Una de las ilustraciones de 'Humor se escribe con lápiz', de Miguel Bustos. / R. C.

Los peores chistes del mundo

Se publican las viñetas que Miguel Bustos realiza desde hace una década, en las que usa el doble sentido de las palabras para sorprender y hacer reír

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPE Madrid

Se presenta como «un libro de chistes malos» y, sin embargo, basta abrirlo para que la risa despierte con los juegos de palabras y los mensajes directos. En 'Humor se escribe con lápiz', editado por Pepitas de Calabaza, se abordan temas que van desde «geografía» y «literatura» (con un apartado especial al siglo de oro) hasta series de televisión, superhéroes o «política», que destilan estrellas del pop y del jazz, personajes históricos y actuales o marcas comerciales.

Su autor se esconde tras un pseudónimo, Miguel Bustos, y se deja fotografiar con una máscara de 'caganer' por «vergüenza» y «privacidad», dice quien desde hace una década publica «con cierta regularidad» estas viñetas en redes sociales. Tiene el incentivo del desdoblamiento: se aleja de su perfil profesional, dedicado a la «ilustración comercial, con más colorinchis y un poco más elaborado», explica.

Los dibujos aparentan sencillez al combinar sólo el bitono con el naranja, y en esta edición se recopilan los dibujos «más graciosos» y algunos inéditos. «Son los que a mí me hacen reír más, desde luego. Chistes malos, cortos y otro tras otro. O encadenas carcajadas o tiras el libro por la ventana…».

En una época en que guionistas y monologuistas denuncian que la corrección política imperante les obliga a autocensurarse, o son censurados directamente, Bustos sólo tiene una fórmula. «Procuro que los chistes que dibujo me hagan gracia a mí mismo», explica. «Si veo que no, yo mismo los descarto. No pienso en qué opinará la otra gente sobre el chiste. Cada uno tiene sus límites del humor y yo dibujo según los míos».

Un chiste nace «al oír cosas. En conversaciones con la gente, escuchando radio o leyendo surgen las ideas», reflexiona Bustos. Entonces, en el momento de la epifanía, «saco el móvil del bolsillo y lo apunto rápido». «No es disciplina, es la costumbre de estar siempre al acecho», dice quien, por afición, intenta ahora «encadenar cuatro acordes de guitarra, los únicos que me sé».

Esta «serie de tiras cómicas», como las define el autor, contienen una retórica humorística en la que la ilustración y la palabra están absolutamente imbricadas, y no funciona una sin otra. «La gran mayoría de las viñetas son juegos de palabras, se basan en el doble significado o en una pequeña alteración de la palabra que lleva a otro significado. Lo que toda la vida se ha dicho un chiste malo. Y cuanto más malo, mejor», se ratifica Bustos sobre este proyecto que se publica en una colección donde también está, por ejemplo, Mingote. ¿Y qué es lo mejor de un chiste? «Que te sorprenda». En este humor escrito con lápiz, desde luego, la sorpresa está garantizada.