La UD está gafada

29/02/2020

Tras el 1-0 de Eric Curbelo, malogró ocasiones para golear y terminó cediendo un empate que prolonga la sequía de triunfos y no soluciona nada. La falta de puntería en los momentos decisivos y la suerte del Málaga, al que escatimaron un penalti y cuyo tanto llegó de carambola, marcaron un encuentro de alternativas y plagado de imprecisiones

No hay manera de cerrar el grifo de los disgustos en una UD seca de triunfos desde que arrancó el año, mal negocio cuando ya se transita por marzo. Cada jornada se depositan esperanzas de reacción, ilusiones por romper una tendencia maldita, la generada por la maldición consolidada de no ganarle a nadie, sin diferenciar escenarios o rivales. Sangra más que tampoco sirva cobrar ventaja en el marcador y arrinconar al adversario. Por lo que sea, la pelota no termina por volver a entrar, se habilita la reacción del oponente e, indefectiblemente, llega el golpe. Viene ocurriendo desde largo y anoche se cumplió de nuevo el guion siniestro para desesperación de todos. Después de que Eric Curbelo pusiera el 1-0, una avalancha de llegadas y opciones se dieron en el área del Málaga, que escapó de milagro del cerco. Estaba el encuentro para ganarlo y bien a cuenta de dos remates francos de Rubén y que sacó el portero con un muestrario soberbio de reflejos. También la tuvo Pedri, luego de un golpe de cintura sublime, aunque la definición fuese rasa y centrada, al límite de sus pulmones de juvenil. Pero estaba el público por irse de fiesta frente a una UD sin freno y con hambre ya administrando marcador a favor. De repente, y ya es reiteración que duele, cesó el empuje, entendió el Málaga la tregua como una invitación por probar suerte y terminó cantando bingo. Fue, además, con un remate de los que entran por la gracia divina, de espaldas a la portería, con la costilla, en una prolongación casual, de las que se intentan mil veces y ninguna sale. Así vino el aguijón del empate que terminó por descuadrar a Las Palmas, ya en adelante alborotada y mal parada, amenazada con recibir un castigo mayor en alguna de las estiradas que se permitió el visitante.

Así transcurrieron los acontecimientos que derivaron en la décima jornada consecutiva sin triunfos. Todavía vive la UD de los puntos que trajo Jonathan Viera porque, por mucho empeño y orgullo que se ponga, la contabilidad no engaña. Y el ejercicio de supervivencia, entre empates y derrotas, bordea la agonía porque es un fenómeno exclusivo y que, ahora mismo, no se da en ninguna otra parte. Mel mueve el árbol, exprime su imaginación, capea las bajas con buena cara y mejor propósito. Y sus hombres hacen por querer, sudan y se aplican. Claro que, por lo que sea, mala suerte, conjunción astral funesta, maximización en todo lo que hace el contrario, mal de ojo o vayan a saber, el desenlace de decepción se mantiene inalterable al paso de las semanas. El invierno se está haciendo demasiado largo y habrá que reconocerle al entrenador su capacidad de aguantar la cuchara y levantarse sin resignaciones. Ahí está, en realidad, la esperanza. La UD sigue en pie en mitad del páramo y encaja los golpes desde la dignidad gremial. A la espera de mejores tiempos, aquí nadie se rinde.

Sin Fede Varela, uno de los pocos que ofrece arte y nervio en la zona ancha y baja de última hora, ya se sabía que con Javi y Fabio el fútbol iba a ser de parabrisas y a menos de que por banda viniera algo de profundidad, que fue que no, todo se iba a comprimir. Cómodo el Málaga, asentado y lanzando contras dañinas a poco que le dejaran galopar, el partido se puso antipático. Y con las urgencias al rojo vivo, sin triunfos desde diciembre, no convenía el intercambio de golpes ni que se abrieran alternativas. Bien lo sabía Mel, inquieto en la banda, con aspavientos y protestas, en su versión más agria. Lo cierto es que sus futbolistas no le daban pie para otra actitud. Encima, los primeros sustos colaboraron poco en serenar un ambiente frío, distante y raro en el estadio. Sadiku, la boya ofensiva del Málaga, necesitó poco para dejarse ver. Primero cazó un balón que no quiso nadie, tras saque de banda y despiste general, y a punto estuvo de sorprender a Valles con un tiro esquinado y que repelió el portero como pudo. El rebote no lo coló Juanpi de chiripa y porque le cayó en la pierna mala. Y volvió a aparecer en acción en el intento de embocar un centro y que terminó con un agarrón de Fabio que ni el árbitro ni el VAR quisieron apreciar. Cierto es que las cuentas con la UD al respecto siguen arrojando pérdidas. Pero poca duda ofreció el recurso de Fabio frenándole como no debía. Le salió bien al canterano la picardía evitando una fatalidad y en el peor momento.

A la UD le enjaulaba su problema con la transición, siempre con toma de decisiones previsible y anunciadas, sin factor sorpresa. Pero, entre la nada, Javi Castellano cazó una rosca, a saque de esquina, que no supo dirigir a la red. Se la encontró y no tuvo tiempo de reacción. Por accidente llegó la primera. Luego probaría Narváez, con buen escorzo y zapatazo que se envenenó con un rebote. Munir respondió a malas penas, pero le alcanzó. También Rubén, que se hizo sitio entre una selva de piernas y falló en lo que le distingue con un toque final desviado. Sin fútbol, a base de ponerle lo que se le tenía que poner, se masticó el primero que sí, llegaría aunque hubiese que esperar a la vuelta de los vestuarios.

Fue en los primeros compases de la segunda mitad, cuando Aridai, hasta ese momento en plan testimonial, decidió ponerse a jugar. Primero sirvió un centro quirúrgico a la frente de Cuberlo, libre de marca para cabecear con todo e imparable. El gol multiplicó las pulsaciones y pudo abrir la veda a varios más. Otra vez Aridai, muy dañiño con sus centros desde la derecha, puso un caramelo de los que suele hacer uso adecuado Rubén. Claro que Munir pasaba por allí y se la encontró. De nuevo ante Rubén, el portero lució manopla cuando éste, tras jugadón de Pedri, trató de ponérsela al palo largo. Inverosímil que se la sacase cuando la celebración se venía por aclamación. En pleno festival, roto el Málaga, casi que aceptando su claudicación, Pedri insistió con una zancada magistral para plantarse en la corona del área, limpiar a dos adversarios con un amago y, despejado el panorama, chutar al cuerpo del portero. No tenía ya aliento para más. Una lástima porque, de largo, mereció haber acabado con los brazos en alto.

Salió del bombardeo el Málaga sin encontrar explicación a tanta casualidad encadenada y, para cuando quiso recomponerse, ya había equilibrado la faena. Se le abrieron los cielos con el empate y terminó yéndose para arriba tras haber derribado cualquier rebelión posterior del anfitrión. Ni los cambios de Mel ni las ganas de sus muchachos, ya más con el corazón que con la cabeza, volvieron a poner franco el partido. Benito acabó cojo, agotadas las sustituciones, y como delantero centro para no dejar a los suyos con uno menos, Eric pasó a improvisado lateral zurdo, y cada uno quiso llevar la guerra por su cuenta. La impotencia consumió el reloj y devolvió los suspiros.