Concierto

Rocío Márquez: «Cuanto más sabes de flamenco, más te das cuenta de que no sabes nada»

Las Palmas de Gran Canaria

¿Cómo será el concierto de este sábado?

— El concierto es la presentación del último disco, Visto en El jueves. Voy con formación de guitarra, percusión y voz, un formato bastante íntimo y minimalista. El proyecto es una recopilación de cantes y canciones que he encontrado en los vinilos y cassettes de El jueves, un mercadillo que se monta en la calle Feria de Sevilla. No queríamos reinterpretarlas desde un punto de vista historicista, sino pasarlas por nuestro filtro y devolverlas a las memorias colectivas.

Ha reciclado canciones de Bambino, Rocío Jurado, Paco Ibáñez, Concha Piquer, Turronero, Pepe Marchena, José Menese... ¿Por qué las ha elegido?

— El filtro ha sido muy básico. Han sido las que me han emocionado como oyente y he querido llevarlas a mi terreno. Estas canciones me llegaron por otras vías. Se nos rompió el amor siempre me llegó por el filtro flamenco de dos hermanas, Bernarda y Fernanda de Utrera, y así con todos. Trago amargo, un tango argentino, me llega por Manuel Vallejo; Luz de luna me llega por El Cabrero, no por Chavela. Las canciones son como las cosas del mercadillo: de segunda, tercera o quinta mano. Una canción te puede llegar por una sexta versión.

Trabaja con el productor Refree que, sin embargo, es muy electrónico, ¿qué les une?

— En este disco no hemos trabajado juntos. Sí en los dos anteriores y seguimos trabajando en todo este tiempo. Pude grabar con él Cuando salga el sol, de la peli Entre dos aguas de Isaki Lacuesta. Aunque continuamos trabajando, en este disco me he aventurado hacer yo misma la producción. Conectamos a través de la libertad. Es algo que buscaba y, cada vez que Raúl me produce y le pido que me aconseje, encuentro esa libertad; esa falta de prejuicios que a veces, en la música de raíz lo tenemos instalado y es difícil salir de ahí, y lo que me propone me ayuda a permitírmelo

¿Queda mucho flamenco por rescatar? ¿Dónde hay que buscar?

— Realmente es tan amplio el mundo del flamenco que podrías pasarte toda la vida investigando y te quedarían cosas por estudiar. Lo maravilloso es que está en lo popular. Se puede estudiar en los conservatorios, en la universidad y en ciertas escuelas y se da de manera menos organizada entre familiares, entre amigos, en ambientes de celebraciones y ahí te puedes encontrar verdaderas joyas y la motivación para un nuevo trabajo en esa línea. Siempre van a quedar cosas y eso es lo que hace que sea tan interesante. Cuanto más sabes, más te das cuenta de que no sabes nada. Soy de la opinión de intentar rebuscar desde cuantos más sitios diversos mejor. No hay un único camino. Hay un peso de la tradición y los mayores, y también de la necesidad de ponerlos en contacto con el hoy. Eso obliga a dialogar con otros músicos.

¿Cómo llegó al flamenco?

— En mi casa cantan muy bien. Mi abuelo cantaba genial. Mi prima también. En las fiestas familiares siempre se montaba un sarao y desde esa cercanía siempre recuerdo el flamenco como parte de mí. Mi madre me tiene grabada en un vídeo VHS en un cumpleaños en el que salgo cantando un fandango antes de los tres años. Es difícil saber cuándo empecé. Siempre lo he tenido presente. Con 8 o 9 años entré en la Peña Flamenca de Huelva. Allí fui a poner nombre a los cantes. No sabía que era de Almonaster o de Valverde. Pude ordenar y poner nombre a cosas que ya conocía, completarlas y conocer más. Luego entré en la Fundación Flamenco Cristina Heeren y luego hice mi tesis doctoral sobre el flamenco.

— ¿Ganar la lámpara minera en 2008 qué le supuso?

— Fue un punto de inflexión; una antes y después. Es uno de los mayores reconocimientos del flamenco y se te abren muchas puertas para estar en muchos escenarios, con músicos excepcionales de los que puedes seguir aprendiendo. Es una escuela maravillosa me siento agradecida. Pero es un arma de doble filo porque a partir de ese momento sientes más presión.

¿Le alegra el fenómeno mediático e internacional de Rosalía y su particular visión del flamenco?

— Me parece interesantísimo lo que está pasando. Es muy buena artista y es una buena noticia que el flamenco llegue a gente joven. Soy de las que opinan que todo cabe. Que es maravilloso que exista esa línea y que conviva con líneas más tradicionales y ortodoxas. Si hay que ser crítica lo sería, no con ella, sino con el sistema en el que vivimos. En el momento en el que algo produce dinero, todo lo demás se descuida un poco. Quizá parece interesante que otras líneas más tradicionales y ortodoxas sean cuidadas. La contracultura siempre se convierte en cultura y con el flamenco pasa esto. Hay que apreciar lo bueno que aporta y poner atención para que las otras maneras estén presentes y sigan dando variedad de colores.

¿Sigue siendo el flamenco un ámbito machista?

— El flamenco es tan machista como la sociedad en la que vivimos. Entonces, a partir de ahí, creo que todas las mujeres tenemos el trabajo y la responsabilidad de intentar que la balanza se equilibre lo antes posible. En otros tiempos han estado más señaladas estas diferencias, pero no hay que olvidarlas. Los micromachismos existen. Están presentes y es interesante que tengamos conciencia de esto para poder arreglarlo.

¿Se ha obviado a las mujeres en este ámbito?

— Lo mas llamativo es el caso de las guitarristas. Hay muchísimas menos que los hombres, ha sido un apartado que prácticamente ha estado reservado para ellos. Empiezan a surgir con fuerza nombres femeninos. A nivel cuantitativo es bestial. Si nos fijamos en cualquier concurso, como el de La Unión, te pones a ver nombres de mujeres y de hombres, la diferencia es brutal. Está claro que todavía queda mucho por andar. El flamenco está muy vinculado al trasnocheo y está mal visto, sobre todo más en la mujer que en el hombre. En Huelva fundaron una peña flamenca femenina en 1983 porque no las dejaban entrar en la otra peña. No podían ir a escuchar el cante, así que hicieron su peña. No hace tantos años de eso.