Abstención amarilla en Siete Palmas

09/11/2019

La UD, en pleno preludio electoral, vuelve a mostrar carencias. Kirian sí supo aprovechar la jornada de reflexión para reivindicarse.

A pocas horas de pasar por las urnas, la UD se abstuvo en el Gran Canaria. Y es que, en pleno preludio electoral, Las Palmas no se había decantado por ninguna de las candidaturas al Congreso, dejándolo todo en el aire. Los de Mel siguen sin encontrar el rumbo y acumulan solo un punto de los últimos 12 posibles. Un bagaje algo escaso y que señala defectos mientras esconde virtudes. Y eso que hubo varios nombres propios que cautivaron a los más indecisos. Kirian aprovechó la jornada de reflexión para reivindicarse y dejar su sello.

Era un partido complicado. Las bajas mermaban y la ansiedad por reencontrar las victorias pesaban en demasía. Era el momento para que hacer un ejercicio de hambre. No había mejor ocasión. Sin Viera ni Pedri, todo estaba en manos de los actores secundarios. Y esos, a los que los focos no suelen poner en valor, exhibieron galones.

Pedía Pepe Mel en la previa que ciertos jugadores dieran un paso al frente. Era un aviso a navegantes. El técnico, doctorado ya en este mundillo, quería calentar a sus pupilos. Tocar su moral. Picar su orgullo. Y le salió bien la jugada. Kirian Rodríguez, que ya había exhibido crecimiento fechas atrás, terminó de romper el cascarón. El mediapunta tinerfeño pidió galones desde que el balón echó a rodar. Omnipresente, todo lo que tocó lo transformó en caviar. Bailando sobre el tapete, y entre los aplausos de su entrenador en la banda, tejía el fútbol de una UD que cocinaba a fuego lento. Y, por si fuera poco, casi decanta el choque con un disparo desde su casa. Probó fortuna en tiempo de descuento desde más allá de 60 metros y poco faltó para que fuera el tanto de la victoria. El arquero rival se esforzó al máximo y lo evitó, pero Kirian se erigió como el gran ganador del debate electoral. Sin Viera ni Pedri, se movió como pez en el agua alrededor de su atril.

La entrada de Javi Castellano en el centro del campo, que recordó al de sus mejores tiempos, desahogó, y de qué manera, a Galarreta y al propio Kirian. El gemelo se dio un festín de robos de balón y justificó la apuesta del preparador madrileño. Oxigenó la sala de máquinas y permitió a De la Bella cabalgar sin complejos por el carril izquierdo. Fueron los tres mejores jugadores de la Unión Deportiva en un encuentro en el que se mereció mucho más que un mísero punto.

El empate, que no dejó a mucha gente contenta en la grada, señala la realidad de Las Palmas. La racha victoria se acabó y ahora toca pelear con uñas y dientes cada punto. El equipo todavía está en fase de aprendizaje y con tantas bajas se acumula los deberes. De momento, tocará seguir sufriendo para no acabar pasando apuros durante el tramo final de temporada. Lo que está claro es que, dentro de lo que cabe, futbolistas como Kirian dieron el paso al frente que exigía Mel. Ahora le toca a otros.

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