Xavi Hernández, antes de la eliminación del Barça en el Europa League. / EP

Análisis

El Barça se acostumbra a la derrota

El equipo azulgrana ha sido eliminado en cuatro ocasiones este curso en eliminatorias

DANIEL PANERO Madrid

El Barcelona rubricó el jueves una nueva decepción. El conjunto que dirige Xavi se vio superado en todo momento por el Eintracht de Fráncfort y terminó por claudicar en un Camp Nou blanco de estupor y de la masiva llegada de aficionados germanos. Es la cuarta decepción en eliminatorias en una sola temporada. La Champions League, la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Europa League han dejado en evidencia a un equipo al que le cuesta competir cuando más quema la pelota, en los duelos a vida o muerte.

«Mazazo tras mazazo. Es una decepción muy grande. Es una pena porque teníamos esperanzas en esta competición», afirmó Xavi en la rueda de prensa después de ser eliminado por el Eintracht. Las palabras del catalán son las de un técnico que ha asistido desde la distancia y después de primera mano a todos y cada uno de los varapalos culés esta temporada. Desde la salida de Messi hasta la última debacle en la Europa League. La campaña de los blaugranas ha estado marcada por los mazazos y la vuelta ante el Eintracht es el último capítulo de una serie de catastróficas desdichas.

El primer adiós culé esta temporada a una competición se fraguó en un santiamén. El Bayern visitó el Camp Nou en la primera jornada de la Champions y puso en relieve la depresión azulgrana 'posMessi'. Aquel día empezó a caer el Barça en la máxima competición continental y no hubo reacción en el doble enfrentamiento ante el Benfica y mucho menos en el Allianz Arena. Ya con Xavi en el banquillo, el Barça se despidió a las primeras de cambio de un título en el que prácticamente no había puestas esperanzas. «En Champions no se pueden esperar milagros», llegó a decir Ronald Koeman tras la debacle ante los de Múnich. La derrota ya entraba en los planes.

Y más que iba a entrar. El mercado de invierno reflotó la nave blaugrana pero, sin tiempo para digerir los cambios, llegaron dos compromisos de altura para los que el Barça no estaba preparado. La Supercopa de España fue como un regalo de Reyes Magos con el nuevo año. La ocasión era pintiparada, un clásico ante el eterno rival, con la oportunidad de presentar los nuevos fichajes y de lograr un triunfo balsámico. Aquel día los de Xavi compitieron ante un gran rival como no lo habían hecho en todo el curso e incluso forzaron la prórroga pero la moneda volvió a salir cruz. El Barça, aun así, se daba por satisfecho. «Este partido nos hace estar orgullosos de nosotros mismos. Si hay que perder de alguna manera, que sea como lo hemos hecho hoy», dijo Xavi.

La Supercopa dio paso una semana después a una Copa del Rey en la que el guion iba a ser muy similar. El Barça tenía otra eliminatoria, la tercera clave para reivindicarse, y una vez más la fortuna volvió a ser esquiva. San Mamés se engalanó para uno de los mejores partidos de la temporada con los dos reyes de Copas jugando un partido crucial para ambos. Era la penúltima bala para los de Xavi y los culés jugaron con esa sensación en el alambre muchos minutos. Ni siquiera el gol de Ferran Torres, el primero como blaugrana, ni el impulso de un tanto heroico de Pedri que forzó la prórroga fue suficiente para tumbar a un Athletic que creyó como siempre lo hace en su competición favorita. Era el tercer «mazazo» para un equipo que todavía iba a tener fuerzas para levantarse.

Esos dos partidos con prórroga fraguaron un Barcelona insurrecto que despertó en 2022 con una racha triunfal en Liga. Nadie ha sumado más que ellos en la competición doméstica, pero el Barcelona aún mantiene parte de las debilidades que tanto han castigado al equipo esta campaña. El Eintracht vio esa fragilidad en la Europa League y dobló la apuesta. Los de Oliver Glasner adaptaron su sistema para robar balones y salir como flechas. El plan le funcionó al técnico austríaco y el resultado fue el cuarto KO de la temporada, el póker de decepciones impensable en un equipo acostumbrado hasta hace muy poco a la victoria. Hoy el panorama es bien diferente.