Alejandro Valverde. / Stephane Mahe (Reuters)

Juegos Olimpicos de Tokio 2021

El último baile del 'Bala'

A sus 41 años, Alejandro Valverde afronta el sábado en Tokio el reto final de su exitosa carrera; todo el equipo español trabajará para que consiga la medalla olímpica que todavía no tiene

FRANCISCO J. MOYA

Alejandro Valverde debía haber ganado el oro olímpico en Pekín. 2008 era su año, estaba en plenitud, el circuito le venía de cine, el final picando hacia arriba era ideal y, en definitiva, el murciano era el gran favorito. Los italianos lo vigilaron en todo momento, ya que Paolo Bettini era el otro ciclista llamado a llevarse toda la gloria aquel día ante la Muralla china. Así, cuando Samuel Sánchez se marchó del grupo junto a Rebellin, Rogers, Kolobnev y Andy Schleck pocos se sobresaltaron. Error fatal. Midieron mal. El asturiano consiguió el triunfo más importante de su carrera y Valverde, que llegó el duodécimo, entendió que aquello había valido la pena. «Es un oro para España. Es un resultado genial», se conformó entonces. En un quinteto con el murciano, Contador, Sastre y Freire acabó ganando Samuel Sánchez. El tapado de los tapados.

Así son las pruebas de un día. Y solo así se explica que el 'Bala', el mejor deportista murciano de todos los tiempos y uno de los ciclistas españoles más grandes de la historia, no tenga todavía una medalla olímpica. Es lo único que le falta para completar un palmarés de leyenda. Y es lo que va a buscar el sábado en Tokio, en un circuito que se parece al de hace 13 años en Pekín y al que se puede adaptar perfectamente el corredor de Las Lumbreras. En 2008, claro, tenía 28 años. Ahora ha pasado los 41 y no es el principal favorito.

El belga Wout Van Aert, el primer ciclista capaz de ganar una crono, una etapa de montaña y un sprint en la misma edición del Tour de Francia desde que el francés Bernard Hinault lo lograra en 1979, es el principal favorito al oro. Sería raro que se le escapara. Van Avermaet, campeón olímpico de fondo en Río 2016, Evenepoel, Benoot y Vansevenant acompañan a Van Aert en una selección belga que asusta. El esloveno Tadej Pogacar, brillante vencedor del Tour, es la otra rueda a seguir. Su compatriota Primoz Roglic debería trabajar para él. Si cada uno hace la guerra por su cuenta beneficiarán a Van Aert.

Mejores piernas

Alejandro Valverde es la gran baza del equipo español en una prueba que arrancará a las 04.00 horas y cuya llegada está prevista para las 11.00 horas del sábado. Todos tienen claro en la delegación española que manda Valverde. Son sus quintos Juegos y siempre fue uno de los líderes en este tipo de citas. La cosa siempre salió del revés en las Olimpiadas, pero el 'Bala' no se ha rendido jamás. Cada cuatro años lo ha intentado. De hecho, el motivo principal por el que ha pospuesto dos veces su retirada es precisamente su empeño por colgarse una medalla olímpica antes de decir adiós. Ha terminado el Tour y lo ha hecho con mejores piernas que las que mostró en 2020.

Valverde no escurre el bulto y asume con naturalidad que el equipo español para la prueba en ruta de Tokio 2020 se haya montado alrededor de su figura. Le acompañan los hermanos Izaguirre, Ion y Gorka, dos guipuzcoanos acostumbrados a dejarse la piel en la carretera en beneficio de su líder. También trabajará para Valverde el conquense Jesús Herrada y el vizcaíno Omar Fraile. «Los cuatro tienen la misión de ayudar y arropar a Valverde, pero también es verdad que, en un momento dado, los cuatro pueden rematar», explica Pascual Momparler, el seleccionador nacional.

