La poeta Carmen Castellote, en México.

Retorna la última poeta del exilio

Con cinco años embarcó rumbo a Rusia en plena Guerra Civil y con 90 retorna al fin a España a través de su obra, escenificada y reunida por primera vez

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Tenía cinco años cuando Guernica fue bombardeada y pocos días después Carmen Castellote, nacida en Bilbao, embarcó rumbo a la Unión Soviética, con otros cientos de niños españoles. Su primera parada fue Leningrado y luego un hogar de acogida en Ucrania, cerca de las primeras fronteras en caer cuando Hitler invadió el este. La llevaron en tren a Siberia, un viaje que demoró semanas con largos días en terreno baldío. En la fría tundra siberiana, en un «pueblo que ni siquiera sale en los mapas» atestiguó el desenlace de la II Guerra Mundial.

«Yo viví un país tragando la guerra por sus ojos, niños atados a la estufa con la ira del frío y ancianos que esperaban la noticia de su muerte frente a sus casas (…) y en una aldea mecida en la orilla del mundo unas mujeres que estallaban sus recuerdos para huir más ligeras; calles y banquetas enloquecidas por cuerpos, sin más abrigo que la guerra…Todo un país canjeando sus últimas ropas por monedas de pan y migas de agua», dice Castellote en una carta a Carlos Olalla, el dramaturgo que encontró su rastro de letras cuando investigaba sobre sus contemporáneas María Zambrano, María Teresa León y «las mismas de siempre».

«Ella no aparecía por ninguna parte», recuerda Olalla, quien a través de la correspondencia y llamadas telefónicas entabla amistad con la poeta. A partir de sus recuerdos y textos escribió la obra de teatro 'Kilómetros de tiempo' (Teatro del Barrio, Madrid, 26/12), dedicado a «la última poeta viva del exilio republicano», hasta entonces desconocida.

Al acabar la contienda, se trasladó a Moscú, estudió historia, se enamoró «muy joven» y se casó con un joven polaco, que la llevó a su país, y tuvo un hijo. En 1958, más de 20 años después de su expatriación, el régimen de Franco les reabrió las puertas. Pero ella eligió otra dirección: México, donde vivía exiliado su padre, un histórico del partido comunista. Hasta entonces Carmen Castellote, que tiene ahora casi 90 años, no había escrito sus primeros poemas. Comenzará en edad tardía, en los ochenta, publicará en América poemarios sueltos, que por fin ahora reúne la editorial Torremozas en España.

Rodeada de intelectuales, reaprende el español de su infancia. «Yo conocí y fui amiga de varios poetas refugiados de la generación de mi padre: Juan Rejano, Pedro Garfias, León Felipe y otros más», recuerda Castellote, que se niega a recibir un homenaje oficial, que ya le han ofrecido y ha rechazado. No quiere volver a recordar aquellos años en público. «Yo me cuento mi vida cuando todo se va», dice en uno de sus versos.

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