Massimo Cavalletti/ Entrevista

«Los montajes modernos pueden ser problemáticos para los jóvenes»

23/04/2018

El barítono de Lucca, de 39 años, da vida a Fígaro, en ‘El barbero de Sevilla’ que se representa los días 24, 26 y 28, dentro de la 51ª temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria Alfredo Kraus.

P. Durante la presentación a los medios de comunicación de El barbero de Sevilla usted destacó el hecho de que se trata de una apuesta clásica. ¿Se siente más cómodo en montajes con este corte que dentro de las versiones modernas y transgresoras?

R. Creo que es importantísimo que haya representaciones clásicas. Considero fundamental que se respete el texto original de El barbero de Sevilla. Tanto si es una versión moderna como clásica. Los personajes no tienen por qué cambiar. El barbero siempre tiene que estar vivo, en cualquier tiempo en el que se sitúe la representación. El público, cuando ve un montaje con una ambientación clásica, lo tiene más fácil. El caso particular del montaje de la Fundación Teatro Giuseppe Verdi de Trieste, que se verá en esta temporada, es muy teatral. Todo el espectáculo se desarrolla al principio del escenario, junto a la orquesta. Está enfocado sobre los personajes. La escenografía es una pintura. Este montaje facilita mucho la comprensión del público, sobre todo, como sucede en este caso, cuando los espectadores no hablan italiano. Si mi personaje, Fígaro, habla de escribir, escribe. Si canto que voy a salir, salgo... Además, el vestuario es el clásico de un barbero de la época. Lo mismo sucede con el conde de Almaviva, con don Basilio, con el doctor Bartolo y con Rosina.

P. ¿Cree que las versiones modernas y más vanguardistas están alejando al público de la ópera?

R. Considero que los montajes modernos son un problema para las nuevas generaciones de espectadores. No entienden la esencia de los montajes. Creo que es muy importante y bello que puedan ver versiones modernas y clásicas. Sucede en todas las disciplinas. En el cine, por ejemplo, puedes ver la misma historia eb una versión antigua y una moderna. Está el Frankenstein antiguo, en blanco y negro, y están las versiones contemporáneas. Lo mismo sucede con Robin Hood. Está el clásico y los actuales, con todos los efectos especiales que lo hacen muy espectacular. Si conoces la historia original, lo puedes ver en cualquier versión. En el caso de óperas como El barbero de Sevilla, creo que los montajes tienen que ser fieles al pensamiento de los protagonistas. Muchos directores contemporáneos ponen en pie espectáculos muy modernos con la inteligencia de los espectáculos antiguos. A veces, hay propuestas que no son óperas ni montajes líricos. Se trata de otras cosas, son shows, espectáculos propios de Broadway. La ópera tiene que tener un contacto con el pasado. El público entiende la propuesta si reconoce los personajes clásicos, que tienen un estado de ánimo concreto. Deben tener el mismo espíritu, su vida, sea cual sea la propuesta. No es un problema que la acción de La bohéme, por ejemplo, se desarrolle en la Luna. Pero Rodolfo, Mimí, Marcelo... tienen que ser los mismos si el espectáculo se desarrolla en la tierra o en su satélite. La emoción, en todo el mundo, es la misma, porque la aportan los personajes.

P. Desde un punto de vista vocal, el rol de Fígaro, en El barbero de Sevilla, resulta complicado?

R. Todo el espectáculo se desarrolla, como le dije, en la parte delantera del palco escénico y por tanto resulta sencillo cantarlo. En la Commedia dell’Arte se recita en esa parte del escenario y aquí se permite al cantante unir su voz a una acción propia del teatro del siglo XVIII. En la famosa escena del aria más popular de Fígaro, yo estoy solo en el escenario. Canto al público, como si éste estuviese conmigo sobre el escenario y yo hablase a la gente que está en una plaza. Para preparar el personaje, estuve en Sevilla y vi el lugar donde podría estar este barbero. Es un barrio muy pequeño, donde el barbero era un personaje muy importante. Todas las personas iban al barbero, no solo para afeitarse y cortarse el pelo, sino para hablar con él. Es como un médico que acude a las casas y entra en las estancias más privadas. Con esa confianza es con la que lo canto.