Un descalabro que hace saltar todas las alarmas

El Leganés arrolla a una famélica UD que suma tres derrotas consecutivas y que mostró su peor versión este curso

Kevin Fontecha
KEVIN FONTECHA Leganés

Las formas. Lo que más duele cuando se pierde son las formas. Porque se puede caer con orgullo y dignidad, sabiendo que el trabajo realizado fue bueno, pero no se puede tropezar dando lástima y siendo claramente inferior a tu oponente. Y Las Palmas fue una caricatura. Un juguete roto de principio a fin. No le dio ni para plantar cara a un Leganés que, con muy poco, todo sea dicho, ridiculizó a la UD.

Atormentada y repleta de incertidumbres. Así falleció Las Palmas en casa de un Lega que hasta hace bien poco tenía la soga al cuello para salir del descenso. Famélica y desapercibida, la escuadra grancanaria pasó sin pena ni gloria por Butarque, donde sucumbió desangrándose y con goleada incluida. Abierta en canal, con unas lagunas defensivas impropias para un equipo que quiere aspirar a subir a Primera División y que, encima, tampoco fue capaz de igualar en intensidad, fuerza ni músculo.

Mordió y fuerte el Leganés desde el arranque del encuentro, con las líneas muy adelantadas y aprovechando la inercia propia de los resultados positivos. Mientras, la UD buscaba su sitio en el césped del gélido Butarque. Con Fabio como único pivote y Kirian ayudando en la contención, los de Mel esperaban su momento. Benito, tirado a la izquierda, medía su punta de velocidad. Poco a poco, y siempre con Viera bajando a crear, se asentaban los isleños. El primer intento, defectuoso, fue de Raúl Navas desde fuera del área. Pero la más peligrosa fue para los pepineros, merced a un buen disparo de Gaku que se marchó por muy poco. Corría el minuto 24 y ya Recio estaba amonestado.

Entre la incertidumbre, Arnaiz rompía a Coco y dejaba atrás a Lemos, obligando a Raúl a mandar el balón a saque de esquina. Lo que no esperaba nadie era que ese paradón iba a conllevar una condena. Porque en el saque de esquina, botado por Rubén Pardo y rematado por Sergio, los blanquiazules abrirían la lata, con roce en Coco incluido. Tocaba, una vez más y para variar, remar a contracorriente. Sin tiempo para levantarse, otra puñalada. Porque Coco se tiró con todo para impedir un disparo a puerta y el balón rebotó en su pie y luego en la mano. Penalti, dudoso cuanto menos. Y segundo gol del Lega. No fallaba Borja Garcés. Al descanso se marchaba una flácida Las Palmas con cara de tonta. Abocada al caos.

Tras el paso por vestuarios, algo quiso cambiar Pepe Mel, empezando por el esquema, que pasó al 5-3-2. Se quedaron en la caseta Cardona, Kirian y Clemente. Dentro, Ferigra, Moleiro y Mujica. Y tardó 50 segundos el ariete grancanario en cazar un centro de Benito, pero su intento se fue desviado. Con los movimientos, al menos se despertó del letargo la UD, que crecía con Moleiro domando la pelota. De hecho, fue Alberto quien, con un disparo lejano, comprobó que Riesgo tenía los guantes puestos. Respondió Arnaiz, tras romper a Ferigra y obligar a Raúl Fernández a estirarse como antaño.

Corría el reloj y, a falta de media hora, Rafa Mujica retó al veterano Asier Riesgo en un mano a mano tras un gran pase al hueco de Viera, pero el arquero se mantuvo firme y le negó el gol. Cada vez que Moleiro encontraba el camino, Las Palmas respiraba otro aire. Con el tinerfeño sobre el verde, la verticalidad metía una marcha más, pero tal vez ya fuera tarde. Randjelovic, solo en el segundo palo, evidenciaba el descalabro amarillo mandando el tercero a la red.

Jonathan Viera maquillaría el resultado clavando el balón en la escuadra cuando quedaban cinco minutos para el final. Sabin Merino, acto seguido, cerró la cuenta en otro descalabro atrás. Cuarto encuentro seguido sin vencer y tercero consecutivo cayendo derrotados los de Mel, lo que hace saltar todas las alarmas. O despierta ya Las Palmas o va a malgastar la plaza de playoff que desde hace semanas se había ganado por méritos propios. De momento sigue dentro, con vida, pero otro traspiés más y se esfuma todo. Y la desgana que afloró en Butarque debe quedarse allí.