«Yo me muevo en la paradoja»

11/11/2017

Inclasificable es la etiqueta que mejor se ajusta al universo de El Niño de Elche, de nombre real Francisco Contreras, que aterriza con una de sus múltiples caras este sábado, a partir de las 21.00 horas, en el escenario número dos del Womad de Las Palmas de Gran Canaria.

Ecos de cantaor flamenco que fue, electrónica, metal, rock, performance, danza, cine... todo esto y mucho más cuenta con un espacio dentro de un artista sin pelos en la lengua, como exhibe en su reciente tema Que os follen.

«Yo me muevo en la paradoja. Es lo más flamenco que hago», apunta entre risas por teléfono desde Sevilla, donde ultima la Antología del cante flamenco hetedoxo, que tiene previsto publicar en marzo del 2018.

En el escenario del Parque de Santa Catalina se estrena en la capital grancanaria y lo hace de la mano de su álbum Voces del extremo, junto a Juanqui Acosta y Darío del Moral. «Es uno de los últimos conciertos que daré dentro de la gira de este disco. Es el que más alegrías me ha dado hasta el momento», apunta.

Ha compaginado esta gira con la de Para quienes aún viven, con la banda Exquirla que integra junto al grupo Toundra. «Terminamos este mes la gira. No sabemos si habrá o no un segundo disco. La gira ha sido muy divertida. Estoy muy contento sobre cómo ha ido este proyecto musical, porque me ha permitido estar con un público distinto, seguidor del metal», señala.

Esta aventura musical se ajusta como un guante a una concepción creativa que tiene un objetivo enriquecedor grabado a fuego en su ideario: «Siempre descubres cosas y todo proyecto nuevo tiene algo de liberación».

La libertad con la que se mueve, de forma inevitable, incomoda a más de uno, debido sobre todo al contenido político de alguna de sus composiciones. El Niño de Elche le resta importancia. Incluso, se ríe cuando se le cuestiona sobre esta realidad. «Las letras no me han generado grandes problemas. Mis comentarios en las redes sociales me han creado más problemas. Sorprendentemente, mi último álbum ha sido muy bien acogido por las instituciones, quizás porque nace de una conciencia crítica. He llegado gracias a éste a un público entendido y más mayoritario», comenta. Al fin y al cabo, no se trata sino de una situación paradójica, donde Contreras reconoce de nuevo que se mueve como un pez en el agua.

El Niño de Elche apunta que «la posición más política consiste en no ser etiquetado».

«Uno de los ejercicios creativos más habituales, por parte de los periodistas consiste en poner etiquetas. Yo me aparto de las etiquetas, lo que es una buena señal y me dice que estoy en un buen lugar», añade.

Este objetivo lo alcanza incluso cuando escribe, como puso de manifiesto con el volumen de tintes autobiográfico titulado No comparto los postres (2016, Bandaparte).

«No sentí pudor a la hora de escribirlo y publicarlo. Lo escribí desde el vómito. Todo proyecto tiene un punto de liberación y en ese caso, más, ya que puse muchas cosas de mi infancia», apunta Francisco Contreras sobre un libro marcado por su compleja relación con su padre.

El Niño de Elche se hizo con un espacio dentro del panorama musical nacional como un cantaor flamenco muy particular. Hoy, el músico que reside en Sevilla se define como un «exflamenco».

«Soy como una de esas personas que pasó por un territorio en el que fue alguien y al que ese lugar ha dejado un poso. Esa cosa se ha quedado ahí, dentro. Soy como una expareja o un exfontanero», apunta entre risas.

Reconoce que del flamenco se alejó por voluntad propia. «Busqué nuevos espacios y mi inquietud me llevó a exponer lo que me gusta. Lo que quería contar no tenía espacio en las programaciones flamencas. De todas formas, tengo que decir que los del flamenco tampoco me conocían mucho. Voy a muy pocos sitios flamenco. No hay conflicto, dentro del flamenco existe una ignorancia total hacia lo que hago», señala sin ambages.

Su Antología del cante flamenco heterodoxo, que verá la luz el próximo año, reconoce que ha sido «un reto mayúsculo». «Es muy extensa. Incluye 27 temas. He apostado por enfrentarme a este reto entendiéndolo como un archivo, que soy consciente de que requiere años para que se entienda», desvela.

«He buscado superar prejuicios», añade sobre este proyecto discográfico. «Es algo que llevaba muchos años dentro de mí. Te cuestionas todo lo que haces. Este disco ha sido una inmersión dura, con 27 temas cantados desde 27 voces o cantes diferentes e iguales a la vez. He apostado por romper fronteras, pero no hacia lo externo, sino hacia lo interno. Hay gente que viaja mucho por el mundo, pero sigue sin conocer muchos barrios de su propia ciudad. Yo no tenía trabajadas las referencias, las formas de traducirlas o romperlas, y he apostado por ser arqueológico con las mismas. Cuando eres fiel a una pieza de 1890 descubres muchas más cosas que cuando intentas ser creativo», asegura.