Es el último baile del 'Bala', pero el murciano, auténtico y natural como pocos en el pelotón, no se deja llevar por sentimentalismos. Y se quita la presión de encima. «No me gusta que se me presione de más. Ya sé que la de Tokio no es una carrerucha de pueblo, que son unos Juegos Olímpicos, pero no voy pensando que tengo que conseguir medalla, sí o sí. Si la consigo, muy bien, pero será muy difícil. No voy a ir con más presión de la debida», le soltó a los periodistas el pasado domingo, al terminar su decimocuarto Tour consecutivo. Lo hizo en el puesto vigesimocuarto y casi gana la etapa de montaña con final en Andorra. Se la levantó el estadounidense Sepp Kuss.

Muchos se echaron las manos a la cabeza al ver cómo transcurrían las jornadas y Valverde no se retiraba de la ronda gala. Varios ciclistas de los que el sábado pelearán por la medalla en Tokio dejaron el Tour a medias para guardar fuerzas. El 'Bala' es diferente. «La mejor forma de preparar los Juegos era seguir haciendo etapas en el Tour y llegar a París. Hasta el lunes no salía el vuelo a Tokio y no tenía sentido retirarme porque no iba a hacer nada hasta el lunes», alegó el murciano al respecto.

El recorrido de la prueba de mañana se puede asemejar al de Innsbruck, donde Valverde consiguió el oro en el Mundial en ruta de 2018. Se trata de un circuito muy exigente con casi 5.000 metros de desnivel acumulado y con cinco cumbres. La carrera se romperá previsiblemente hacia el kilómetro 130, cuando arranca la ascensión al monte Fuji Sanroku, que se coronará a 1.451 metros de altitud y a unos 100 kilómetros de meta.

Subida decisiva

La bajada y el terreno rompepiernas posterior serán la puesta a punto para la dura y explosiva subida al Paso Mikuni, seguida por otro paso por Kagosaka, que se corona a 20 kilómetros de meta. La carrera se lanzará ya sin remedio cuesta abajo, para rematar con varios repechos antes del emocionante final en el circuito automovilístico de Fuji.

A Valverde le gusta lo que le han contado del recorrido, que a diferencia de otras ocasiones no discurre por un circuito al que hay que dar varias vueltas. No lo ha podido reconocer hasta estos días, pero le va bien. Sin embargo, huye de la presión y no quiere que los focos apunten a él. El oro, esta vez, parece una quimera. Pero un rápido repaso a la carrera del genial ciclista de Las Lumbreras sirve para darse cuenta de que para él nunca hubo imposibles. Alucinó, por ejemplo, todo el mundo en el Tour de 2005 cuando remató en la cima de Courchevel a un entonces intocable Lance Armstrong. Y nadie contaba con el 'Bala' cuando se impuso en la primera etapa de la ronda gala de 2008. Dio una lección de potencia y fuerza en la empinada recta de meta de Plumelec y se vistió de amarillo en el Tour.

Una vida entera ganando

Cuando ganó por vez primera en el muro de Huy, en 2006 por delante de Samuel Sánchez y Karsten Kroon, nadie imaginó que hasta en cinco ocasiones se iba a llevar la Flecha Valona. Hoy, en las Ardenas, Valverde es una leyenda absoluta, al nivel de Eddy Merckx. Algo parecido ocurrió con la Lieja-Bastoña-Lieja, una clásica vetada para el ciclismo español hasta que este descarado murciano le robó la cartera en 2006 a los italianos Paolo Bettini y Damiano Cunego.

Años más tarde repitió éxito tres veces más, privando de un triunfo en Lieja a ciclistas de la talla de Davide Rebellin, Purito Rodríguez, Julian Alaphilippe, Daniel Martin, Vincenzo Nibali, Rui Costa o Michal Kwiatkowski. Ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Es lo que siempre ha hecho Valverde, quien se quitó la espina en el Mundial de Innsbruck de 2018. Parecía que el maillot arcoiris no llegaría nunca. Pero llegó. Y fue tras dos platas y cuatro bronces mundialistas.

El Dauphiné de 2008, la Vuelta a España de 2009, el Tour Down Under de 2012, la Clásica de San Sebastián en 2008 y 2014, la Volta a Cataluña en 2009, 2017 y 2018 y la Vuelta al País Vasco de 2017 son otras notables victorias que brillan en un palmarés envidiable. ¿Por qué no un último baile en Tokio? El 'Bala' todavía no se ha ido.