El escritor, historiador y premio Planeta, Juan Eslava Galán. / VIRGINIA CARRASCO

«Me preocupa mucho el más acá y nada el más allá»

Juan Eslava Galán recorre los escenarios bíblicos en un crítico y divertido viaje dialéctico a Tierra Santa junto a Antonio Piñero

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

Dos amigos agnósticos, cultos y jubilados, deciden viajar por los más icónicos escenarios bíblicos. Sus agudas y divertidas conversaciones dan pie a 'Viaje a Tierra Santa' (Booket), un libro misceláneo que mezcla la historia con el relato de viaje y rezuma buen humor. Lo firman Juan Eslava Galán (Jaén, 74 años) y su amigo Antonio Piñero (Cádiz, 80 años), una autoridad en el cristianismo primitivo, filósofo, filólogo y estudioso de las escrituras. Convertidos en Bonoso y Antonio, son unos Bouvard y Pécuchet del siglo XXI que, como la pareja de Flaubert, hablan mucho de lo humano y lo divino.

Viajan a Israel, Palestina, Turquía y Grecia. Indagan en los orígenes del cristianismo y observan la variedad del mundo. Desde el monte Sinaí, donde Moisés vio a Yavé en una zarza ardiente, su bíblica peregrinación los llevará tras las huellas de Jesús y de la densa historia de las disputadas tierras en las que arraigaron religiones, pueblos y pintorescas sectas.

«Damos una versión histórica del nacimiento del cristianismo y de Cristo que, obviamente, prescinde de la fe, pero no deja de ser interesante, creo, para los que tienen fe», explica Eslava Galán, que ya contó el catolicismo a las ovejas y la historia de España y del mundo a los escépticos.

En su periplo por los lugares clave del Nuevo Testamento estos lúcidos agnósticos reflexionan sobre la veracidad de algunos episodios bíblicos, discuten sobre la muerte o la resurrección y arrojan luz sobre temas tan candentes como el conflicto entre Israel y Palestina «donde, por desgracia, casi hay que viajar hoy con casco y chaleco antibalas».

«Los veteranos conocemos el compendio de historias de la Biblia, pero los más jóvenes se están perdiendo una fabulosa riqueza histórica», lamenta Eslava Galán. «Al margen de tus creencias, si perteneces a la civilización cristiana occidental y te hurtan ese tipo de conocimientos, ignoras las claves de tu pasado», dice el historiador y premio Planeta. «Si formas parte de la civilización cristiana occidental debes conocer a Homero, pero también a Jesucristo», agrega Eslava Galán aconsejando leer la Biblia, «aunque mi personaje crea más en el 'Quijote' que en las escrituras». «Ser agnóstico o ateo no está discutido con conocer la Biblia. Lo mismo pasa con el Corán o la Torá», asegura.

De todos los enclaves bíblicos que recorren, el más conmovedor es «sin duda» Jerusalén. «Por lo que tiene de intensidad de la fe, de sus visitantes de los lugares que están relacionados con la Pasión de Cristo, es inolvidable». Y dentro de Jerusalén, «el Santo Sepulcro, que es una especie de Disneylandia religiosa», dice Eslava, para quien el humor es primordial y determinante «en los libros y en la vida».

«Hay que reírse de todo, y desde luego de Dios, dicho sea con todo los respetos. Pero más que de Dios hay que reírse de algunas creencias, de las vestimentas que los humanos le ponemos a Dios y que se prestan bastante al humor», precisa.

Estos agnósticos cultivados son más que críticos con los que llaman «intermediarios de la religión», los chamanes, sacerdotes, rabinos, imanes, papas y popes que ejercen el poder terrenal en nombre de Dios y acumulan riqueza. «Hacen de las creencias un espléndido negocio, dicho en dos palabras», resume Eslava Galán. Es un «triste denominador común para las grandes religiones monoteístas y para las sectas», señala. «Pero ¡cuidado!, que hay gente abnegada, -misioneros, monjas y organizaciones como Cáritas- que se entregan al prójimo, que respeto profundamente y que quedan al margen de ese negocio».

Matar por Dios

Por desgracia «se ha matado, se mata y se matará en nombre de Dios». «En especial las religiones que no respetan otras creencias, que suelen ser las monoteístas», dice el escritor. «Pero llega un momento en el que, como ocurrió con el cristianismo en la Ilustración, se separa la religión del Estado y se deja de matar».

«Hace 3.000 años había unas religiones potentes que han dado paso a otras y todo podría volver a cambiar. Aunque evolucione la religión siempre existirá por un motivo simple: el hombre es el único animal que sabe que tiene que morir. Ningún otro ser de la creación tiene conciencia de su propia muerte. Mientras sepamos que vamos a morir, existirán las religiones, que te ofrecen esperanza y un más allá. Me preocupa mucho el más acá, y nada de nada el más allá», dice este agnóstico bien informado.

No ha sucumbido Eslava a la tentación de apostatar. «Mis amigos apóstatas me invitan a hacerlo, pero me niego. Prefiero seguir en el rebaño de la Iglesia, lo que me da derecho a opinar sobre ella y escribir libros como este», ironiza. No le da derecho a entrar libremente en las catedrales y bien que lo lamenta. «Estoy muy vinculado a la catedral de Jaén, frente a la que viví muchos años, pero ahora cada vez que la visito me tengo que rascar el bolsillo. Han convertido las catedrales en oficinas recaudatorias y obligan a rezar a horas fijas».

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