Honor y amore

ALICIA GIMÉNEZ BARTLET

El fútbol en Italia se llama 'calcio' y creo que para los italianos es más importante que el fútbol para los españoles, que ya es decir. Por eso, cuando se trata de jugar contra su selección, cualquier rival sabe que son palabras mayores y la cosa debe tomarse con absoluta seriedad. Es un encuentro que impone. Si encima, uno de los contrarios se llama Chiesa (Iglesia) y otro atiende por Insigne (no hace falta traducir), los componentes externos al puro juego, indican una gran magnitud. Pues bien, la selección de nuestro país no se dejó impresionar, jugaron, fueron a por todas y merecieron ganar. Eso ya lo saben ustedes y ningún periódico nacional o internacional se ha atrevido a ni siquiera insinuar otra interpretación.

Después de una ojeada por la prensa, llaman la atención otro tipo de comentarios: el buen criterio del seleccionador convocando a gente joven, cosa que fue muy cuestionada al principio, la calidad al parecer extraordinaria de Petri, el jersey un tanto desmadejado de Luis Enrique (siempre hay comentaristas frívolos)… Buen rollo general, y yo creo que esa fue la tónica del partido: el buen rollo. No hubo entradas asesinas, ni protestas sangrantes, ni enfrentamientos a cara de perro entre jugadores. Todo como una seda. Cuando llegó el fatídico turno de penaltis, los porteros de ambos bandos se abrazaron, para evidenciar que paradójicamente compartían la misma responsabilidad, se comprendían. Fue bonito. Luego pasó lo que pasó y es que tampoco se le pueden pedir siempre peras al Olmo (que levante la mano quien no haya pensado en el chiste fácil). Pero, milagros del fútbol, el buen rollo siguió después de la derrota española. Mancini elogió y felicitó a nuestro equipo de un modo que no parecía rutinario o simplemente cortés. Luis Enrique hizo lo propio y además dijo sentirse orgulloso de sus muchachos. Todo eran flores y violines de fondo. Lo más divertido: Chiellini embromando a Jordi Alba, que alucinaba, y achuchándolo después como si fueran amiguetes de toda la vida. Este italiano está como una maldita cabra, pero ojalá todos los jugadores del mundo tuvieran siempre esa actitud achuchil y juguetona.

Al fin y al cabo, como dijo Luis Enrique, esto es deporte, es un juego en el que se gana o se pierde, sin más. Los diarios españoles no piensan lo mismo y destacan el «honor» español. Los italianos van incluso más allá declarando: «Dios es italiano». ¡Hombre, no nos pasemos, si hasta el Papa habla español! Ha jugado el Sur contra el Sur, eso sí es una realidad, y han dejado claro que en el campo había adversarios pero no enemigos. Felicidades a todos, ha ganado el fútbol, una vez más.