Roberto Mancini y Gianluca Vialli.

Mancini y Vialli, los 'goleadores gemelos' que inspiran a Italia

Son amigos desde adolescentes y el seleccionador nombró a Gianluca jefe de expedición de Italia al conocer su conmovedora lucha contra un cáncer de páncreas | Crecieron juntos en la mejor Sampdoria de la historia, perdieron en Wembley la final de la Copa de Europa ante el Barça de Cruyff y fueron semifinalistas con la 'Azzurra' en la Eurocopa-88 y el Mundial de Italia-90

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKO Enviado especial. Londres

Roberto Mancini y Gianluca Vialli, ambos de 56 años, se profesan admiración desde hace cuatro décadas, cuando coincidieron como adolescentes en Coverciano, cuartel general de la 'Azurra' en todas sus categorías. Juntos protagonizaron los mejores años en la historia de la Sampdoria y sufrieron esa final de 1992 en la que el Barça de Johan Cruyff se coronó por primera vez campeón de Europa con ese tiro libre de Ronald Koeman en el viejo Wembley de las 'torres gemelas'.

Ahora trabajan juntos en la moderna Italia que el martes se mide a España por un puesto en la final de la Eurocopa. Mancini es el jefe, el entrenador, el tipo que ha cambiado la mentalidad de esta selección alejada de los valores del 'catenaccio' con un un juego mucho más actual y versátil, bastante similar a España. Vialli, jefe de expedición de Italia fichado por orden de Mancini, representa mucho más que un cargo institucional. Es el símbolo de esta ilusionante Italia, el inspirador, el tipo que con su sola presencia encarna todos los valores de esfuerzo, rebeldía y superación que exige el deporte de alto nivel.

Wembley es un lugar especial para ellos. Allí perdieron esa Copa de Europa, pero pueden ser campeones con la 'Azzurra'. Su abrazo de la liberación en el templo inglés, con la boca abierta y los ojos iluminados por la emoción, tras apartar del camino a Austria en la prórroga de octavos, dio la vuelta al mundo. Esa cercanía perdida durante la pandemia, recuperada en todo su esplendor. Por unos instantes, todos los dolores, angustias y miedos del pasado superados.

La emoción de los antiguos 'gemelos del gol' habla con más fuerza y vehemencia que las palabras. Le penetra mucho a los futbolistas que las charlas tácticas, los aburridos vídeos y las pizarras. Vialli es el pegamento que une plantilla, entrenador, cuerpo técnico y afición. Transmite un carácter lleno de vida, esperanza y ambición.

Su historia experimentó un giro trágico en los últimos años; se enfrentó a experiencias mucho más dramáticas que caer en cuartos, semis o perder finales de la Copa de Europa. El exdelantero inicio su peor batalla cuando le diagnosticaron cáncer de páncreas. «Espero que se canse y me permita vivir los años que me esperan en paz», ha descrito Vialli en diversas entrevistas y libros publicados.

Estaba en pleno tratamiento de quimioterapia cuando los 'azzurri' lo designaron como delegado jefe. Luca recibió el visto bueno de los médicos en abril de 2020, tras dos años de agónica lucha contra la enfermedad. Todavía está «muy asustado». «Nunca se sabe si uno se ha recuperado hasta que ha pasado algunos años sin problemas. Cualquier dolor o síntoma extraño te hace temer lo peor», confesó al 'Times'.

Química

Para ocultar su extrema delgadez, se ponía más capas de ropa y jerséis gordos. Sus hijas le dibujaban las cejas y le maquillaban para disimular su rostro pálido. Vialli se formó en filosofía asiática y aprendió meditación. Recopiló un álbum de recortes con historias y mantras para ayudarle en tan largo viaje. El maldito coronavirus le alejó todavía más del exterior. El pasado noviembre, con ocasión del partido de la Liga de Naciones ante Polonia, a Vialli se le vio en el banquillo por primera vez en casi 20 años. De nuevo, estaba junto a Mancini.

«Trabajar con Roberto es emocionante. Él ha dicho que nos estamos volviendo viejos, pero para mí estar aquí juntos nos mantendrá a todos jóvenes», dice Luca. Parabienes al jefe: «Ha creado una atmósfera maravillosa de confianza en los jugadores, y cuando un futbolista siente que el entrenador tiene fe en él, puede caminar sobre el agua. Eso no es todo, porque Roberto también sabe inculcar disciplina al mismo tiempo».

Siempre hubo química entre ellos. «Roberto ha sido mi héroe desde que tenía 14 años. La gente ya hablaba de él incluso entonces. Él tenía un pie en mis goles y yo tenía un pie en los suyos», reveló Vialli en la RAI. La explosión de Luca fue más tardía pero su carrera más prolífica. Los dos debutaron como profesionales antes de cumplir la mayoría de edad.

Mancini, el niño maravilloso, llamó la atención del millonario propietario de la Sampdoria, Paolo Mantovani, y firmó en el verano de 1982. En su Cremona natal, Vialli se estaba haciendo un nombre y ayudó a ese modesto club a ascender a la máxima categoría por primera vez en más de 50 años. Alejados en sus clubes, ya eran inseparables en la selección sub-21.

La revolución de Mantovani

Mancini le habló maravilla a su amigo de la 'Samp' y le instó a mudarse a Génova. Vialli se unió a la revolución del magnate Mantovani con 19 años. Comenzaba el mejor período de la Sampdoria en su historia. Al abrigo del gran Vujadin Boskov en el banquillo, una Serie A, la única del club genovés, tres títulos de Copa consecutivos, una Recopa, la final de la Champions... Mantovani estaba tan cautivado por su dúo de que llamó a sus dos perros Roby y Luca.

Mancini y Vialli solían alojarse juntos en el hotel donde las estrellas de la Sampdoria se concentraban antes de los partidos. Organizaban buenas fiestas, cenaban juntos hablando de fútbol y bailaban en conocidas discotecas. Vialli habló de su relación Sky Sports: «Fue algo natural. Cuando tienes esta afinidad, las cosas simplemente suceden, sigues adelante y no hay celos. Ayuda ser amigos. Se ven las cosas de la misma manera y se tiene la misma filosofía de vida».

Se separaron tras esa final del 92. La 'Samp' aceptó una oferta de 15 millones de la Juve y traspasó a Vialli. Lo ganó todo en Turín. Mancini también triunfó en la gran Lazio de Sven-Goran Eriksson. Al final de sus carreras conocieron Inglaterra. Vialli como jugador y entrenador del Chelsea y Roberto en el modesto Leicester. En la selección, coincidieron en la Eurocopa de 1988 y el Mundial de 1990, con Italia eliminada en semifinales por la Unión Soviética y Argentina, respectivamente. La competencia era máxima. Vialli jugó con Italia 59 partidos y anotó 16 goles. Mancini actuó en 36 ocasiones y firmó cuatro dianas. Vuelven a Wembley de traje. Próxima estación, España.