«El cine español no refleja lo que ocurre en el país»

29/04/2018

Aunque es un actor de casta que lleva casi seis décadas sobre las tablas asegura que ponerse ante el público y contar una historia sigue pareciéndole un reto. Mientras pasea por los alrededores del Museo de El Prado, Emilio Gutiérrez Caba comparte por teléfono sus impresiones sobre su desafío más inminente en el teatro Cuyás.

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P. -¿En Después del ensayo usted representa a un transunto de Bergman que repasa su vida como hombre de teatro. ¿Se identifica con lo que cuenta Bergman en este texto?

R. -Me identifico en gran parte, no al 100% porque si no sería Bergman. Sobre todo coincido con sus ideas sobre el teatro y sobre la relación sentimental que existe entre los intérpretes y el director.

P. -¿Se identifican en esta obra los rasgos principales del trabajo de Bergman?

R. -Parte de lo que muestra la función sobre la personalidad de Bergman está en la propia obra de Bergman. Sus rasgos creativos se contemplan relativamente. Lo que sí se explica más es su idea del teatro. Aunque también ahí hay contradicciones. Porque lo que ocurre es que dice una cosa y luego hace otra. Dice que adora a los actores, pero luego se sabe que tenía con ellos unas broncas tremendas. En todo caso, es disculpable falsear las cosas. En realidad las falseamos todos. En general sí se ve un poco de lo que expresa en su obra, sobre todo su preocupación por el paso del tiempo, que siempre juega en nuestra contra, como en El séptimo sello. Al final de la vida no se pasa bien porque llega decadencia y termina con nuestra desaparición. De eso es de lo que se habla en la obra.

P. -¿Cómo se preparó el papel para ser Bergman?

R. -No creo que sea un biopic de él. En Después del ensayo traté de acercarme a lo que significa Bergman en el mundo del espectáculo mundial. Por suerte, para mí no era ningún desconocido. Hay autores que pueden ser desconocidos para uno, pero, afortunadamente, Bergman no lo era. Había leído su magnífica biografía Linterna mágica y había visto lo más granado de su cine. Ya me había hecho una composición de lugar. Además, en la Escuela de Cine de Alicante di un curso sobre Bergman. Realmente para mí ha sido una persona con una filmografía ya sabida. También conocía los rasgos de su carácter, no siempre buenos. Sé que era un gran misógino. En su obra se nota que era bastante misógino, pero es que sus relaciones fueron tremendas. Abandonaba a sus parejas y, por el camino, se deshacía de todo. Se justifica por ello en Después del ensayo. Es un gran cínico en ese sentido. En Después del ensayo aparece un Bergman cínico y una actriz, como las de su vida, también cínica. Si no se tiene punto de cinismo en la vida, te va fatal. Lo dice la actriz madura y también la joven. Era muy cínico y en algunos momentos incluso cruel.

P. -¿Qué tal fue trabajar bajo la dirección de Juan José Afonso?

R. -Le conocía como productor desde hace muchos años. Coincidimos en El príncipe y la corista, una obra que hice ya hace unos cuantos años. No le conocía en su faceta de director. Trabajando con él he sentido que le tenía a mi lado. Ha tratado el montaje con inteligencia y ha dado libertad a la gente. Eso se nota mucho. Dirige muy bien a las mujeres. En especial a Rocío Peláez. Lo ha hecho muy bien. Es una actriz excelente. Con Chusa Barbero lo tuvo muy fácil, porque es más veterana y tiene más background. Rocío, por su juventud, no lo tenía. En el cásting se decantó por ella e hizo bien. Fue muy acertado.

P. -Usted pertenece a una saga actores. Su sobrina-nieta Irene Escolar es una actriz emergente. ¿Qué ha cambiado entre su época y la de ella? ¿Quién lo ha tenido más difícil?

R. -Las dificultades a veces surgen en el momento menos pensado. Estamos en una época difícil en cuanto al trabajo y las oportunidades, pero, sin embargo, es más fácil acceder al mundo del teatro de una forma más sencilla y fácil. Antes hacíamos muchos trabajos para vivir. Ella se puede permitir el lujo de renunciar a algunas cosas para estudiar y poder acceder a otras. La gran desventaja es que no puede trabajar todos los días. Eso, en nuestro trabajo, es fundamental. Es algo que no ocurre ahora. Antes íbamos a las islas y estábamos 40 días. Ahora no estamos más de dos días por isla. Eso es tremendo y redunda en el trabajo. La diferencia con mi sobrina nieta es muy grande, tenemos una generación por medio. Está su padre y luego ella. Eso marca mucha diferencia.

P. -Tiene 75 años, ¿cuál es su secreto para conservarse tan bien? Eso le interesa al lector.

R. -(Risas). Es un milagro de la genética. Tengo pequeñas goteras que tienen que ver con la edad. Pero lo principal para mantenerme bien es que hago algo que me gusta. En la vida es muy importante hacer lo que a uno le gusta y en el teatro, afortunadamente, puedes trabajar hasta el ultimo aliento. Si estás bien, es una profesión creativa que tiene una ventaja sobre otras profesiones. Aunque físicamente no es igual, psicológicamente sí lo es y, mientras la cabeza funcione puedes seguir en activo. Eso es lo que te conserva. El momento de decir me retiro es un momento duro e innecesario para cualquiera porque hombres y mujeres son necesarios hasta el fin de sus días. Por desgracia, hay otros que no lo son.

