Diego Pablo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid. / reuters

Análisis

Simeone toca fondo más solo que nunca

Consumado el fracaso europeo, el técnico argentino se aferra al cargo, convencido aún de que puede reconstruir su obra mientras los dirigentes se ponen de perfil y los jugadores se acostumbran a perder sin derrochar coraje y corazón

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Madrid

Eliminado de la gran Europa y hasta de la segunda división continental a principios de noviembre, lo que supone un fracaso sin precedentes en la era cholista, el desnortado técnico argentino vive sus horas más bajas en el Atlético. Desastre deportivo, varapalo económico del club, con pérdidas que rondarán los 25 millones tras el batacazo continental y que obligan a vender en el mercado invernal, resultados pésimos y evidencias de depresión que se trasladan también a la competición doméstica, donde los colchoneros se hallan tras solo doce jornadas a nada menos que nueve y ocho puntos de Real Madrid y Barcelona, respectivamente, tras caer con estrépito en el Nuevo Mirandilla de Cádiz.

Simeone ha tocado fondo y se encuentra más solo que nunca, sin el apoyo incluso de una afición que antes le tenía como un Dios y este curso ya no sigue su coreografía tribunera y se muestra cada día más indiferente. Aunque de puertas hacia el exterior nadie osa poner ni siquiera en entredicho su continuidad, en los pasillos de la zona noble del Metropolitano cada vez discuten más sus planteamientos.

Su relación con Miguel Ángel Gil Marín está enquistada, tal y como se puso de manifiesto cuando Griezmann no era titular por una razón contractual y el Cholo vino a decir que recibía órdenes, tampoco sintoniza como antaño con Andrea Berta, el director deportivo que por ejemplo aceptó traspasar a Lodi y fichar a Reguilón lesionado (el canterano del Real Madrid aún no ha debutado de rojiblanco), y lo peor de todo es que cada vez desertan más soldados del ejército cholista.

¿Le están haciendo la cama a Simeone los jugadores con Joao Félix a la cabeza? Sería lanzarse piedras sobre su propio tejado, pero la actitud de la plantilla es irreconocible. Nada queda de ese equipo intenso, rocoso, duro de roer, letal a balón parado, dominador de las áreas y que, como exige el himno del Atlético, derrochaba coraje y corazón partido a partido. «Perdimos todos los duelos, las segundas jugadas...», confesó Josema Giménez tras perder en Oporto (2-1).

Consumada la caída, destacó por encima de todas la imagen de Joao Félix solo en el banquillo, mordiéndose las uñas y enfilando poco después el camino hacia los vestuarios mientras sus compañeros aplaudían a los 1.500 fieles congregados en el templo Do Dragao. Una más del 'menino' fiestero, que mostró brotes verdes en Cádiz pero de nuevo no respondió a su titularidad.

Griezmann, su principal valedor

Antoine Griezmann, el principal valedor del Cholo, fue muy explícito en Oporto cuando instó a marcharse a todo aquel que no comulgue con el catecismo cholista. «No merecemos ni pasar a octavos ni a la Liga Europa. Ahora, apretar el culo, trabajar, cerrar la boca y luchar. Somos un equipo incómodo si nos lo creemos y remamos todos en la misma dirección. Estamos aquí a sus órdenes para trabajar con él (por Simeone), que es un orgullo, y para jugar con este club, pero hay que demostrarlo luego en el campo. A seguir al entrenador y ya está. Esto es el Atleti. Hay que luchar, trabajar... Y si no, fuera», espetó el Principito, sin ambages, en Movistar.

La plantilla está sobrevalorada, al ser corta, con limitaciones en el centro del campo y problemas recurrentes atrás que afectan incluso a Savic y Giménez, intocables cuando están sanos, pero es superior a la del Leverkusen, el Brujas y seguramente el Oporto, sus tres rivales en la Champions y frente a los que el Atlético solo ha ganado un partido. El equipo está desubicado, sufre constantes cambios de sistema, llega tarde a las disputas y actúa siempre en el alambre. Cada compromiso es un tobogán de emociones y finales imprevisibles.

La plaga de lesiones musculares, como las que sufren a día de hoy Koke y Marcos Llorente, fijos en las listas de Luis Enrique para la selección, se achacan a un calendario terrible en este año de Mundial y a un déficit en la preparación física que deja al Profe Ortega señalado. Sin embargo, ultima con el club el permiso para trabajar con la selección de Uruguay durante el certamen qatarí.

Ante esta situación, en el club se manejan con calma. Equilibrio y estabilidad para unos, inacción alarmante para otros críticos. Nadie se atreve a poner punto final a la etapa de Simeone por varios motivos: tiene contrato hasta 2024 y un sueldo cercano a los 25 millones al año, el mayor en la historia del fútbol; existe un miedo atroz al vacío del poscholismo, aunque suenen nombres de técnicos tan experimentados como Luis Enrique y Marcelino García Toral; el argentino es el mejor escudo posible que pueden tener los dirigentes porque todo gira en torno al Cholo; y por último, también hay que tener en cuenta que se trata del entrenador más exitoso en la historia del Atlético, con ocho títulos conquistados y dos finales de Champions disputadas, y que se ha ganado el derecho a decidir.

El Cholo, mientras tanto, asegura que es «cabezón» y nunca mostró tan claro en público como ahora que deseo de continuar. Está convencido de que puede reconstruir su obra y no acepta abandonar el barco cuando navega a la deriva.