Los futbolistas del Real Madrid celebran el pase a la final de la Champions. / Javier Soriano (Afp)

Análisis

La vieja aristocracia futbolística acogota a los clubes-Estado

La final de la Champions que disputarán Real Madrid y Liverpool el 28 de mayo en París refrenda la supremacía del antiguo régimen ante la pujanza de los nuevos ricos

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

El peso de la historia ha vuelto a imponerse en la presente edición de la Champions. Real Madrid y Liverpool repetirán por tercera vez, el 28 de mayo en el parisino estadio de Saint-Denis, una final de la máxima competición continental que cayó del bando 'red' en 1981 con un gol de Alan Kennedy en el duelo que acogió el Parque de los Príncipes frente al 'Madrid de los García', pero que se inclinó del lado blanco hace cuatro años en el Olímpico de Kiev con la inolvidable chilena de Gareth Bale y las cantadas del germano Loris Karius.

Habrá, por tanto, desempate entre dos de los equipos que mayor lustre han dado a la antigua Copa de Europa, mientras en la cuneta se quedaban los clubes-Estado, acogotados de nuevo por la vieja aristocracia futbolística, cuya supremacía, superada la amenaza que representó la pugna que libraron el pasado curso Chelsea y Manchester City en Oporto, resiste a la pujanza de los nuevos ricos.

El indomable Real Madrid, al que muy pocos situaban a comienzos de temporada en la terna de favoritos a levantar la 'orejona', se ha erigido en el máximo valladar del antiguo régimen ante el órdago de las potencias emergentes. La escuadra de Carlo Ancelotti descoyuntó en octavos al PSG, decapitó en cuartos al Chelsea y descabalgó en semifinales al Manchester City con tres heroicas y agónicas demostraciones de que el escudo y la tradición pueden ser factores más decisivos que los petrodólares.

A su lado, otro defensor de las añejas esencias como es el cuadro de Anfield, sostenido por sus seis Copas de Europa y una pléyade de figuras instruidas por sus ilustres antecesores en el carácter irredento que permea cada poro de la entidad de Merseyside y del que opera como correa transmisora una hinchada que, como la del Real Madrid, nunca deja caminar solo al conjunto de sus amores, sino que lo impulsa con el latido al unísono de miles de corazones. La capacidad para conmover del 'You'll never walk alone' es equiparable al poder intimidatorio del Santiago Bernabéu, epicentro de tres terremotos que han hecho reverberar al orbe.

Será la decimoséptima final de la Champions para el Real Madrid, que tiene un porcentaje de éxitos del 81,25% en estas lides con trece conquistas, y la décima del Liverpool, que ha ganado seis y perdido tres. La quinta como técnico para Carlo Ancelotti, que tras disputar tres y ganar dos al mando del Milan, afrontará la segunda timoneando al conjunto de Chamartín, al que catapultó a la 'décima' en 2014, lo que le permite superar el escalón de cuatro que registraron Marcelo Lippi y Alex Ferguson, a los que este año se unirá Jürgen Klopp.

El teutón perdió una con el Borussia Dortmund y otra con el Liverpool, pero se coronó en 2019 en Madrid batiendo al Tottenham en el pleito decisivo al frente de los 'reds'. Ahora capitanea una máquina temible, pero que ha tenido un sendero más cómodo en la fase de eliminatorias que el Real Madrid. El Inter, en octavos; el Benfica, en cuartos; y el Villarreal, en semifinales, fueron las víctimas de los británicos, mientras los blancos defenestraban al vigente campeón de Europa y a los dos principales candidatos a comienzos del curso en una cadena de remontadas esquizofrénicas que han sacudido los cimientos de los tres clubes que tienen –o tenían, en el caso del Chelsea- fondos ilimitados de dudosa procedencia que, sin embargo, no sirven como argamasa para asaltar el trono continental.

La heráldica achanta a la chequera

El PSG lleva más de una década fracasando en sus reiterados intentos por hacerse con un cetro que ha burlado una inversión de más de 1.400 millones de euros desde que el capital catarí inunda la ciudad de la luz. Su tope en la Champions lo registró en el curso 2019-20, cuando sucumbió ante el Bayern de Múnich en la final celebrada en Lisboa. Unas semifinales, cuatro presencias en cuartos de final y tres en octavos acaban de glosar su periplo en el torneo como acaudalado postulante sin recompensa.

El Manchester City, que ha gastado 1.081,9 millones de euros desde que Pep Guardiola asumió el banquillo 'citizen' en el verano de 2016, tiene como techo el subcampeonato del pasado año, cayendo una vez en semifinales, tres en cuartos y una en octavos en sus restantes comparecencias a la vera del preparador catalán.

Mejor suerte ha corrido el Chelsea, que abrochó dos Champions con el oligarca ruso Roman Abrámovich como propietario. Dos excepciones que confirman la regla en un último decenio que ha visto entronizarse al Real Madrid en cuatro ocasiones, al Bayern de Múnich en dos y a Barça y Liverpool en una. Sus longevas y reputadas heráldicas siguen achantando a quienes se amparan en la chequera para dinamitar el 'statu quo'.