Hans-Dieter Flick levanta la Copa de Europa en el estadio Da Luz en Lisboa. / AFP

Análisis

El clásico Bayern triunfa con un fútbol de riesgo

Con dos pilares, Neuer y Lewandowski, el nuevo campeón de Europa fue tan atrevido al nombrar técnico a Flick como es el equipo en el campo

Amador Gómez
AMADOR GÓMEZ Madrid

Siete años después de conquistar el que hasta el domingo era el primer y único triplete de su historia, con Jupp Heynckes en el banquillo, el Bayern de Múnich ha vuelto a triunfar en Europa y a repetir ese hito con un fútbol de auténtico riesgo. El clásico Bayern que ha impedido un cambio de orden en el fútbol continental y el asalto de un nuevo rico al trono fue tan atrevido en noviembre al nombrar como entrenador al 'interino' Hans-Dieter Flick para sustituir al destituido Niko Kovac como lo es el poderoso equipo alemán sobre el terreno de juego.

Una máquina física, técnica y táctica que, sostenida por dos pilares, Manuel Neuer y Robert Lewandowski, al igual que el Real Madrid reinó en Europa con Iker Casillas y Cristiano Ronaldo, ha firmado una Champions inmaculada. Con pleno de 11 victorias en otros tantos partidos, nueve de ellos con al menos tres goles marcados, la mayor humillación infligida nunca antes al Barça (2-8) y un mentalidad ganadora indestructible.

Con una incansable presión adelantada que supone un peligro con tantos espacios atrás, y más si en la final enfrente están Neymar y Mbappé, pero ante dos de los mejores delanteros del mundo el Bayern también exhibió solidaridad, espíritu de equipo y el típico carácter germano, potenciado por un técnico que ha sabido combinar veteranos con jóvenes talentos. También por unos dirigentes que, pese a que esta vez no tuvieron paciencia al despedir a un entrenador a mitad de temporada, nunca tienen prisa por construir proyectos.

«Lo que fue genial fue ver cómo el equipo jugó, ya que mucha gente se preguntaba cómo el Bayern se defendería del impresionante ataque del PSG. Hicimos un muy buen trabajo en ese aspecto. Trabajamos defensivamente hasta el minuto 92, cuando Lewandowski estaba persiguiendo el balón, algo increíble. Fue una actuación completa del equipo», se congratuló el entrenador del nuevo campeón de Europa tras una final de jerarquía del experto y disciplinado Bayern.

Cinco de los futbolistas que ganaron en Lisboa la insólita Champions 2020 del coronarivus también se adjudicaron la Copa de Europa de 2013 ante el Borussia Dortmund: Manuel Neuer, David Alaba, Jerome Boateng, Javi Martínez y Thomas Müller. Excepto el jugador navarro, que no jugó la final en la capital lisboeta pero ha disputado siete partidos en Europa esta temporada, todos los demás repitieron en el once contra el París Saint-Germain, aunque Boateng tuvo que retirarse lesionado. Y la gran sorpresa de Hansii Flick fue Kingsley Coman, un canterano del PSG precisamente autor del gol de la victoria en una final en la que el Bayern exhibió, salvo contundencia ofensiva, las virtudes de equipo dominador y hegemónico para adjudicarse su sexta Copa de Europa.

Kimmich y Müller, decisivos

También ha conseguido Flick que resurja Neuer, que solo ha encajado ocho goles en esta Liga de Campeones y volvió a engrandecerse en la final, donde extrañamente se quedó sin marcar Lewandowski después de haber visto puerta el polaco en nueve partidos anteriores (15 tantos en once encuentros). Como segundo goleador, Serge Gnabry (nueve dianas) y Thomas Müller (cuatro), por delante de, entre otros, el todavía jugador del Barcelona cedido al gigante bávaro, Philippe Coutinho, y Kingsley Coman. El Bayern ha firmado una media de 4,4 goles a favor y otros cuatro futbolistas ha sido artilleros: Ivan Perisic, Corentin Tolisso, Joshua Kimmich y Leon Goretzka.

Dos de las principales apuestas de Hans Flick han sido Kimmich -decisivo con su asistencia para coronar rey de Europa al Bayern- y Müller, con goles clave también en la gran competición y un veterano más recuperado para la causa por el entrenador, para potenciar el ataque demoledor de un bloque que presume de profundidad de banquillo. Y sin necesidad de gastarse los 1.200 millones de euros que ha invertido el PSG en los últimos nueve años para acabar frustrado en Europa el año que soñaba con que, con una 'final a ocho', sin eliminatorias de ida y vuelta, podía tener una oportunidad única, una vez apartados del camino el Liverpool y el Manchester City.