Félix Juan Bordes, en diciembre de 2018, en el Cicca, donde inauguró su última indivual. / JUAN CARLOS ALONSO

«Mi única aspiración es dejarle a la gente mi visión del mundo y que saquen sus conclusiones»

El pintor y arquitecto grancanario Félix Juan Bordes, autor de un universo creativo muy personal falleció ayer, a la edad de 80 años.

VICTORIANO S. ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Pocas cosas resultan más complicadas para un artista que ser capaz de generar un universo creativo propio que beba de mil y una influencias fruto de la investigación y la curiosidad. El arquitecto y pintor Félix Juan Bordes, que ayer falleció en su ciudad natal de Las Palmas de Gran Canaria, a los 80 años, deja un legado diferenciado, variado y único, que parte de una premisa, como recordaba, en diciembre de 2018, durante la puesta de largo de la exposición 'Pintar lo invisible, la apariencia de las cosas', en el Centro de Iniciativas Culturales de la Caja de Canarias (Cicca): «Mi única aspiración es dejarle a la gente mi visión del mundo y que cada uno saque después sus conclusiones».

Al margen de lo que cada individuo que haya disfrutado de las innumerables piezas pueda concluir, lo cierto es que Félix Juan Bordes fue un gran viajero y un estudioso del arte y la arquitectura de todo el planeta. Atesoró unos enormes conocimientos sobre los que cimentaba después unas creaciones con sello propio.

Claro que sobre la vertiente viajera tenía su personal y, quizás, sorprendente concepción. «Para un artista, lo primero debe ser viajar sin ir. Después, ya viajas al lugar para comprobar. Es lo que le pasó, por ejemplo, a Joseph Conrad con la selva. Se topó con una selva que actuaba como una entidad que trabajaba sola, que chillaba en la oscuridad y la espesura como si fuera un solo ser. Mis visiones selváticas están relacionadas con lo que hay detrás de lo que se ve», explicaba un artista que se reconocía fascinado por la naturaleza, que plasmó en piezas con sensaciones africanas, europeas y asiática.

Apostaba por innovar: «Si abusas de las técnicas, te conviertes en un academicista y en un totorota. Te enjaulas»

Eso sí, para Bordes, al que le apasionaba el mar en el que siempre que pudo navegaba, el archipiélago fue el punto de partida y la meta. Así lo explicaba: «Empecé en 1957. En 1981 se planteó para mí una especie de bifurcación. Por una parte, empezaron a reclamarme en Madrid y para algunas, desde Nueva York. En aquella época tenía que presentar a la cátedra los proyectos de la Escuela Superior de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria. Me dije: 'Vamos a situarnos y vamos a ver dónde quiero estar'. Tuve claro que quería estar de pie, enterado de lo que ocurre en el mundo del arte, pero en mi tierra. Para mí, mi tierra, Canarias, es una fuente de inspiración. En todos los aspectos, incluida, claro está, la parte africana. Me radiqué aquí porque si no, me sentiría un apátrida. No es una cuestión de nacionalismo, porque yo quiero a España entera. Simplemente se trata que he pintado siempre en Canarias».

Transgredir

Este miembro numerario de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, que en su vertiente como arquitecto tuvo una fructífera y larga relación profesional con Agustín Juárez, tuvo siempre muy claro que el artista tenía que ser osado. Debía ir un paso más allá de lo establecido, tanto a nivel de contenidos como de técnica.

«Si no transgredes las reglas académicas, no caminas. Si abusas de las técnicas, te conviertes en un academicista y en un totorota. Te enjaulas. Utilizo elementos del lenguaje clásico, porque yo soy un pintor antiguo, no creo en las nuevas tecnologías, pero lo llevo todo a mi terreno y lo transgredo. Es como una rueda que avanza, pero a su vez arrastra lo de atrás. No puedo dejar de ser un pintor clásico y renunciar a mis conocimientos. Lo que se requiere es saber cómo romper», subrayaba sin ambages.

Toda su producción pictórica, desde los lienzos a los grabados, desde la inspirada en Japón que plasmó en la serie 'Escenarios antiguos y Escenarios exóticos' hasta sus más recientes creaciones africanas como 'AEA Tubab: ¿África es así m'zungu?' estuvo marcada, como reconocía, por la mezcla entre lo real y lo irreal y onírico. «Me muevo en un mundo tembloroso, donde camino por un borde entre lo real y lo surreal, entre lo hecho y lo no realizado», explicaba este artista autodidacta que explico en enclaves tan dispares como Caracas o París, el año pasado, durante la puesta de largo de la que resultó ser la última gran individual en la capital grancanaria.

Un hombre del Renacimiento, afable, cercano y divulgador

Félix Juan Bordes encarnó, sin pretenderlo, la figura del hombre del Renacimiento, periodo floreciente de la creación artística que conocía al dedillo. Ejerció como arquitecto, pintor, grabador y docente, siempre haciendo gala de un carácter afable, cercano y con una natural querencia a la divulgación de los múltiples conocimientos que atesoraba.

En 1973 comenzó a ejercer como profesor de proyectos en la Escuela Superior de Arquitectura Las Palmas de Gran Canaria y en 1981 logró la cátedra en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de la capital grancanaria.

Su biografía oficial sitúa su primera exposición individual en 1963, en El Museo Canario.

En el grabado se inicia muy joven en Madrid, con el artista Dimitri Papageorgiou como tutor.

En 1980 forma parte del grupo de artistas fundadores de la Asociación Canaria de Amigos del Arte Contemporáneo (ACAAC). Nueve años después fundó también el colectivo multidisciplinar y comprometido en la defensa del paisaje isleño que denominó Grupo Atlántico de Diseño, Arquitectura, Planeamiento y Paisaje (Gadap-Bordes SL).

En 2010 ingresó como académico numerario de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, en un acto en el que leyó el discurso titulado: 'Una reflexión sobre la provocación sensible y la realidad interior: del desorden aparente a la estructura profunda'.

Su obra ha sido expuesta y forma parte de las colecciones de los principales centros artísticos del archipiélago. También expuso, durante su fructífera trayectoria artística, en muchas ocasiones en galerías y centros públicos de distintos países.