P. -¿Se le está haciendo dura la gira? ¿Le queda mucho por delante tras Después del ensayo?

R. - Está siendo muy suave desafortunadamente, por un lado, porque no hacemos muchas representaciones al mes, eso también repercute en lo económico y, por otro lado, solo hacemos tres o cuatro funciones y eso nos permite no tener que trabajar tanto.

P. -Y ¿le queda mucho a Después del ensayo?

R. -No lo sé. Estoy en tiempo de descuento. Me queda estrenar el montaje Copenhague, con Carlos Hipólito y dirigido por un gran talento, el argentino Claudio Tolcachir. Será en enero del año que viene. Además estoy dirigiendo una obra, La cueva de Salamanca, de Juan Ruiz de Alarcón. Esa obra se representará con motivo del centenario de la Universidad de Salamanca. Es una coproducción con ellos y se estrenará el 10 de mayo. Luego girará por Madrid, Almagro, Cáceres... Me ha permitido trabajar con gente muy cualificada y actores jóvenes –en relación a mí, tienen entre 30 y 40 años– no conocidos en el mundo del teatro. Ellos están en otro mundo, en el de la televisión. Son caras que la gente ha visto en televisión muchas veces.

P. -Su hermana Julia, con 85 años, sigue al pie del cañón con Cartas de amor, ¿su apego a las tablas es también una cuestión genética?

R. -Sí. A ella le viene bien. Está en una edad más alta que la mía. Estar activa le conecta con otra gente y otras realidades que son importantes. Está muy bien acompañada por Miguel Rellán y todas las gentes que trabajan a su lado. Le viene bien mentalmente. Está constantemente hablando, reflexionando, cambiando impresiones y viajando.

P. -Nació en una gira. ¿Supo que iba a ser actor desde niño?

R. -No. Qué va. Me dediqué primero a estudiar y luego estuve en un laboratorio de cine trabajando un par de años. Después, cuando retomé los estudios, al acabar la mili, me encontré a una serie de personas que fueron fundamentales para desarrollar mi cariño por el teatro, por otro tipo de teatro, y me di cuenta de que podía dedicarme a esto.

P. - Estuvo en el rodaje de Palmeras en la nieve, ¿creó lazos con la isla?

R. -Sí, estuve una temporada larga en Las Palmas. Iba y venía. Tuve oportunidad de estar en esa isla adorable y en el espacio natural de Osorio. Hicieron una obra mágica allí. Por la noche bajaba la temperatura y yo lo agradecía.

P. -Después de tantos años de idas y venidas, tendrá amistades en Canarias.

R. -Conocemos a mucha gente canaria. Nos encontrarnos en el cine, en el teatro, en el consejo administración de Aisge (Fundación de Artistas Intérpretes Sociedad de Gestión), como José Manuel Cervino. Tengo algunos amigos allí. Ahora, cuando vaya, espero volverlos a ver.

P. -Repasando su filmografía, se puede ver que ha trabajado con Basilio Martín Patino, Carlos Saura, José María Forqué, Pilar Miró, Almodóvar... ¿Con quién se queda?

R. -La pregunta sería con quién no me quedo. Todos ellos me han aportado muchas cosas y, probablemente, yo también les he aportado alguna. Desde Carlos Saura, con el que hice La caza en 1965, al último con el que he trabajado, Julio Medem, todos me han enseñado cosas y he intentado mostrarles lo mejor de mí.

P. -Cuénteme algo de El árbol de la sangre.

R. -El árbol de la sangre es una película muy peculiar e intensa, como todas las de Julio Medem. Cuenta la historia de una familia andaluza y otra vasca a través del árbol de la sangre y cómo se van mezclando. Es una película misteriosa. Hay que verla dos veces o tres. Julio es una grandísima persona. Nos llevamos bien en el rodaje y tuve la oportunidad de saludar de nuevo a José María Pou y a Ángela Molina, y de trabajar con jóvenes promesas.

P. -¿Le interesa el cine español que se está haciendo?

R. -Me interesa en parte. Me interesa el cine español, pero creo que está dejando pasar muchas oportunidades de explicar y reflejar cómo es el país en el que vivimos ahora. Es verdad que se está haciendo, pero de forma evasiva. Eso, en la dictadura, podía estar bien, pero en democracia hay que ser más críticos. Faltan grandes guiones que reflejen esa realidad, aunque esos guiones no los produjera nadie.

P. -Quizá sea porque las televisiones producen mucho cine español.

R. -Puede ser. Los tiempos van muy rápido y se está creando una serie de problemas graves en todos nosotros. Vivimos en un cambio constante que desconcierta: en las productoras, con las televisiones de pago y ahora las plataformas de pago. El creador no tiene tiempo de asentar sus ideas, no tiene tiempo de adaptarse a esta velocidad, que es buena para el AVE y para volar pero mala para pensar.

P. -Trabajó en Estudio 1 e Historias para no dormir. ¿Echa de menos esa televisión?

R. - No, no la echo de menos. Es importante y básica la evolución que ha experimentado la televisión que en algún aspecto es buenísima y en otros no tan buena. He hecho televisión recientemente y me ha venido bien comprobar que habían cambiado las cosas.

P. - ¿En qué punto cree que está la cultura en este país?

R. -La cultura pasa por un momento bajísimo, por no decir que necesita rápidamente que le enchufen oxígeno. No está pasando por su mejor momento.