Opinión

A veces, Juan Ramón

Como decimos los isleños estamos añurgados por dentro , atravesando juntos la Calle Melancolía pero felices por haberte conocido y dentro de lo posible ser continuadores de tu modo de vivir

JUAN CARLOS DE SANCHO

A veces Juan Ramón, cuando suceden estas cosas tan dolorosas, cuando alguien como tú se va, me pregunto para qué estamos aquí, qué sentido tiene todo esto, que significa vivir, que significa morir. La vida es un personaje indomable en busca de autor.

Nuestro paisano don Benito decía que es la ficción la que crea la realidad y no al revés. Me da que eso lo supiste desde niño e intentaste por todos los medios interpretar la vida, mostrarla al desnudo en el escenario, incluso con tu propia vida, en el día a día. Y digo esto porque eras un artista completo, delicado, ajeno a todo tipo de parafernalia o glamur gratuito, buscando el éxito no en el premio exterior sino en la satisfacción de la obra bien hecha, en el compromiso contigo mismo.

Ya sabes amigo que estamos en épocas difíciles, el fascismo enseña sus garras sin máscara, va a por todas, quiere acabar con la Democracia que tanto nos ha costado construir, la libertad de expresión que tanto defendiste con ahínco, perseverancia y valentía. Solíamos comentar que el teatro debe seguir siendo el paradigma de esa libertad irrenunciable.

Tú sabes bien que lo malo y perverso no es el ascenso de la maldad en el mundo sino el silencio cómplice de los que lo ven y no dicen nada. Tú no andabas en eso amigo, tú eras un hombre de bien: Cenicienta o el triunfo de la bondad, pongamos un ejemplo, creada junto a tus compañeros Fernando Navas y Carmelo Alcántara.

Eras el entrañable catalizador para que las ideas se precipitaran sobre las tablas con contundencia y máximo respeto al autor, los actores y el resto del equipo. Tú como actor y director eras muy querido, no usabas aspavientos desmedidos, huías del falso encanto, te importaba el arte escénico como forma de conocimiento, clarificación y definición de la realidad, de la múltiple y caótica realidad. Y siempre acompañado del humor, esa forma superada de la inteligencia.

Tú, Juan Ramón, eras un hombre ético, un artista de complexión honesta, tan ajeno a las continuas trifulcas y maledicencias. En todos los años que fui testigo de tus obras junto a tus compañeros de Profetas de Mueble Bar distinguí ese tono humanista y atrevido en tus propuestas, iconoclasta a veces y siempre comprometido en aumentar el nivel de conciencia colectiva, convencido del poder transformador de los principios inalterables de la democracia, o sea la libertad, la igualdad y la Fraternidad.

Fíjate Juan Ramón, sigues siendo un corazón vivo que late en cada obra en la que interviniste. Aquí estás tú presente esta noche, llenando de magia, lucidez, atrevimiento y revelación el escenario por donde transcurrieron tus sueños e ideales de artista.

Mira a todas y a todos los que has convocado en tu justo homenaje. Como decimos los isleños estamos añurgados por dentro , atravesando juntos la Calle Melancolía pero felices por haberte conocido y dentro de lo posible ser continuadores de tu modo de vivir, seguir soñando y creando un mundo más apacible, una cultura que nos quite el miedo y la falta de perspectiva.

Gracias Juan Ramón, espero verte a la salida, en cualquier mesa de Vegueta, con esa bondadosa sonrisa siempre generosa para el amigo y el desconocido. Hasta pronto amigo, vete pidiendo un par de cañas.