La sustancia del universo

Michel David inaugura el día 5 de abril en el CICCA su serie ‘Akasha’. El artista galo, afincado en Gran Canaria, desvela las sutiles relaciones del alma con la matriz de la insondable existencia.

Akasha es la denominación que el artista Michel David ha otorgado a su última entrega pictórica, que el próximo día 5 de abril será inaugurada a las 20.00 horas en las salas del Centro de Iniciativas Culturales de la Caja de Canarias (Cicca). Akasha es el quinto de los grandes elementos que conforman en el contexto de la religión hinduista la existencia, la sustancia primordial del universo.

El artista francés radicado en Gran Canaria desde hace dos décadas ofrece en esta serie una especie de reflexión inteligente y exigente de lo que ha sido su manera de transferir con talento al lienzo su manera de entender la pintura. Una pintura que se ha nutrido en su trayecto de la investigación teórica y plástica como motivación y finalidad en sí misma, de los consagrados iconos del arte universal (desde el impresionismo de Monet, al colorido de Van Gogh, pasando por el primitivismo de Gauguin, el expresionismo de Pollock o Rothko o los monocromas de Yves Klein), pero sin caer en la vacua evocación o una deambulación meramente historicista, de los que ha extraído sus contextos para mirarlos desde otro lugar en el que se escenifica la preservación de la memoria. Un recóndito espacio donde el creador parece buscar emocionados tiempos de sosiego espiritual y donde parece sustentarse la significación y direccionalidad de su periplo.

Aunque Michel David ha ido variando y experimentando a lo largo de los años, desde sus inicios, pasando por sus predilecciones venecianas y la fulgurante explosión colorista de Oxygen, o la etapa introspectiva de Entretelas o su poética autobiográfica Oda a las mujeres, hasta ésta última individual que es Akasha, en todas ellas parece existir un vínculo, un denominador común que es la búsqueda de la emoción a través del color. Piel y envoltura.

Si en otras entregas Michel David ha explorado la forma como principio básico de la modernidad estética, en Akasha la sobriedad del color y el influjo del vacío augura una dialéctica y sustancia que desvela las sutiles y abstractas relaciones del alma con la matriz del insondable universo. Porque cuando el artista se refiere a los cuatro elementos quiere acomodar el aire con la respiración y la vida, el agua con la purificación y la vida, la tierra con las raíces y la vida, el fuego con la digestión, la muerte y la vida. Al fin de cuentas una oda a la vida y al crecimiento individual que en cada pieza de esta exposición otorga al espectador la posibilidad de poderse comunicar con la pintura para encontrarse consigo mismo desde un punto de partida que lo invitará a recorrer un mundo interior.

Tras dos años de intensa búsqueda irrumpe en el Cicca Akasha, una selección con la que Michel David completa su respetable nómina de espacios en los que en los últimos años ha exhibido su obra: la Galería Vegueta, la Agora Gallery y la Lumen Gallery de New York, la Biblioteca Nacional de Madrid, Peyer Fine Art de Zurich y la Fundación Mapfre entre las más importantes.

Desde los años ochenta el artista galo viene trabajando en su estudio de manera rigurosa fortaleciendo la estrategia de su discurso plástico e indagación creativa. Ese trabajo y proceso de síntesis que en estos últimos años emprendió David vuelve a plasmarse en Akasha. Sus lienzos pugnan por desvelar lo oculto, por cifrar los recovecos físicos del espacio, lo encubierto y lo recubierto de la memoria, los misteriosos mensajes de nuestros sueños, las huellas que subrayan las cosas, lo que emerge de las profundidades en la energía helicoidal de la imaginación, lo que acecha en los deseos, lo que imprevisiblemente nos desgarra a través de los sentimientos... el enigma mortal de la existencia.