Eduardo Guerrero en escena. / C7

Las sombras que mueven el mundo

El bailaor gaditano Eduardo Guerrero presenta en el Pérez Galdós 'Sombra Efímera II', una propuesta poética y comprometida

David Ojeda
DAVID OJEDA

El bailaor gaditano Eduardo Guerrero inaugura este jueves (20.00 horas) la temporada del ciclo Música y Danza del Teatro Pérez Galdós con 'Sombra Efímera II', un proyecto con el que quema en la hoguera su pasado artístico, oscurece su paleta de colores y desafía a las sombras que mueven el mundo. Un volcán escénico sujeto a un montículo de arena como pieza clave de su escenografía.

'Sombra Efímera II' es la continuidad de una propuesta con antecedentes. Guerrero es una figura sin moldes, que agita sus propuestas artísticas con la misma flexibilidad con la que su cuerpo firma quiebros imposibles en el escenario. Y por ello no le importa asumir riesgos al ejecutarlos. «'Sombra Efímera' se crea relacionándolo con diferentes artistas. La relación con Marco Canevacci, el arquitecto de una estructura neumática, una esfera gigante donde bailamos dentro de ella. Un plástico a través del que la gente puede percibir la obra como si estuviera en otro lugar. Solo entran 100 personas dentro del espacio creado por Marco. Y luego está la evolución de 'Sombra Efímera II' hacia el escenario, poder salir de esa burbuja gigante en la que parece que siempre estamos protegidos y enfrentarnos a lo que es la realidad del escenario. Dentro de la burbuja no existen montañas o ramas, ninguna de las ambientaciones que luego se llevan a la escena. Y es como salir de la barriga y escenificarlo en la vida natural. Por eso utilizamos ese tipo de materiales como la tierra o el suelo. Viendo como cuando vamos haciendo camino en la vida vamos destruyendo», indica el bailaor gaditano.

Hay en 'Sombra Efímera II' muchas cuestiones abiertas y que resultan pertinentes en el contexto actual. La libertad sexual, el compromiso con la naturaleza, la relación con los movimientos migratorias. Diferentes situaciones que se articulan en la danza de Guerrero y el poético montaje de Mateo Feijoó sobre las voces de Samara Montañez y Manu Soto, o la guitarra de Javier Ibáñez. «Hay muchos mensajes de conciencia que nos repercuten mucho. Porque somos los que estamos construyendo y deconstruyendo continuamente. Ese gesto hace falta recordárnoslo muchas veces. Es un espectáculo del hoy, del momento. Por eso para mí es importante que los jóvenes coreógrafos nos impliquemos en algo más que bailar, que es muy importante. En trasladar ese mensaje como integrantes del mundo, no espectáculos banales que no nos lleven a nada. No quiero un espectador pasivo, lo necesito activo. En su pensamiento, que salga del teatro y se pregunte por qué ocurren las cosas y un día vaya por la calle y vea y entienda esa imagen que vio en el escenario», subraya.

Un momento del espectáculo. / C7

Lo escénico diseñado para este espectáculo se ha visto sacudido por la aparición de la pandemia. Que, además, ha tenido una coincidencia altísima con la forma de plantear los contenidos llevados a escena. «Cuando empezamos a trabajar en 'Sombra Efímera II' hace dos años nunca pensamos en encontrarnos en la situación en la que estamos. Y, a lo mejor, era una señal y por eso teníamos que hacerlo. Es un compromiso al que le teníamos que dar valor. Siempre estamos acostumbrados a vestirnos de colores, a lo folclórico, a la diversión, y realmente hemos venido a mostrar una verdad. Y para mí la verdad de este espectáculo es provocar al espectador a que se comprometa con lo que está viendo. Que hay un traspaso de género, que hay dos hombres que bailan a libre sexualidad; no cerremos las puertas que dos personas del mismo sexo se puedan enamorar. A que una mujer sea la que sube a la montaña y la corone con su bandera. Trasladar muchos mensajes que debes normalizar ya. Muchas veces el ser humano necesita que se le escenifique y se le muestre», indica Guerrero.

