Entrevista

Raphael: «Soy totalmente feminista y creo que la igualdad llegará»

30/09/2018

Este artista incombustible publicó sus primeros discos en los años 60 y desde entonces apenas ha bajado de los escenarios, ni piensa hacerlo. Ahora vuelve a la isla para presentar su último álbum, Infinitos bailes, compuesto por lo más granado de la escena indie española, y repasar sus éxitos de siempre. Este maratón interpretativo será el 12 de octubre en el Gran Canaria Arena.

— ¿Cómo está?

— Muy bien. Después del concierto de anteayer en Madrid (22 de septiembre), emocionado todavía.

Su última gira fue sinfónica, ahora vuelve a la isla para ofrecer su versión más rockera e indie. Parece que, después de 50 años en los escenarios, le siguen gustando los retos.

— Siempre, si no me aburro. Cada espectáculo es un reto personal porque me gusta estar siempre donde tengo que estar y mis facultades me lo permiten.

Su disco Infinitos bailes tiene temas compuestos Izal, Iván Ferreiro, Dani Martín, Vanesa Martín, Vega... ¿ya ha hecho suyas esas canciones?

— Totalmente. Yo, en seguida, las traduzco a mi estilo. Es oírla y salir por mi boca traducida, al momento. Tengo que ponerle sello Raphael en seguida y no me cuesta ningún trabajo. Siempre ha sido así.

La gira se llama Loco por cantar, como un título de una de las canciones del álbum, y supongo que le viene al pelo porque usted podría vivir cómodamente sin este trajín. ¿Qué le aportan los escenarios?

— Me gusta el escenario por encima de todas las cosas. Disfruto con mi trabajo y no estoy dispuesto renunciar a él por nada, y menos en las condiciones que estoy. Hay Raphael para rato, mucho rato.

Pablo Carbonell dice que Raphael es el cantante más punk de España, ¿en qué se siente rompedor? ¿Se ha topado con algún tipo de rechazo?

—No, muy al revés. Nunca he sentido rechazo. Nunca hablo del pasado, no soy nostálgico, pero tengo que echar la vista atrás. Desde que empecé mi carrera, a los 14 años, jamás he sentido un desaire del público. Esto te avanzar hacia adelante.

— ¿En qué ha ido usted rompedor?

— Rompo los esquemas desde que salgo al escenario. Siempre he sido muy yo. No he emulado a ningún artista. Los miro, solo para admirarles pero no para copiarles. Tengo muchos defectos, menos que copio.

Entonces, si no plagia ni hace trampas, no puede ser político.

— (Risas) En esos terrenos no me meto. Los medios son muy aburridos, cuando agarráis algo, os repetís más que las sopas de ajo.

— Sus conciertos son épicos, con más de 30 canciones en un carrusel interpretativo y de emociones. Dicen que los músicos de su banda son muy jóvenes. ¿Los agota?

— Cada x años hay que cambiarlos. No los cambio, ellos se van. Las familias se quejan. Son chicos jóvenes recién casados y durante su estancia conmigo tienen hijos. Están conmigo unos 12 o 14 años pero sus familias los reclaman. Lo entiendo. Cambio poco de músicos. Mis músicos son maravillosos. Los que tengo y los que he tenido a lo largo de mi vida. Waldo de los Ríos, Juan Esteban Cuacci, Manuel Alejandro... He tenido directores impresionantes.

En sus conciertos canta versiones de clásicos como Violeta Parra o Gardel. ¿Hay alguna canción que haya escuchado recientemente de la que se quiera apropiar?

— Siempre ando buscando. Siempre encuentro algo interesante. A veces no para cantarla yo, sino para escucharla y disfrutarla. Me encanta el folclore latinoamericano, sobre todo los tangos. Grabé hace cuatro años un disco de tangos, es el mejor que he hecho. Hasta me lo pongo yo. Creo que ha habido compositores maravillosos que merecen ser recordados.

Después de convertirse en el gran jefe indie, ¿por dónde seguirá su carrera?

— Dios dirá. Sé lo que voy a estrenar el 17 de diciembre en Teatro Real de Madrid, pero eso es algo que pertenece al secreto profesional. Será un cambio el tercio. Lo hago cada año y medio o dos años. Es un buen motivo para que la gente no se aburra.

Me deja usted muy intrigada.

