Gozos isabelinos

Los más teatreros dicen que La ternura es la comedia de la temporada y no le faltan méritos para ganarse ese título.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

La obra, trepidante desde su inicio, compendia los recursos más disparatados del teatro isabelino y los empasta en un texto torrencial y tremendamente divertido en el que Alfredo Sanzol se apropia de elementos de varias obras de Shakespeare; Noche de Reyes, Sueño de una noche de verano o Mucho ruido y pocas nueces, entre otras.

Pócimas mágicas y amorosas, entradas y salidas al más puro estilo del vodevil, muchas mentiras y verdades engañosas salen a escena a un ritmo vertiginoso en una especie de feliz orgía teatral con el único respaldo de un telón azul, un vestuario adecuado y unas pocas piezas de atrezzo. Porque, en realidad, el texto de Sanzol solo podría brillar de esa forma tan espectacular de la mano de un elenco capaz de afrontar este asombroso carrusel interpretativo.

La acción se desencadena cuando la reina Esmeralda, en su afán de librar a sus dos hijas de los matrimonios de Estado que les depara un destino trazado por los hombres, usa su magia para desatar una tormenta que hundirá la Armada Invencible, quedando ellas a salvo en una supuesta isla desierta donde prevén fundar una república feminista. Sin embargo, las náufragas verán su deseo frustrado por la presencia de tres leñadores instalados allí en su pretensión de vivir sin la incómoda presencia femenina.

A partir del encuentro de ambas facciones se desata una delirante batalla de sexos en la que salen a relucir, con mucha gracia, todos los estereotipos de género.

Viejas formas y temas de rabiosa actualidad se mezclan en una comedia desternillante en la que se abordan las nuevas pautas de relación surgidas de la igualdad, con mujeres empoderadas, tratadas como iguales, y hombres descolocados ante una nueva forma de entender la masculinidad y, por tanto, el amor.

Los diálogos cruzados llegan al patio de butacas como ráfagas de metralleta cargados de acidez, belleza formal y de elocuencia gracias al esfuerzo, también físico, de estos seis actores que despliegan una gran coreografía en escena.

Mención especial merece Elena González, que encarna a la reina medio bruja, en un papel de una gran dificultad con soliloquios vertiginosos y proyectando la voz más allá del telón.

Al final, unos y otras pierden la batalla por culpa de la ternura, a la que todos se entregan venciendo el miedo a los dolores del amor.

Por supuesto, el público que acudió a la función del jueves acabó en pie ofreciendo una larga ovación a los artífices de este montaje redondo y apabullante que vino a demostrar que las viejas fórmulas siguen siendo infalibles en manos de un dramaturgo sensacional y unos intérpretes entregados.

Este fin de semana, Teatro de la Ciudad desembarca en el Cuyás con Sueño, otra comedia basada en Shakespeare. ¡Que siga la fiesta!

Atención a...

Los momentos en los que el actor grancanario Paco Déniz presta su rostro a la voz de la reina Esmeralda.

FICHA

Jueves 25 y viernes 26 de enero. Teatro Cuyás.

Texto y dirección: Alfredo Sanzol.

Intérpretes: Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Natalia Hernández, Javier Lara, Juan Antonio Lumbreras y Eva Trancón.

Espacio escénico y vestuario: Alejandro Andújar

Iluminación: Pedro Yagüe.

Producción: Teatro de la Ciudad y Teatro de la Abadía.