18º festival de cine

El cine de género en el siglo XXI, freak VS hipster

16/04/2018

Este miembro del consejo asesor del certamen isleño analiza el estado creativo en este apartado. Detecta que se han diluido algunos principios que considera fundacionales.

Ya lo hemos avisado este año en La noche más freak, la sección dedicada al cine fantástico, extremo y de horror que el Festival Internacional de Cine de Las Palmas lleva ofreciendo año tras año desde su segunda edición: hay que matar al freak. O, mejor dicho, al hípster con piel de freak, que está usurpando el lugar que antes ocupaba el honesto, entregado y sincero aficionado al cine de género y popular, convirtiendo de paso tanto éste como su apreciación crítica en un ejercicio de estilo vacío, por un lado, y por otro en un contenedor de mensajes políticamente correctos, evidentes y hasta didácticos.

Lo que está envenenando la praxis y el disfrute de las películas de horror, fantasía, ciencia ficción, thriller, acción y violencia es su apropiación, a menudo teñida de nostalgia impostada, por parte de una serie de directores, guionistas y, peor aún, espectadores, que se ven necesitados para abordar estos géneros de coartadas tanto intelectuales como morales con las que esconder el hecho de que, en realidad, no entienden ni aman sinceramente su esencia. Porque la esencia del cine de género es, fundamentalmente, amoral, emocional y directa al cerebro reptiliano: ofrece catarsis, apoteosis y apocalipsis, conectando con el imaginario arquetípico colectivo e individual a través de emociones básicas, puras y desnudas en su crudeza, por muy elaboradas que puedan parecer a veces. Sexo y violencia, miedo y risa, deseo y repulsión, Eros y Thanatos, y no hay más que hablar.

Mientras eso funcione, sea tanto en una superproducción, en un blockbuster megamillonario como en un producto barato y cutre, en un filme autoral y sofisticado como en un subproducto comercial, tendremos buen cine de género, con todos sus matices y variaciones posibles e imposibles. Eso es, precisamente, lo que se echa a faltar en gran parte de lo que se estrena hoy, y la culpa es de los hípsters.

Hoy todo el mundo es o dice ser freak, lo que, por supuesto, es una contradicción en sus términos, ya que el freak es, por definición, el monstruo, el diferente, el marginal y marginado. Pero si hoy te gustan Star Wars o Star Trek, los superhéroes Marvel o D.C., los asesinos psicópatas y los zombis, los videojuegos y los cómics, los terrores con niños de los 80, Stephen King, el manga y las artes marciales, eres un listo. Un apocalíptico integrado, o sea: de pega. Porque en la mayoría de los casos, si no todos, estás fingiendo. No te gusta el Space Opera, sino su degradación, pues basta comparar la original La guerra de las galaxias con lo que hoy es su universo o la serie primigenia de Star Trek con sus últimas entregas cinematográficas. No te gustan los verdaderos superhéroes, ridículos y entrañables con sus pijamas ajustados y capas de colores, sino sus versiones impostadas, oscuras y grises, agobiadas por problemas existenciales más absurdos, en verdad, que todos sus superpoderes. No entiendes la diversión caníbal, salvaje y brutal de los muertos vivientes de Romero, ni por qué la sangre, la muerte y los asesinatos importan más en las hazañas de un psychokiller que su pasado atormentado o sus motivaciones para matar (¿alguien las necesita en una buena peli de terror?). Ni que los niños y adolescentes de los 80 no eran como los muestra Stranger Things, sino como los ves en Noche de miedo o Jóvenes ocultos. De Stephen King has cogido lo peor, sólo hace falta ver o leer el It original y compararlo con su nueva versión desangelada y traicionera. Dices que eres fan de Tarantino pero... ¿has visto alguna de las películas de los años 60 y 70 que Tarantino copia, homenajea, plagia y ama? ¿Te gustan de verdad los spaghetti westerns, los gialli, los poliziescos y polars, los soja westerns y los apocalipsis caníbales y urbanos del cine italiano? Digo si te gustan de verdad. No que te rías de ellos, no que los aplaudas en ceremonias de confusión y hastío estilo CutreCon y similares, sino que los veas solo en casa, sin necesidad de presumir ni hacer el paripé delante de nadie, sin novia ni colegas, solo contigo mismo y tus mecanismos, sin coartadas ni chistes en voz alta. Lo dudo.

Desde que el cine de género, incluso el más extremo y salvaje, ha encontrado su nicho en festivales como Sundance o Toronto, desde que los hermanos pequeños reinventaron sus recuerdos de los años 70 y 80 que nunca vivieron, desde que las gafas de pasta y las barbas invadieron el sagrado espacio del cine de barrio y el videoclub, espacio mental sin fronteras entre el buen y el mal gusto, el género vive su peor, más aburrido y gris momento. Lleno de remakes sin gracia y versiones de los mitos y temas clásicos a las que se añaden como destacados en negrita mensajes morales y sociales que antes estaban (si lo estaban) entre líneas, para justificar que disfrutemos de la sangre, el sexo y los sustos, avergonzados porque nos han dicho que el género es misógino, fascista, vulgar y reaccionario, y por eso hay que reciclarlo a la fuerza en feminista, liberal, sofisticado y progresista.

Desde aquí, como desde La noche más freak, siempre fiel a sus principios, hago un llamamiento urgente: ¡hay que sacar el cine de género de manos de los hípsters! Basta de monstruos buenos, de alienígenas y zombis como metáfora de la inmigración, la marginación social o la incomunicación. De asesinos y superhéroes con problemas morales, víctimas del bullying o los malos tratos. De copias en gris del cine color neón de los 80. De excusas y coartadas. ¡Devolvednos lo que es nuestro! Parece mentira que tenga que ser una película tan sencilla y esencial como Déjame salir la que nos sirva para cerrar este balance, porque su lección es clara: pura blaxploitation puesta al día, cine de terror de Serie B que, ironías del hipsterismo, llega hasta los Óscar porque el negro es bueno y los malos blancos de clase alta, pero que en todo lo demás es la misma y vieja buena mierda de siempre: terror pulp, humor negro (sin segundas), ciencia ficción cutre y venganza, retribución y catarsis. ¿Habrá entendido alguien su verdadera lección?