Aquella Liga que pudo ser nuestra

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO

Cincuenta años atrás, en una hazaña que figura en lo más alto de su historia, la UD mantuvo una pugna hasta el final con el Real Madrid ni más ni menos que para hacerse con el campeonato. Era la culminación experimentada por una generación de jugadores que en campañas anteriores ya se habían diferenciado por un estilo preciosista y singular, lo que algunos críticos consideran el germen del ya célebre tiqui-taca exportado por la selección española. Con Luis Molowny a los mandos, con su gestión tranquila y cómplice del vestuario, el equipo mantuvo una regularidad impecable, sustentada por la cohesión de un once que se recitaba de memoria (ver cuadro en el margen inferior izquierda). Valga un detalle ilustrativo: catorce jugadores utilizó Molowny durante todo el calendario. «No nos lo llegamos a creer», argumenta Germán Dévora cada vez que se remonta a una temporada irrepetible. Al final, el Madrid terminó imponiendo su potencial, pero la UD inscribió su sello y, lo más importante, inflamó el orgullo de su afición. Esa felicidad e ilusión que sembraron los ídolos de medio siglo atrás es el bagaje que queda de una gesta inacabada pero, igualmente, admirada. Porque con el paso de los años se ha ido poniendo en valor lo que aquellos jugadores inscribieron en los libros de historia. Aquí y en todo el país. Aquello trascendió fronteras y sigue siendo motivo de satisfacción entre aficionados que bien vivieron en carne propia aquella aventura maravillosa o han podido recoger referencias de que, efectivamente, hubo una vez en la que la UD pudo ganar la Liga. Casi nada.

Aquellas noches mágicas

Todos los jugadores que tuvieron el honor de vivir el subcampeonato de Liga de 1969, el de Copa en 1978, así como los partidos de competiciones europeas, son unánimes a la hora de señalar el empuje que dio en la gestación de estos logros el ambiente mágico que se vivía en el Insular, bastión irreductible en la vida y milagros de la UD. Esas noches de ambientes únicos, que llevaban en volandas a los jugadores con el caluroso y pasional apoyo de la grada, siguen formando parte del patrimonio emocional de todos los seguidores de varias generaciones.

Participación en competiciones europeas con 12 partidos repartidos en 8 años

Hubo un tiempo en el que se hizo habitual y hasta reconocible la participación de la UD en competiciones europeas. Desde su debut, el 17 de septiembre de 1969, en el Insular y frente al Hertha de Berlín, cuando se denominaba Copa de Ferias a la Copa de la UEFA, hasta la que, de momento, es la última aparición, ante el Ipswich Town de Inglaterra, el 3 de noviembre de 1977, también en casa, se abrió un largo ciclo de presencias fuera de España de Las Palmas, que en total disputó doce encuentros, divididos en tres participaciones (temporada 1969-70, 1972-73 y 1977-78), en los ochos años transcurridos de principio a fin de esta aventura continental. Además de los mencionados Hertha (Alemania) e Ipswich (Inglaterra, completan la nómina de adversarios el Torino (Italia), al que se goleó 4-0 en una actuación magistral, Slovan (República Checa), Twente (Holanda) y Sloboda (Yugoslavia) fueron los rivales. Morete, en la imagen superior, es el máximo goleador en Europa con seis dianas.

Final de la Copa del Rey ante el Barça de Johan Cruyff en en Santiago Bernabéu

Casi una década después de haber quedado en segunda posición en la Liga, la UD volvió a ver de cerca la posibilidad de levantar un título. El 19 de abril de 1978, por primera vez en su historia, y tras superar cinco eliminatorias previas llenas de minas, ante adversarios de primer orden (Málaga, Español, Cádiz, Atlético de Madrid y Sporting de Gijón), Las Palmas se plantó en la final de la Copa del Rey y que acogió el Santiago Bernabéu. El rival, el Barcelona de Johan Cruyff. Bajo las órdenes de Miguel Muñoz, el sueño hizo que muchos aficionados hicieran el esfuerzo de viajar a Madrid, un lujo entonces poco accesible para la mayoría. La UD, capitaneada por Guillermo Hernández, no tendría muchas opciones en un partido con dominio azulgrana y que terminaría decantándose por 3-1 para el lado culé. Brindisi marcó el gol del honor en un partido que terminó con resultado adverso pero que, de igual manera, figura en la vitrina de grandes recuerdos por el listón que supuso.