Iglesia prerrománica de Santa Lucía del Trampal, en Alcuéscar (Cáceres) / R.C

«Los visigodos tenían un nivel político y cultural mayor que los vikingos»

El historiador y escritor Daniel Gómez reivindica la importancia y el impacto de estos «tres siglos de esplendor» en épocas posterioresdaniel

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁN Madrid

La lista de los reyes godos era una prueba de órdago para los estudiantes. Treinta y tres personajes que había que aprenderse del tirón, empezando por Ataúlfo y con Rodrigo como punto y final. Una ristra de nombres que solo servía como prueba memorística, pero nunca como una forma de activar la curiosidad del estudiante. «Los visigodos han quedado en el olvido y poco a poco está recuperando ese interés», reconoce Daniel Gómez Aragonés (Madrid, 1983). «No se puede reducir toda su historia de tres siglos a una lista», indica este autor y divulgador.

Reivindica en su libro 'Historia de los visigodos' (Almuzara), el legado de este pueblo originario del norte de Europa, que llegó a saquear Roma en el año 410 y que 17 años más tarde, bajo el mando de Teodorico I, entró por primera vez en la península ibérica para sofocar a otros pueblos germánicos a cambio de tierras.

Hispania fue el último destino de un pueblo errante, que atravesó el Viejo Continente, bajando desde su Escandinavia natal a Polonia para luego adentrarse por Europa Central y del Este. Durante dos siglos, los visigodos lucharon y firmaron tratados de paz con otros pueblos y con los romanos, cuyo imperio estaba en decadencia -la partición definitiva en el Imperio de Occidente y en el de Oriente se produjo en el año 395-.

Vivieron fuera y dentro de sus fronteras hasta que se asientan en las Galias como un pueblo federado. Hispania estaba al lado. «Estamos hablando del pueblo bárbaro más romanizado. Y eso no lo podemos olvidar», apunta Gómez. Ese estilo de vida hizo que la Hispania visigoda viviera «tres siglos de esplendor», con una gran riqueza social. «La cultura estaba viva en esa época. Una de las grandes figuras de esta época es San Isidoro de Sevilla y sus 'Etimologías'. Y mantenemos esas pequeñas iglesias hermosas o el tesoro de Guarrazar», enumera el autor, que recuerda que también hubo reyes muy cultos como Sisebuto.

«Toledo se convirtió, como capital, en el corazón y el alma de los visigodos», dice el autor

Gobernó de 612 a 621 y demostró un gran interés en el aspecto cultural, como lo demuestran las obras que han llegado a la actualidad como 'Astronomicum' (un poemario científico), 'Vita sancti Desiderii' y algunas cartas. «Fue un Alfonso X del siglo VII», apunta Gómez Aragonés. «Se atrevía a discutir con autores como San Isidoro», añade.

Espejos

«Pero destacan muchos otros, además de los más conocidos como Leovigildo y Recaredo», apunta el autor. Gómez recuerda a Suintila, que reinó entre los años 621 y 631 y logró la unificación de la península ibérica, o Wamba, que solo aceptó ser rey (entre 672 y 680) si era ungido arzobispo. «Esta parte de nuestra historia puede atraer mucho a los jóvenes. La Hispania visigoda tenía un nivel político y cultural mayor que los vikingos, que son algo posteriores y más famosos. Pero hay mucho más interés en este pueblo que en los visigodos», dice el historiador afincado en Toledo desde la infancia.

Recuerda que cuando cae el Imperio romano de Occidente, las miradas se centraron en el Imperio de Oriente y su capital, Constantinopla. Pero cuando surge el reino visigodo de Toledo (año 507), «en el Mediterráneo se forman dos focos políticos, culturales y religiosos: la actual Estambul y la capital toledana». «La ciudad se convirtió en el corazón y el alma de los visigodos».

En el recorrido por estos siglos de historia, Gómez Aragonés reivindica a los «dos grandes constructores y arquitectos» del reino visigodo como fueron Leovigildo, «que no tiene ninguna calle o plaza en Toledo», y su hijo Recaredo. «Son los padres de la patria. Ambos tienen claro lo que deben hacer y las reformas que hay que aplicar».

Leovigildo apostó por el arrianismo, luchó contra suevos, vascones y bizantinos y creó el código de leyes que lleva su nombre, donde se levantaba la prohibición de que visigodos e hispanorromanos no se pudieran casar. Recaredo, por su parte, se convirtió al catolicismo, además de luchar contra algunos de los enemigos de su padre. «Tenían una clara visión de la península ibérica y del sur de Francia (el reino de Tolosa). Influyeron a políticos mil años después, a figuras como Carlos I y Felipe II», explica Gómez Aragonés.

La importancia y el impacto emocional de Toledo se expresó durante la Reconquista. «Todos los reyes tenían la necesidad de restaurar el reino perdido que representaba la ciudad», añade sobre un tiempo que terminó en 711 con la entrada de los árabes de Táriq ibn Ziyad a la península aprovechando el desconcierto que vivía el reino visigodo. «No fue un paseo. Hubo resistencia. Y se quedaron porque vieron que había riquezas y oportunidades. No eran tontos», indica el autor de 'Historia de los visigodos'.