Por ello recalca como los hábitos que ha impuesto el coronavirus se relacionan, involuntariamente, con la propuesta que están desarrollando. «Parece que estábamos predestinados a que nos ocurriera esto. Y parece que no es posible. Pero a veces hay muchas coincidencias en la vida y nos hemos dados cuenta de que en la escena hay muchas cosas que están sucediendo ahora. Mateo Feijoó siempre intentó que nunca tuviéramos contacto hasta el final de la pieza. Siempre trabajamos en la distancia para nunca estar cerca los unos de los otros. De esa manera empezamos a comprobar que la vida se había comportado así. El único momento en el que los cuatro artistas que pertenecen a la pieza se unen y se tocan es cuando subimos a la montaña y construimos el pico con nuestro propio cuerpo, nos dejamos caer unos encima de los otros. Y nos sorprende mucho el saber que ahora estamos viviendo esa misma situación. Y nos damos cuenta de que la vida no está hecha de casualidades, las casualidades están hechas de la vida», subraya.

Todos los acontecimientos del presente, narrados en la poética del baile, en la precisa guitarra y en las desgarradoras voces, se sienten sobre el escenario condicionados por la impronta de la verdad. «Influye en el momento en el que construyes unos telones de diez metros, que son los que forman la escenografía de la pieza. Y ya desde ese momento hicimos un guiño y un homenaje a la sociedad. Esos telones no están construidos porque sí. Ni tienen un simple uso. Se fue a una organización que es la de Mensajeros por la paz y se hizo un donativo para que la gente pudiera alimentarse en la situación en la que estamos viviendo y comprar esos sacos de ropa usada y así no malgastar, invertir en algo que le pudieras dar en una segunda vida. En ese momento en el que crece ese muro, que para nosotros es un muro de sentimientos, porque ves ropas de niños chicos, de personas mayores, y te das cuenta de que todo es efímero. Que muchas veces desechamos sin darle importancia a lo que esas prendas, por ejemplo, significan para cada persona. Y seguramente cualquier persona que vaya al teatro puedo identificar alguna de sus prendas, que le recuerden a cosas que alguna vez ha llevado. Para nosotros es remover sentimiento», dice.

Los elementos.

Si la primera visión de 'Sombra Efímera' nace en el interior de una burbuja, Guerrero narra ahora una historia más orgánica. Cimentada en el uso de materiales corrientes que se comportan de distintas maneras cada vez que se llevan al escenario. «Es un espectáculo que está siempre en continúa construcción, que es uno de los procesos que más incentivan al artista. No cerrar el campo en ninguna de sus tesituras a un espectáculo; al final vas eligiendo cómo se va destruyendo el suelo y cada vez es de una forma diferente. Por ejemplo, esa montaña de tierra hace una nueva función dentro de la obra. Te dejas llevar por todos los objetos que salen en la pieza y que te hacen, a su vez, reconstruirla. Porque al final cuando uno trabaja con materiales ya creados siempre van a funcionar igual. Pero cuando trabajas con elementos como una rama, la arena, un suelo de papel que se va rompiendo, ahí el funcionamiento lo da la propia naturaleza con lo que cada día proceda con esos objetos», explica al teléfono.

Eduardo Guerrero. / C7

Eso sorprende al espectador. Y no permite que haya una función idéntica a otra. «Dejas un campo muy abierto aunque no hay improvisación, porque todo está ensayado y muy medido. Al trabajar con ese tipo de materiales en la escena hay muchas variantes en materiales que proceden de una manera y surgen de otra. Subir a una montaña de tierra. Aunque subas muchas veces a la misma cada vez la sientes y se comporta de otra manera. Y eso es lo interesante de esta pieza», razona.

Para Eduardo Guerrero sentirse vivo es mutar con el propio contenido. «Eso es lo bonito de Guerrero. Me gusta divagar sobre eso, porque es de la única manera en la que te sientes vivo. Que sientes que puedes disfrutar en la escena, que sientes que creces y suceden cosas. Que mantienes al espectador atento a cualquier situación. Pero también a los propios componentes de la pieza, siempre tienen que estar en una máxima concentración para saber qué va a ocurrir, aunque conozcan las pautas. Al final, el dejarte llevar de esa manera es un crecimiento personal y artístico», concreta.