Dalian Atkinson, en un partido entre la Real Sociedad y el Real Madrid. / Archivo

Inglaterra

El jurado del caso Atkinson desmenuzará un minuto fatídico

El abogado del policía acusado de su muerte señala que los patólogos difieren y que la cuestión es si actuó por rabia o por temor

IÑIGO GURRUCHAGA LONDRES

La defensa del policía Benjamin Monk, acusado del asesinato, u homicidio, de Dalian Atkinson, afirmó a los miembros del jurado en la vista de este miércoles que deben preguntarse si es «razonable o justo» que se condene a su defendido por lo que habría ocurrido durante el último de los seis minutos que duró el incidente. El testimonio de los testigos siguió a la exposición inicial de los abogados.

El abogado Patrick Gibbs, en una breve exposición de los asuntos que tendrá que decidir el jurado, explicó que las dos partes están de acuerdo en que la respuesta de los dos policías, Monk y Mary Ellen Bettley-Smith- desde la 1:36 del lunes 15 de agosto de 2016, cuando llegaron a la vivienda del padre del exfutbolista de la Real Sociedad, hasta la 1:45, cuando Monk disparó su tercera descarga eléctrica- fue legal.

La Fiscalía afirma que los delitos que se les imputan ocurrieron entre la 1:45 y la 1:46, cuando llegó la unidad de policías armados que habían solicitado como apoyo. «Durante seis semanas analizaremos con gran detalle esos seis minutos», explicó Gibbs. El abogado subrayó la dificultad de hacerse una idea exacta de lo sucedido en esos momentos y adelantó los dos argumentos centrales de su defensa de Monk.

La fiscal, Alexandra Healy, culminó en el inicio de la vista el relato de los hechos y adelantó las deducciones forenses. Recordó que los policías, Monk con diez años de experiencia, y su colega y entonces pareja Bettley-Smith, aún en estado de prueba, acudieron al domicilio del padre de Earnest Atkinson tras recibir una llamada urgente de los vecinos, alarmados sobre el griterío en la casa.

Monk le disparó con la pistola eléctrica cuando Dalian salió de la casa y avanzó hacia él. No surtió efecto. Atkinson se alejó corriendo. Monk le disparó de nuevo sin efecto. Atkinson regresó a la puerta de la casa de su padre y rompió un cristal de la puerta. Atkinson dijo a los policías que los iba a a enviar «a las puertas del cielo». Monk le disparó de nuevo y Atkinson cayó en la carretera.

Vínculo

La fiscal cree que los disparos adicionales y los golpes de los policías no se debieron al temor, sino a su rabia por haber sido aterrorizados. Era un hombre inmenso y amenazador, dijo Bettley-Smith en su primer interrogatorio. Monk le ordenó que pidiese refuerzos armados mientras intentaba reparar su pistola eléctrica. Monk le dio patadas en la cabeza y Bettley-Smith porrazos, porque creyeron que intentaba ponerse en pie. Si fueron producto del temor o de la rabia será un asunto fundamental del juicio, según Gibbs.

Otra cuestión fundamental será el contraste de la opinión de los patólogos forenses. Los consultados por la Fiscalía han llegado a la conclusión de que las repetidas descargas de las pistolas eléctricas -seis en total- y las patadas y golpes a un hombre que estaba ya inconsciente, habrían añadido gran estrés. Fueron una «contribución significativa» en la parada cardíaca que sufrió un hombre con un corazón hipertrofiado y una insuficiencia real aguda. Gibbs adelantó que los patólogos de la defensa no ven una vinculación tan firme.

Tras la exposición de los hechos y los cargos por la Fiscalía y del breve sumario de los argumentos de la defensa, comenzaron a desfilar los testigos. Karen Wright, pareja de Atkinson, le describió como angustiado por sus problemas de salud y el tratamiento que estaba recibiendo. Confirmó que decía cosas inusuales, excéntricas -sobre sus padres, sobre sí mismo o sobre el mundo- en las horas anteriores al incidente. Una vecina llamó a la Policía cuando le vio patear la puerta de su padre.