Crouser celebra el resultado. / afp

Tokio 2020 | Lanzamiento de peso

Crouser lidera el espectáculo de la final de peso

Establece la segunda mejor marca de todos los tiempos en un concurso de un nivel altísimo

IGOR BARCIA Enviado especial. Tokio

Es una de las grandes finales del atletismo por méritos propios. El lanzamiento de peso se ha ganado ese honor por una generación de atletas liderada por Ryan Crouser y reforzada por Joe Kovacs y Tomas Walsh que han convertido cada competición en un espectáculo para los aficionados. El estadounidense Crouser puso la disciplina en lo más alto con ese récord del mundo en los trials, con un 23.37 que borraba 31 años de liderazgo de Randy Barnes. Y hoy ha cuajado un concurso estelar, con plusmarca olímpica (23.30) que es la segunda mejor marca de todos los tiempos, y una serie de lanzamientos por encima de los 22,80 que da la sensación de ser lo más sencillo del mundo. Pero son marcas que a día de hoy están al alcance de dos rivales, Kovacs y Walsh, que hoy han vuelto a rendir a un nivel altísimo pero sin poder inquietar a la gran estrella de la especialidad. Porque Kovacs ha finalizado con 22.65 y el neozelandés con 22.47, marcas que les harían pelear por la victoria en cualquier concurso de cualquier gran competición. Es el momento de esta disciplina, donde la mayoría han abandonado el lanzamiento lineal para aplicarse en el rotatorio con unos resultados evidentes.

El flechazo de Crouser con el lanzamiento de peso viene de lejos, desde niño. Viendo lo que tenía en su familia, era sencillo pensar que saldría lanzador. Su padre Mitch fue suplente en el equipo de disco de Estados Unidos en los Juegos de 1984. Su tío Brian se clasificó para los Juegos Olímpicos dos veces en jabalina y su otro tío Dean fue campeón nacional en lanzamiento de peso y disco en Oregon. Los primos de Crouser, Haley y Sam, compitieron a nivel universitario y Sam finalmente llegó a los Juegos de Río 2016 en jabalina.

Crouser, durante unos de sus lanzamientos. / AFP

Cuando iba al colegio en las afueras de Portland, Crouser entrenaba todos los días y empezó a ver viejos vídeos para estudiar los lanzamientos de leyendas como Ulf Timmermann y Randy Barnes, de quien se hartó de ver ese récord del mundo que le tenía obsesionado y que logró batir el pasado mes de junio, con un excepcional lanzamiento.

Pero no fue sencillo, porque en las últimas temporadas todos estaban convencidos de que Crouser tenía ese lanzamiento en el cuerpo pero no llegaba. El estadounidense entrenaba y sabía que estaba listo, pero en las competiciones se agarrotaba al punto de quedarse siempre lejos de esa marca de Barnes que se mantenía en su cabeza. «Cada vez que traté de romper ese récord, no sucedió», dijo Crouser en una entrevista. ·Te dedicas y trabajas y trabajas y trabajas. Y cuando piensas que está ahí, te explota en la cara».

Sin embargo, en los trials de junio se sintió diferente. Estaba relajado y suelto. Al principio del evento comenzó con un lanzamiento estático para asegurarse la clasificación de cara a los Juegos, pero su gran marca le dijo que era el día. Después, con su familia en las gradas, a los que no había visto el último año por culpa de la pandemia, batió ese récord del mundo con el que tantos y tantos días había soñado desde pequeño. Fue una liberación para Crouser, que hoy ha estado a punto de batirlo en el Olímpico de Tokio, el escenario donde se ha coronado campeón olímpico.