Vetusta Morla. / JERÓNIMO ÁLVAREZ

Vetusta Morla: «Creíamos que nuestro folclore eran los Beatles, pero había mucho más»

'Cable a tierra', el nuevo trabajo de la banda, es una revisión de las raíces sonoras que unen a sus seis componentes en la labor que les apasiona: crear canciones de forma minuciosa y libre

PILAR GONZÁLEZ RUIZ Santander

Decía José Saramago que la vejez empieza cuando se pierde la curiosidad. De acuerdo a esta afirmación, los miembros de Vetusta Morla serán eternos adolescentes. La banda, convertida, a costa de su propio esfuerzo, en icono de independencia y personalidad, acaba de publicar su nuevo disco. 'Cable a tierra'. Metáfora y combinación real.

De forma casi inconsciente, llegaron a este disco al que tardaron tres meses en dar forma y que ya les quemaba en las manos, esperando el momento de poder compartirlo íntegramente. Y vaya si lo han compartido; el día antes del estreno, ofrecieron un concierto en la red social Tik Tok al que «asistieron» más de 262.000 personas de todo el mundo para disfrutar de lo nuevo de Juan Pedro Martín, 'Pucho', Guillermo Galván, David García 'El Indio', Jorge González, Juan Manuel Latorre y Álvaro B. Baglietto

Charlamos con este último sobre sus nuevas canciones y el proceso que les ha llevado hasta ellas.

- Tras estos tiempos extraños, ¿echaban de menos incluso la intensa parte de promoción?

- Se lo has ido a preguntar a uno que no le gustan demasiado las entrevistas (ríe). Los profesionales son mis compañeros. Yo siempre he sido enemigo de racionalizar el arte y más amante de dejarme llevar por sus sensaciones y hablar el lenguaje de la música con la propia música. Pero todo esto forma parte de lo bonito de nuestra profesión que es darle forma a las canciones y compartirlas con nuestro público. Ser libres para hacerlo, tener la oportunidad de tener mucho cariño ahí fuera, de viajar y por qué no, conocer gente y tener puntos de vista a partir de las entrevistas que te dan pie a recapacitar sobre lo que has hecho. Como en un viaje; cuando lo recuerdas llegan matices que no habías percibido. Estamos muy contentos. La incertidumbre del año pasado era muy seria y no sabíamos siquiera si íbamos a poder estar en estas circunstancias ahora.

- Han dado su primer concierto en Tik Tok, siguiendo la estela de lo que se ha hecho estos meses en formato virtual. ¿Por qué han elegido ese espacio?

- Es una plataforma que está en todos los móviles y cada vez más. Empezó con veinteañeros y ya nos ha llegado a todos. Tiene una globalidad que nos interesa mucho. Es un directo para todo el mundo. Europa, Asia, América...el hogar para a despiezar el primer directo. Nos lo ofrecieron, tampoco es que fuéramos buscándolo. Como todo en nuestra carrera va surgiendo y dijimos: aquí nos dejan hacer lo que somos. Le ponemos mucho mimo al sonido, a los ritmos y hemos accedido por eso. Es una manera de presentarnos al mundo, en directo, que siempre nos ha gustado. ¿Por qué no? Nosotros también tenemos que abrirnos a las plataformas. Estábamos en MySpace, pasamos a Facebook, a Twitter...Vamos haciendo el viaje que hacemos todos en la industria. Hace unos años se consumía música de una manera y ahora de otra. Todo está muy loco y cambiante.

- ¿El criterio último que aplican al seleccionar proyectos es poder mantener esa fidelidad al concepto que representa Vetusta Morla?

- Sobre todo es que nos haga ilusión hacerlo. Después, que pongamos nosotros las condiciones creativas y algunas más. Le ponemos mucho cariño a todo, a las canciones, a las imágenes, a los tiempos, a las formas… Y la gente con la que trabajamos, queremos que respete ese cariño. Si respetan eso, que es lo que somos nosotros, nos podemos entender.

- Es interesante que hayan hecho un estreno global para el disco que más mira hacia lo pequeño, hacia las propias raíces sonoras

- En 'Cable a Tierra' hacemos este planteamiento de raíces, partiendo de preguntas sobre cuál es nuestro folclore. En el disco hablamos mucho de América del Sur, América del Norte, lo que más hemos mamado, o más reciente, nuestra tierra, de la que tenemos sonoridades en la cabeza desde que somos pequeños, como la copla o los dramas lorquianos. Hay una mezcla que conforma nuestro folclore, que creíamos que eran los Beatles, pero resulta que había mucho más. Por eso nos han surgido preguntas en torno a lo que nos une a los seis, que es hacer música y estar juntos.

Vídeo.

- En esa búsqueda, ¿han encontrado referentes que les hayan sorprendido porque no eran conscientes de ello?

