Nikola Mirotic levanta el trofeo de la Copa del Rey en Granada. / EFE

Copa del Rey | Final

El Barça retiene la corona en una oda a la defensa

El conjunto azulgrana se sobrepuso a un gran primer cuarto del Madrid y paso a paso se ganó su 27ª Copa para mantener el dominio ante el eterno rival

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Granada

El Barça sigue reinando en el baloncesto español. Tuvo que sufrir de lo lindo, después de un cuarto inicial para el olvido, con una sola canasta en juego, pero cimentó su título número 27 de la Copa del Rey, con el que se sitúa a un solo trofeo del Real Madrid, en una remontada pasito a pasito, punto a punto. Estuvo hasta 16 abajo en el marcador pero igualó y acabó superando la férrea defensa de su rival. De la mano del MVP Mirotic y la aparición inesperada de Jokubaitis en el tramo final asestó el golpe definitivo para retener la corona que ya había conquistado en 2021 en Madrid.

Un desenlace que tuvo poco que ver con el inicio. Lo que bien empieza, bien acaba, dice el refrán. No fue así para el Madrid. Su quinteto inicial ya avisaba de las intenciones de Laso. Piernas frescas en defensa para frenar el torrente ofensivo que estaba siendo hasta el momento el Barça en la Copa. Solo un inspirado Abalde atinaba con el aro en un prólogo extraño, propio de la enorme tensión de un clásico con un título en juego. Muchas intrahistorias, cuentas pendientes de otras batallas y viejos conocidos en ambos bandos. Todo un thriller.

En partidos así un buen inicio da mucha ventaja. Lo sabía el Madrid después de un parcial en contra terrible en el duelo de hacía poco más de una semana en la Euroliga y por eso esta vez salió con el cuchillo entre los dientes. Dejó al Barça en dos puntos con más de siete minutos de juego disputados y se marchó once arriba con el 13-2. No les salía nada a los hombres de Jasikevicius, totalmente irreconocibles. Uno de sus primeros once tiros en juego encestó el Barça, mientras el Madrid encontraba el aro con fluidez. Misma historia que en el WiZink Center diez días atrás, pero a la inversa.

Hasta un +16 llegó la herida azulgrana, con cinco puntos tras diez minutos después de haber superado el centenar en cuartos y semifinales. El correcalles del inicio del segundo cuarto tampoco terminó de reanimar al conjunto de Saras. Al menos Kuric demostró con un triple, el único de su equipo en la primera parte, estar aún entonado después de su buen hacer horas antes, ante UCAM Murcia. Sin embargo, la sucesión de pérdidas beneficiaba a un conjunto blanco totalmente coral en parcela ofensiva. Con solo cuatro anotadores azulgranas hasta nueve de los hombres de Laso ya habían sumado.

59 Real Madrid

Abalde (8), Taylor (2), Deck (8), Yabusele (4) y Poirier (4) –quinteto inicial–; Heurtel (10), Llull (6), Rudy (6), Hanga (3), Thompkins (3), Randolph (-) y Tavares (5).

64 Barcelona

Calathes (4), Laprovittola (5), Exum (2), Mirotic (19) y Sanli (9) –quinteto inicial–; Jokubaitis (12), Kuric (3), Abrines (-), Sergi Martínez (-), Hayes (-), Smits (-) y Davies (10).

  • Parciales: 19-5, 10-13, 17-23 y 13-23.

  • Árbitros: Pérez Pizarro, Conde y Calatrava.

  • Incidencias: Final de la Copa del Rey disputada en el Palacio de Deportes de Granada ante 6.918 espectadores.

Partido de defensas duras. No hay lugar para alegrías cuando enfrente está el eterno rival. Ni rastro tampoco de la aplastante seguridad en el triple que el Madrid exhibió frente al Tenerife, un desacierto que permitía al Barça hacer la goma y estar vivo a pesar de sus escasísimos 18 puntos al descanso. De minibasket. La mejor noticia para Jasikevicius era estar en partido, a 11 puntos, con el descanso por delante para cambiarlo absolutamente todo en su equipo.

Cabe imaginar la bronca del lituano a los suyos en la intimidad del vestuario, porque el Barça salió mordiendo. Como señal de ello provocó la pérdida de Abalde nada más reanudarse el juego. Unas cuantas buenas defensas encadenadas, la aparición en escena del esperado Laprovittola y un dos más uno de Mirotic metieron al conjunto azulgrana de lleno en partido. Saltaban las alarmas en el banquillo de Laso, bajo la sensación de que pequeño paso a pequeño paso, pero el Barça todavía podía llegar a tiempo. En esas emergió el retornado Deck, con cinco puntos que ponían la ventaja madridista en un +10.

Jokubaitis, la sorpresa

Era un momento para Mirotic, siempre bajo la lupa en las finales. El hispano-montenegrino ahí estaba, tirando del carro con 15 puntos y un triple que puso a los suyos a cuatro (39-35), la mejor situación desde el inicio del duelo. Rudy contestó con la misma moneda y le dio oxígeno al Madrid. El partido ya era una auténtica partida de ajedrez, con dos estrategas como Laso y Jasikevicius dándole una actividad frenética a sus cambios, en la que el Barça seguía pellizco a pellizco, mordiéndole la ventaja al Madrid. Pese a todo, en un partido puramente táctico, los cinco puntos más con los que el conjunto blanco afrontó el último cuarto parecían una bendición.

Le duraron poco, pues una canasta de Sanli y un triple de Laprovittola dieron paso a una nueva final de solo ocho minutos. Al Madrid ya se le había nublado la vista para entonces. Ni Llull por partida doble ni Abalde. Nadie de blanco acertaba y ya habían pasado cuatro minutos del cuarto. No resulta extraño que se celebrase con furor entre la parroquia merengue el triple de Hanga que volteaba de nuevo el resultado (49-48). Jokubaitis le respondió con la misma moneda y el partido entró en los minutos calientes en pleno carrusel de fallos.

Cada posesión, un tesoro, y el joven Jokubaitis, el más entonado de todos a la hora de la verdad. Dos jugadas de dos más uno del lituano pusieron cuatro arriba al Barça (53-57). Heurtel sostenía al Madrid bajo la amenaza de sus cuatro faltas pero fue Llull, el de siempre en los finales apretados, quien igualó la final con cuatro puntos consecutivos. Faltaban 33 segundos cuando Mirotic se fue al tiro libre para poner el 59-61 sin atisbo de duda. Deck falló a continuación cuando había hecho lo más difícil y otra vez el impasible Mirotic aseguró desde la línea de personales. No había tiempo para la reacción blanca, que nada pudo hacer ya para evitar el feliz desenlace azulgrana.