Simeone realiza un triple cambio en San Mamés para dar entrada a Joao Félix, Lemar y Suárez. / ep

Simeone, principal señalado por el desplome del líder

El técnico argentino se muestra incapaz de gestionar una ventaja histórica en la Liga de la pandemia por su tendencia a conservar en los momentos decisivos, rotar solo por obligación y desgastar a sus jugadores

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Madrid

El correcaminos Koke Resurrección, capitán del Atlético, se quedó tirado sobre el pasto de San Mamés cuando Iñigo Martínez selló la victoria del Athletic de certero cabezazo, a la salida de un córner. Faltaban dos minutos para el final, más el descuento, y el líder perdía media Liga a balón parado, después de haber sufrido para conseguir al menos un punto en La Catedral. No había capacidad de reacción. Acabado el choque, los gestos de los madrileños reflejaban la profunda tristeza por una gran pérdida. El típico panorama desolador tras una final perdida.

Si por algo se ha caracterizado el equipo del Cholo Simeone desde el aterrizaje del técnico argentino, camino ya de diez años, es por su capacidad para reponerse de las derrotas más duras, sobre todo esas dos finales de Champions perdidas por el Real Madrid. Ahora, en cambio, sigue dependiendo de sí mismo para coronarse pero ofrece signos de agotamiento físico y mental, y un nivel de juego vulgar, impropio de un campeón. Tras perder una renta única de diez puntos, con un partido menos sobre Barça y Real Madrid, y de sumar solo 23 puntos en los 14 partidos jugados de la segunda vuelta, parece la crónica de una muerte anunciada. Desde que el Levante asaltó el Metropolitano, el 20 de febrero, las certezas se transformaron en dudas.

«Nosotros vamos a seguir peleando hasta el final, quedan cinco partidos y tenemos que ganar los cinco porque confiamos en nosotros y creemos que lo podemos hacer», remarcaba el propio Koke tras resucitar al equipo de Marcelino García Toral. En caliente, no le daba importancia, o no recordaba, la racha de cuatro partidos a domicilio sin ganar, con empates ante Getafe y Betis y derrotas frente al Sevilla y el Athletic.

Fuerza mental

Simeone, aturdido, confesaba su malestar por haber desaprovechado por completo el primer tiempo. «El que tenga más fuerza mental será el que se lleve la Liga», sostenía, sin mayor profundidad en las respuestas, mientras recibía reproches. Se le criticó la alineación, la misma de los recientes choques ante Eibar y Huesca salvo el sancionado Giménez, un primer período nefasto en el que los leones ganaron todos los duelos físicos a los indios, y cierta sensación de conformismo cuando Savic firmó el empate, quedaba un cuarto de hora para el final y el Athletic parecía entregado.

Coronavirus, lesiones clave como las de Luis Suárez, Joao Félix o Lemar, bajones físicos y el desgaste de ir casi todo el campeonato en cabeza son algunas de las causas del hundimiento del Atlético, pero no caben excusas. No hay público en los estadios, pero en las redes sociales la afición del Atlético apunta de forma mayoritaria a Simeone como principal responsable.

Se le acusa de haber dado pasos hacia atrás a medida que el título se acercaba, de rotar solo por obligación, de agotar a jugadores como Marcos Llorente, Koke o Correa y de no sacar más partido a suplentes habituales como Kondogbia, Vitolo o el ariete Moussa Dembélé. También, de haber fracasado en la Copa, donde cayó ante el Cornellà, y de no competir ni siquiera en el primer cruce de Champions ante el Chelsea. Con doce o trece jugadores, es imposible ir a la guerra toda la temporada, y más en tiempos de pandemia y de un calendario terrible.

Si en la primera vuelta el Atlético actuaba igual de local y de visitante, tras el ecuador del campeonato todo cambió. Antes arrasaba todo terreno de juego que pisaba, pero ahora sufre. Como si se hubiese quedado sin gasolina, jugar lejos del Metropolitano le cuesta un mundo. De los últimos 18 puntos en juego ha perdido 11, algo impropio de un campeón de Liga.

Era casi imposible mantener el nivel mostrado durante los primeros meses, con 50 puntos en una primera vuelta de ensueño, pero en algunos casos no hay rastro del futbolista que se vio. Le cuesta hacer gol al Atlético, pero el problema es que defiende mucho peor en bloque bajo que si presiona alto. Llegó a San Mamés después de dos partidos sin encajar, pero tanto el Eibar como el Huesca pudieron adelantarse en los primeros minutos. Cada vez le generan más ocasiones de gol. Nueve goles solo recibió en sus 19 primeros partidos y 13 en los últimos 14.