R. C.

Las pocas palabras de John Coltrane

Las reflexiones musicales del mítico saxofonista de jazz se exponen en el libro 'My Favorite Things', recién reeditado en España

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Dos años después de tocar con Miles Davis en el teatro Olympia de París, dejando uno de los registros más memorables de un concierto de 'bebop', John Coltrane volvió a aquella ciudad como líder en 1962, una cita que se repetiría un par de veces más antes de su muerte, a los 40 años. La vida de 'Trane' (EE UU, 1926-1967) transcurrió al mismo ritmo acelerado que imprimía a sus fraseos. Pasó de la improvisación vertiginosa y el virtuosismo en las agrupaciones de otros músicos a sus propios temas inclasificables en conjunto. Con el 'free jazz' forzó los límites de las armonías musicales para regresar a una estructura lírica en 'A Love Supreme'. En ese camino firmó otros álbumes cruciales como 'Blue Train', 'Olé, Coltrane' o 'Giant Step', y creó una escuela que perdura hasta hoy, influenciando a otros saxos, desde el ahora veterano Archie Shepp hasta el talentoso César Filiú Douglas.

En sus temas exploró su forma expresiva y realizó intensos soliloquios, pero sus palabras fueron escasas. Como otros grandes 'jazzmen' de su época (Thelonius Monk, Lennie Tristano, Bud Powell), hablaba poco. Y menos aún intentaba explicar lo que hacía con su instrumento. Sin embargo, durante tres viajes realizados a París coincidió con un periodista especializado, Michel Delorme, que le entrevistó y sirvió de guía por la ciudad.

En realidad, bajo ese formato había muchas horas de compañía, más que de conversación, de las que el redactor sacaba en claro algunas respuestas, después de lo que se presiente como una larga tarea de edición y voluntad por su parte, ante la parquedad amistosa de Coltrane. Era «muy educado, cortés y de extrema amabilidad», recuerda Delorme, en el libro 'My Favorite Things. Conversaciones con John Coltrane', reeditado recientemente por Alpha Decay.

Entre que tocaba 'Impressions' o 'Bye Bye Blackbird', el gran músico descubría cuestiones técnicas, como qué determina tocar un tema recién compuesto con un saxofón soprano o alto, mostraba su admiración por músicos como Ornette Coleman; y reflexionaba sobre el jazz y todo aquello que rodea al género.

En el libro dice que su «mejor composición» es 'Naima', recomienda «no comer antes del concierto» y afirma, por ejemplo, que la sensibilidad musical «es un problema de comprensión y no tiene nada que ver con el color de la piel». En ocasiones, Coltrane se extiende. «No es que queramos provocar un estado de hipnosis ni nada por el estilo, queremos simplemente conmover al público, comunicarnos con él, hacerle sentir lo que sentimos nosotros», dice 'Trane' sobre su búsqueda en el escenario. Para entonces tiene por primera vez una formación fija con Eric Dolphy y McCoy Tyner. «Lo que sentimos en lo más profundo de nuestro interior, debe comunicarse a los demás».

El estado de ánimo de Coltrane cambia de una entrevista a otra, que en este libro son transcritas de la grabación original sin utilizar la versión publicada en los sesenta, lo que expone mejor las ideas del saxofonista una vez que el tamiz del tiempo ha hecho su trabajo y su legado se afianza. «Voy a dejar que la naturaleza de los temas determine mi forma de tocar y los tocaré como los sienta», mantuvo antes de grabar obras maestras como 'Expression', 'A Love Supreme' -que decepcionó al público parisino cuando la estrenó, según Delorme- o 'Ascension'. Dice Coltrane, en su última entrevista, que «siempre estaba buscando algo» y que creía que «estaba a punto de encontrarlo». Y finaliza: «Muchas veces, cuando llego a un momento crucial, retraso todo para que el mundo pueda comprenderme antes de que haya cambiado».