero ya se ha acostumbrado». Y a su hijo, Emmanuel, dice que le va a empezar a enseñar a boxear..., «pero solo para que sepa defenderse».