- La verdad es que sí. No éramos conscientes de que nos gustase la copla o Concha Piquer. El flamenco sí, y, de hecho, en cada disco hemos hecho escarceos, 'Maldita Dulzura', 'Alto', '23 de junio', por ejemplo, que tienen un aroma estilístico diferente al rock. Desde siempre hemos tenido mucho apego al flamenco, David 'El indio' siempre se ha presentado con instrumentos en el local como el pandero cuadrado; hace dos años le regalamos a Guiller un guitarro, que es un instrumento muy tradicional. Se estaba forjando esta idea de sonoridades y también de ritmos y cadencias musicales que hemos ido adaptando. Lo empezó a destapar la película de 'La Hija', de Manuel Martín Cuenca.

- ¿En qué sentido?

Estuvimos haciendo un trabajo de arqueología sonora y nos dimos cuenta de que nos gustaba mucho la cuerda, el nylon, la percusión, lo no electrificado, lo que no se tocaba en el local, porque estábamos probando desde casa y coges otro tipo de instrumentos. Experimentamos con palos, con cucharas, con ollas… Todo lo que venía de música tradicional hecha muchas veces en la cocina, con sartenes, con los vasos, con las mesas... El ritmo de las panaderas de 'Finisterre', por ejemplo, viene de amasar pan. Cuando decidimos hacer un disco fue todo super rápido. Salieron estas diez canciones; salió alguna más que se quedó fuera de esta liga, pero estas salieron en tres meses, porque veníamos inconscientemente de trabajar en el disco.

- ¿Dónde ubicamos ese periodo cronológicamente?

- Esos tres meses se iniciaron en enero y a principios de abril de este año, ya se había terminado todo. Solo quedaba alguna grabación concreta, las mezclas. La experimentación fue el año pasado. Pero ni siquiera estábamos pensando en hacer el disco. Estábamos pensando en la banda sonora y cuando acabamos dijimos: «ya nos toca, ¿no?» Y empezamos. Salió rapidísimo gracias a que llevábamos un año aprendiendo de nosotros mismos sin darnos cuenta.

- Precisamente, acaba de anunciarse que están nominados a un Premio Feroz por ese primer trabajo en el cine

- Estamos muy orgullosos del trabajo que hemos hecho. Manuel, el director, dice que no se imagina una música mejor para su película. Desde el principio fuimos conscientes de que habíamos hecho un buen trabajo. Por eso estamos orgullosos, no tanto por los premios, sino por el resultado. Pero lo hemos celebrado.

- Al ritmo vertiginoso al que va todo, ¿siguen apostando por su propio slow motion?

- Sí, pero no como una apuesta. Es nuestra identidad. No sé si sabemos hacerlo de otra manera. No podemos ser diferentes. Somos así. Hay artistas que mezclan muchas cosas a la vez. Nosotros tenemos que acabar una cosa para hacer otra. Somos muy lentos en ese sentido, pero también muy minuciosos. Le ponemos muchas horas.

- ¿Son muy metódicos en el método de trabajo?

- Destacaría mucho la capacidad de trabajo que tenemos. Es una brutalidad. Algo de talento, tiene que haber también, pero sobre todo es trabajo.

JERÓNIMO ÁLVAREZ

- Al escuchar el disco, más allá de ese contenido de raíz, es que hay más capas sonoras en las canciones. ¿Es así?

- Sí, en este disco hemos incluido muchos elementos de música tradicional que no habíamos usado antes y hemos mantenido lo que ya traíamos de electrónica e instrumentación del rock. Están esos tres mundos mezclados, de una forma elegante para que no se vayan pisando, sino ayudando unos a otros. Estamos contentos de haber podido juntas estos mundos al modo Vetusta, porque seguimos sonando a nosotros mismos. Siguen siendo canciones reconocibles pero con un tinte nuevo, que para nosotros es un reto, que cada vez haya elementos novedosos, de cambio y de desarrollo.

- Esa necesidad de cambio, de curiosidad, ¿es su reto permanente?

- Sí. Si no fuese por eso, yo creo que no trabajaríamos tanto.

- ¿Perspectivas y objetivos a nivel emocional por lo que supone, si todo va bien, de regresar a su trabajo como antes?

Las sensaciones son seguir haciendo lo que nos gusta; tocar en directo, viajar con las canciones. Es a lo que nos dedicamos y ojalá podamos seguir. Y el deseo sería que quienes lo reciban, hagan suyas las canciones, investiguen, puedan crear y seguir la estela que van dejando. Sería un bonito objetivo.

- Es un objetivo racional…

(Ríe). Para que se me entienda; yo quiero escuchar la música como un niño que no ha escuchado nunca nada, sin la deformación profesional de ser músico.

- ¿Y lo consigue?

Sí, pero es un trabajo que llevo haciendo toda mi vida; partir de cero siempre. La música en realidad son matemáticas, pero me quiero olvidar de eso, quiero seguir guiándome por la intuición, la emoción. Todo lo que sea racionalizar a cierto nivel una obra, a mí me la desnuda un poco de su magia y no me gusta desentrañarla demasiado. Las canciones hablan por sí mismas y no hay que decir mucho más.