— Te he dado una pista muy grande. Es en el Real, no voy a cantar flamenco.

— Pero, después de tantos cambios de tercio, ¿cree realmente que usted puede llegar a aburrir?

— Pero puedo llegar a cansar en ciertas cosas, en ciertas canciones. Cambiando me siento bien. A veces quito determinadas canciones de un espectáculo y, normalmente, a los siete u ocho meses las extraño y las vuelvo a poner, las meto.

— Con su experiencia musical, ¿por qué no se ha atrevido a componer?

— No sé. Sé sentarme al lado del compositor e indicarle. De eso sabe mucho Manuel Alejandro y cualquiera que haya compuesto para mí. Soy lo bastante modesto para entender que el Raphael compositor no tendría la altura del Raphael artista. Yo les indico, les cuento las cosas de las que quiero hablar, de esto y de lo otro. Me gusta dirigir una composición pero no componerla.

— Tiene una canción, El mundo será de ellas, donde se habla de la condición femenina y de lo que aguantan las mujeres. ¿Se considera feminista?

— Yo, totalmente. Pero es que la mujer tiene los mismos derechos y llegará el día en que todo estará arreglado y reconocido. Y no solo reconocido, sino pagado.

— Durante su larga carrera, ¿siempre ha gozado de libertad artística?

— Siempre he sido libre, totalmente.

¿Y se siente igual de libre para opinar en un país tan maniqueísta? ¿Se tiene que morder mucho la lengua?

— No, lo que pasa es que de lo que no me interesa ni opino. Paso mucho del tema, entre otras cosas, porque no voy a solucionar nada, lamentablemente.

¿Nota la conmoción que provoca en los espectadores que acuden por primera vez a uno de sus conciertos? Dicen que, hace unos días, en Salamanca, la gente salía de la plaza Mayor llorando después de oírlo.

— Fue precioso. ¿Eso es o no es bonito? Percibo la emoción desde el escenario. Esas cosas me llegan siempre, aunque no las vea. A veces, yo también lo estoy sintiendo. Están en el aire, como cuando estoy súper emocionado. Se nota mucho. Cuando el público sale tranquilito por la puerta hablando de sus cosas, es que no ha pasado nada en el escenario.

— ¿Qué es más difícil de conseguir: el impacto inicial o satisfacer a los que ya lo han visto?

— Lo segundo. El golpetazo, digamos, casi puede ser una casualidad al alcance de mucha gente. Hacerlo perdurar es muy complicado.

Y su éxito perdura desde sus primeros discos de los años 60.

— Es increíble. Me hace estar bien siempre.

¿Cuál es el secreto?

— Si consigues traspasar esos metros de batería que hay entre el público y tú, te metes dentro de ellos, en sus vidas. Y se van y te recuerdan, y ponen una foto tuya en el comedor. Eso es una cosa muy hermosa. Y, además, se van incorporando nuevas generaciones al público. El 22 de septiembre, en Madrid, había al menos cinco generaciones escuchándome: desde niños de siete años hasta gente muy mayor, de todo.

¿Cómo será el concierto que dé en Gran Canaria?

— Igual que el de Madrid, igual que lo que he hecho en toda España con Loco por cantar.

¿Queda mucha gira por delante?

— Tengo conciertos en Europa. Está firmado París (Theatre Olympia), Londres (Royal Albert Hall), San Petersburgo y Moscú.

Tiene querencia por Rusia, incluso atravesó el telón de acero para cantar en la URSS.

— Hace siglos ya de eso. Me gusta mucho Rusia. El público ruso es romántico y temperamental. Es muy español. En serio, muy andaluz.

De su vida privada se sabe poco, ¿se han dicho muchas burradas?

— Que invente la gente, con no escuchar, a mí, me vale. Mi familia es maravillosa. Nos llevamos muy bien, pero lo que pasa en esta casa se queda en esta casa.

¿Le fue difícil lograrlo?

— No me ha sido difícil gracias a la comprensión de los medio. Yo salía en portada todos los días: cuando me casé, cuando tuve a mi hijo.. Y mi hijo, con cuatro años, me dijo: no me saques más, y desde ahí la historia cambió. Los medios lo han respetado siempre. El mérito es de los medios.

Me piden que le pregunte qué champú usa.

— (Risas) No lo voy a decir, pero es muy corriente.