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Tokio 2020 | Vela Diego Botín y Iago López se caen del podio de 49er

El cántabro y el gallego terminaron empatados a puntos con los terceros

ESTER REQUENA

La suerte no estuvo con el cántabro Diego Botín y el gallego Iago López. La pareja española de 49er dependía de sí misma y con un quinto puesto en la 'medal race' aseguraban la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio. Pero no pudo ser. Una salida conservadora le hizo tomar la boya de barlovento sextos y, aunque en la popa remontaron hasta el cuarto, los roles y la bajada de intensidad del viento los llevó en la segunda ceñida hasta el séptimo puesto de la prueba final. El peor resultado posible, ya que quedaron empatados a puntos con los alemanes, que lograban el bronce. Primeros fueron los británicos, que curiosamente también empataron a puntos con los segundos, los neozelandeses.

Desolado al término de la regata, donde su embarcación se quedó clavada ante la de Holanda a solo 20 metros de la meta, Iago López todavía no podía creerse que se les había escapado la medalla el podio. «Ha sido muy duro. Hemos estado ahí hasta la puerta de sotavento, pero varios barcos que fueron a la derecha. Aunque teníamos los otros controlados, estos se nos fueron y perdimos. No controlamos bien al grupo de la derecha. Arriesgaron mucho y les ha ido bien. Podemos estar orgullosos porque hemos hecho un trabajo excepcional, pero el postre no ha salido bien».

«Pensamos que nuestra mejor opción era ir de una maniobra hacia dentro porque ellos tenían que hacer dos maniobras, pero al final entró un poco de presión por el fondo y nos pasaron. Hay que dejar que pase el tiempo para digerir esto y nos plantearemos nuevos retos. Cuando la emoción baje un poquito, podremos mirar adelante mejor», señaló Diego Botín, muy dolido por habérsele escapado la medalla.

Desde el inicio de la competición, Botín y López pusieron las cartas sobre la mesa y se situaron en los puestos de podio de una clase conocida como la fórmula uno de la vela ligera. De ellos no bajarían hasta la fatídica 'medal race'. Cuartos del mundo en el top mundial y plata en el último campeonato del mundo, los españoles ya sabían lo que era navegar una 'medal race' olímpica y la presión que ello conlleva al puntuar doble y no ser descartable. En Río 2016 terminaron novenos, a las puertas de un diploma olímpico que esta vez sí se llevan a casa.

Entonces llegaron a Brasil con apenas un año y medio de preparación. Ambos juntaron sus caminos en noviembre de 2014. Y desde 2015 han logrado situarse el top 10 en 37 de las 40 pruebas que han disputado, aunque su objetivo final siempre ha sido el metal olímpico que en Tokio 2020 se les ha resistido pese a la gran competición realizada estos días en la bahía de Enoshima.

Diego Botín estaba convencido que esta vez podrían «hacer realidad el sueño de la medalla olímpica». López incluso puso el metal en su lista de deseo de los Reyes Magos. Habrá que esperar cuatros años más para que esta pareja de regatistas unan sus nombres a los de los medallistas españoles en 49er: los vascos Iker Martínez y Xabi Fernández, quienes lograron un oro en Atenas 2004 y la plata en Pekín 2008.

Una saga que mira al mar

A sus 28 años, con estudios de Arquitectura Naval, Diego es nieto de Jaime Botín, expresidente de Bankinter entre 1986 y 2002. Sin embargo, tiró para la saga Botín a la que le apasiona el mar. Desde los 7 años quería ser como los regatistas olímpicos españoles a los que veía a diario entrenar en el Centro de Alto Rendimiento en Santander, sede del equipo nacional. Además, su padre, Gonzalo, es armador y campeón del mundo en Class 40, mientras que su tío Marcelino figura como uno de los mejores diseñadores del mundo de barcos, entre ellos el Copa del América de Nueva Zelanda, el 'Luna Rossa' italiano o el 'América Magic' estadounidense.

Por su parte, Iago, con 31 años, se inició más tarde en el mundo de la vela. Con estudios de Ingeniería Naval, no sería hasta los 11 años cuando comenzó su idilio con el mar. Su padre, profesor de tenis, comenzó a dar clases en el club náutico de Portosín y él empezó a moverse por los pantalanes. Compitió en distintas clases hasta que en 2014 recibió la llamada de Diego. Siete años después de duro trabajo fuera han rozado su sueño de una medalla olímpica. Habrá que esperar cuatro años más para que se haga realidad.