Detalle de 'Torre del castillo de Marchenilla, Alcalá de Guadaira' (1833), David Roberts. / Instituto Ceán Bermúdez

Los pintores de la España de Carmen

La Real Academia de Bellas Artes rescata y confronta las obras del escocés David Roberts y el gallego Genaro Villaamil, olvidados precursores del mito romántico español

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCI Madrid

El mito de la España romántica que Mérimée, Gautier, Manet, Delacroix, Monet o Bizet trasladaron a la literatura, el arte y la música se forjó en los trabajos de pintores como el escocés David Roberts (1796-1864) y su colega ferrolano Genaro Pérez Villaamil (1800- 1854). Son dos grandes artistas, célebres en su día y hoy casi olvidados, que alimentaron el mito de la España de Carmen y los bandoleros pintando sus monumentos y sus gentes a mediados del siglo XIX. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando rescata su memoria y confronta sus obra en 'La España romántica', muestra que reúne hasta el 16 de enero un centenar de obras de estos pioneros.

El paisajista escocés y su compadre gallego produjeron varios cientos de vistas de paisajes y monumentos españoles: castillos, catedrales, conventos y palacios a menudo animados con un toque de vida local. «Entre lo pintoresco y lo sublime, construyeron una imagen romántica de España en el siglo XIX que aún hoy tiñe la percepción que se tiene del país», dice la comisaria de la exposición, Claudia Hopkins, catedrática de la Universidad de Durham en el Reino Unido.

Los historiadores habían señalado ya la influencia de Roberts sobre Villaamil, pero nunca se habían confrontado sus trabajos. «La exposición abre nuevas perspectivas en el diálogo artístico entre ambos en el contexto de descubrimiento cultural de España, el norte de África y Oriente Próximo por los viajeros-artista», dice la comisaría.

Unos viajeros ilustrados que llegaban atraídos por la avalancha de textos e imágenes que describían a España como un enclave exótico, con paisajes y habitantes más propios de Oriente, y un modo de vida casi medieval. Así creció el mito de la España romántica, mágica, y aventurera; la del temible bandolero, la sensual y misteriosa gitana, el torero o la manola como herederos de Don Quijote y Sancho.

Roberts y Villaamil «desempeñaron un papel crucial en ese proceso que tras la Guerra de Independencia alimentó la literatura romántica, otorgando a España un lugar en el imaginario popular de Occidente», apunta Hopkins . La proliferación de diarios ilustrados, libros de viajes con vistas de monumentos y paisajes «dotaron al país de una identidad visual y lo convirtieron en un atratcivo destino turístico», agrega.

Roberts, escocés presbiteriano, presentaba España como un país exótico y atemporal. Villaamil compartía la fascinación del escocés por la Alhambra de Granada, la Mezquita de Córdoba y la Giralda del Sevilla, pero también volvió su atención al centro y al norte de la península, «proyectando una imagen patriótica del país como una nación cristiana católica y en última instancia moderna», apunta Hopkins. «Ambos tenían una imagen muy positiva del legado andalusí que integraron a la historia de la arquitectura española», agrega

Los dos pintores participaron en proyectos editoriales muy ambiciosos presentes en la exposición a través de una selección de litografías y grabados de estas publicaciones «que demuestran hasta qué punto contribuyeron a popularizar sus visiones artísticas de España».

La muestra reúne más de un centenar de cuadros, dibujos estampas y objetos. Parte del primer encuentro de Roberts y Villaamil en Sevilla, en el verano de 1833, que cambió el modo del gallego de acercarse a la pintura del paisaje, y se cierra con la reacción de cada uno de ellos ante la realidad cambiante de sus respectivos países casi 20 años más tarde. «Evidencia las semejanzas entre ambos artistas en cuanto a estilos temas y técnicas, pero también las diferencias cruciales en sus imaginativas respuestas a la vida cotidiana, la religión, el paisaje, la historia o la arquitectura de España».

Destacan en la selección de Hopkins obras capitales de colecciones públicas y privadas españolas y británicas. Muchas de ellas no se habían visto antes en España, como las magníficas vistas de la Catedral de Sevilla pintadas durante la estancia de Roberts en la capital andaluza en 1833 que presta la abadía inglesa de Downside. Hay piezas cedidas por la National Gallery of Scotland, el Victorian and Albert Museum y La Tate Britain de Londres, el Museo del Prado o Patrimonio Nacional.